11-S. El precio del silencio


El exagente de la CIA Philip Marshall, uno de los más incisivos estudiosos de la oscura trama que se oculta tras los atentados del 11-S, fue hallado muerto en su domicilio, junto a los cadáveres de sus dos hijos, en circunstancias nada claras. El antiguo espía –que culpaba a los servicios de inteligencia de EE UU y Arabia Saudí de ser responsables últimos del crimen– se estaba acercando peligrosamente a la verdad e incluso había mantenido varias reuniones con políticos estadounidenses.

Sin duda, Philip Marshall manejaba una ingente cantidad de información confidencial, comprometedora para el gobierno estadounidense. No en vano, había sido piloto de combate y agente tanto de la CIA como de la Agencia de Seguridad Nacional. Hacia tiempo que había abandonado su trabajo de espía y residía en una urbanización del Condado de Calaveras, en California. Su nombre ocupó un lugar destacado en numerosos medios de comunicación, pues el 2 de febrero de 2013 falleció en circunstancias muy extrañas.
Enseguida, las autoridades dieron a conocer una versión de los hechos que pretendía acallar toda clase de rumores. En suma, Philip Marshall se habría suicidado de un tiro en la cabeza como consecuencia de un acceso de locura, después de asesinar a sus dos hijos: Macaila, de catorce años, y Alex, de diecisiete. Los policías también encontraron en uno de los dormitorios de la vivienda al perro de la familia sin vida. Tan luctuoso suceso no hubiese generado tanto interés en los periodistas, si no fuera porque Marshall se había convertido en los últimos años en uno de los investigadores más incisivos sobre los atentados del 11S, denunciando que los verdaderos responsables de los mismos habían sido los servicios secretos de EE UU y Arabia Saudí. El objetivo consistiría en «fabricar» un casus belli para conquistar varios países de Oriente Medio y, por ende, sus valiosas reservas de petróleo.
ESCANDALOSAS REVELACIONES El exagente ahora fallecido había escrito varios libros de amplia repercusión, en los que arrojaba luz sobre las causas ocultas tras los atentados, además de presentar, desde su punto de vista, a los responsables políticos de los mismos. Los títulos de sus obras no dejan lugar a dudas: Falsa Bandera 9/11: cómo Bush, Cheney y los saudíes crearon el mundo después del 11-S o El 11-S y la guerra del terror. En los mismos, Marshall acusaba directamente a la Administración Bush de planificar –junto a la inteligencia saudí– los ataques del 11 de septiembre de 2001, para justificar posteriores intervenciones armadas del Ejército estadounidense en el Golfo Pérsico.
Marshall se caracterizaba por la rotundidad de sus palabras. Para muestra un botón. En 2012 concedió una entrevista en la que dijo perlas como la que sigue: «Piense en ello. La versión oficial apunta a un ‘fantasma’ (refiriéndose a Osama Bin Laden) oculto en una cueva al otro lado del mundo y derrotando a todo nuestro aparato militar dentro del territorio de EE UU (…). Es ridículo. La verdadera causa del éxito de los atentados del 11-S, reside en la pasividad eventual de nuestro sistema de defensa y en una operación coordinada en la que se entrenó a secuestradores para pilotar grandes aviones comerciales. Dispongo de docenas de informes del FBI que prueban este entrenamiento, efectuado en California dieciocho meses antes del ataque.

Una respuesta to “11-S. El precio del silencio”

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