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El Zohar

 

El libro del esplendor

Selección y edición de Gershom Scholem

Traducción de Pura López Colomé

Berbera Editores
1ª. Edición
México
ISBN: 968-5566-12-7

Biblioteca Upasika  

  PRÓLOGO
Marco histórico del Zohar

El libro del Zohar, la obra literaria más importante de la Cábala, se nos presenta, en buena medida,

 

de forma inaccesible y misteriosa tal como corresponde a una obra de sabiduría oculta. Ya sea debido a

 

ello o bien a pesar de ello, entre las grandes producciones literarias medievales -sin importar si nos

 

parecen o no más claras y más accesibles que el Zohar- no existe una sola que haya tenido una

 

influencia o un éxito similar. Ninguna otra obra literaria judía ha gozado del privilegio de haber

 

determinado, a lo largo de un periodo de tiempo considerable, la formación y el desarrollo de las

 

convicciones religiosas de los más amplios círculos dentro del Judaísmo, en particular, de los más

 

sensibles respecto de la religión y, lo que es más, de haber logrado solidificarse como fuente de

 

doctrina y revelación de igual rango canónico. que la Biblia: y el Talmud entre 1500 y 1800. Este

 

radiante poder no emanó, ciertamente, del principio del “Libro de lo Radiante” o “del Esplendor”, como

 

suele llamársele en inglés. La “Guía para el perplejo” de Maimónides, casi a todas luces la antítesis del

 

Zohar, ejerció una influencia directa y decidida en su época; a partir del momento de su publicación,

 

comenzó a afectar las mentes llevándolas hacia el entusiasmo o hacia la consternación. Sin embargo,

 

después de dos siglos de profunda influencia, comenzó a perder más y más fuerza hasta que finalmente

 

se extinguió casi por completo de la conciencia de las grandes masas. Fue a finales del siglo XVIII

 

cuando la Iluminación Judía nuevamente le otorgó relevancia en un intento por hacer de la obra una

 

potencia activa dentro del ámbito de su propia lucha.

 

El Zohar, en cambio, tuvo que abrirse paso partiendo de un anonimato y encubrimiento total y

 

prácticamente impenetrable. Durante cientos de años casi no despertó interés alguno. Cuando apareció

 

en escena, expresó (y de ahí su atractivo) el sentimiento de un grupo muy pequeño de hombres que, en

 

claustros bastante poco organizados, buscaban una nueva comprensión mística del mundo del Judaísmo

 

y que no tenían la menor idea de que este libro en particular -entre los muchos que pretendían expresar

 

una nueva visión del mundo por medio de símbolos y alegorías- estaba destinado a ocupar un sitio tan

 

importante. No obstante, aquella débil so¡nbra de escándalo que había surgido a raíz de su publicación

 

y aparición inicial en el mundo literario, el enigma del origen ilegítimo de una falsificación literaria

 

muy pronto desapareció y cayó en el olvido. Lenta pero seguramente, la influencia del Zohar fue

 

ampliando sus márgenes; y cuando los grupos entre los que había sido predominante dieron pruebas de

 

ser los engendradores de una nueva actitud religiosa en los vendavales de la historia judía al demostrar

 

su autoridad, entonces el Zohar, en un renacimiento tardío pero tremendamente intenso de la vida

 

nacional, vino a llevar a cabo la gran tarea histórica implícita en un texto sagrado complementario de la

 

Biblia y del Talmud, mostrando un nuevo nivel de conciencia religiosa. Su carácter inspirador ha sido

 

enfatizado por numerosos grupos judíos en Europa oriental y en el Oriente hasta nuestros días; ellos

 

han insistido en que el efecto de una obra así sobre el alma no depende, en última instancia, de su

 

comprensión, lo cual no es otra cosa que la prueba que desde la antigüedad

 

se ha aplicado para el

 

reconocimiento de cualquier texto sagrado.

 

Fue ante el colapso de las creencias en cuyo ámbito la Cábala había conseguido representar una

 

fuerza histórica, que el esplendor del Zohar se desvaneció; y, más tarde, al revalorarse la Iluminación,

 

se convirtió en “el libro de la falsedad” que supuestamente era responsable de haber oscurecido la

 

nítida luz del Judaísmo. La polémica de tendencias reformistas, en este caso, también se apresuró a

 

constituir un instrumento de crítica histórica que en rigor, después de unos comienzos prometedores,

 

dio pruebas de debilidad e inseguridad en cuanto a la realización de su programa se refería, por más

 

adecuados que hayan sido sus métodos y verdaderas sus tesis.

 

Sin embargo, la crítica histórica sobrevivirá a la breve inmortalidad de aquel judaísmo “genuino”

 

cuya visión de la historia y escala de valores estimularon su nacimiento. Una vez libre de toda polémica

 

y preocupada por una interiorización más precisa y objetiva de su escncia, se evidenciará dentro del

 

nuevo contexto (y en buena medida antiguo) en el cual comenzamos a ver el mundo del judaísmo y su

 

historia.

 

Su carácter literario

En cuanto a su fisonomía literaria, el Zohar está muy lejos de haber sido concebido y producido

 

como una obra unitaria. Así pues, no se le puede considerar como un tipo de exposición sistemática de

 

la visión del mundo de la Cábala como tantas que han llegado hasta nosotros desde los orígenes de

 

dicho libro sagrado y aun desde épocas anteriores a él. Tal cual ha quedado impreso en nuestros días, es

 

más bien un conjunto de escritos y tratados considerablemente distintos unos de otros en lo referente a

 

su forma. La mayoría de las secciones parecen ser interpretaciones de pasajes bíblicos, pequeños

 

dichos, homilías más largas o bien series de homilías artísticamente glosadas en las que el Rabino

 

Simeon ben Yohai, maestro famoso del siglo II, así como sus amigos y alumnos interpretan las palabras

 

de las Escrituras de acuerdo con su significado oculto y, lo que es más, casi siempre en arameo. Otras

 

secciones, aunque son pocas, han sido preservadas en forma de recuentos anónimos de hechos en los

 

que no es posible reconocer panoramas y personas como los descritos con tanto cuidado en otras partes

 

del texto, con frecuencia de manera bastante dramática. Por lo general, la exposición es

 

enigmáticamente breve, pero las ideas se presentan con una amplitud homiliaca y una elaboración

 

arquitectónicamente efectiva. De hecho, muchas secciones aparecen como fragmentos de oráculos y

 

registros de revelaciones secretas, y están escritas en un estilo peculiarmente entusiasta, solemne y

 

“elevado”; tan es así que quien 10 lea con cierto desapego puede sentir que se ha ido más allá de los

 

límites del buen gusto cayendo en la afectación y la ampulosidad. Mientras que la exposición sólo

 

conlleva un tono apenas elevado y es más bien fértil y realista, lo que sí encontramos en varios pasajes

 

es una pasión por la asociación de ideas llevada al extremo y que, por ende, degenera en un escape de

 

la realidad conceptual. Exteriormente, también, muchas partes se apartan del resto y sus títulos

 

específicos las presentan como composiciones independientes, lo cual tiene su razón de ser.

 

La parte principal del Zohar, dispuesta en porciones pentateucas, pretende ser un antiguo Midrash, y

 

en muchos detalles imita la forma de antiguas obras midráshicas de los primeros siglos. Sin embargo,

 

en conjunto, ciertamente trasciende dicha forma y adopta una totalmente distinta: la del sermón

 

medieval. Composiciones de tal extensión, construidas con base en un plan definido como el que

 

encontramos en el Zohar, de 15, 20 o hasta 40 páginas, están bastante alejadas del antiguo Midrash. He

 

aquí un principio distinto de la composición. Lo mismo se puede aplicar a las partes llamadas Midrash

 

ha-Neelam (El Midrash secreto) y Sitre Torah (Secretos de la Torah) que proporcionan, en gran número

 

de apartados pentateucos -especialmente en el libro primero- piezas paralelas a las “partes principales”.

 

El Midrash secreto, sin duda, tiene mucho que decir respecto de Simeon ben Yohai y su círculo,

 

pero evita casi por completo los caminos del pensamiento genuinamente místico y teosófico; en vez de

 

éstos, en las secciones más importantes presenta alegorizaciones radicales de las historias patriarcales

 

como un indicador del destino del alma antes y después de la muerte. Dichas alegorías claramente

 

revelan su parentesco con las homilías filosóficas del siglo XIII. Por otro lado, los secretos de la Torah

 

-que fue principalmente construida sin la ayuda de la forma del Midrash o de alguna añadidura de

 

nombres- representan la transición de una alegoría filosófica-escatológica a una exégesis genuinamente

 

mística.

 

Por medio de un plan de excelente factura, el Idra Rabba (La Gran Asamblea) describe el “cuerpo”

 

místico de la deidad bajo el símbolo del “Hombre primitivo”. Simeon ben Yohai trata por segunda vez

 

el mismo tema en un monólogo antes de su muerte, acontecimiento vívidamente descrito en el Idra

 

Zutta (La Asamblea Menor). Los “Mishnayot” y “Toseftot” anónimos, concebidos como introducciones

 

a otras secciones más amplias, expanden los oráculos relacionados con el mundo y el alma. En el Raya

 

Mehemma (El pastor fiel), Moisés y el Rabino Simeón conversan acerca de los motivos ocultos de los

 

mandamientos. Los Tikkunirn dan, asimismo, una interpretación detallada de la primera parte dd

 

3

 

Pentateuco y así tenemos un total de más de 10 partes grandes y pequeñas que evidentemente son

 

entidades distintas. Por tanto, no resulta sorprendente que la cuestión de la unidad del Zohar haya

 

encontrado respuestas tan dudosas.

 

Origen y paternidad

A pesar de que no se puede abundar aquí respecto de los distintos puntos de vista críticos de ]a obra

 

que nos ocupa, el estado actual de las investigaciones zoháricas puede al menos resumirse. La opinión

 

más radical fue la expresada por Heinrich Graetz quien declaró que todas y cada una de las partes del

 

Zohar, -sin excepción, eran obra del cabalista español Moisés de León, muerto en 1305: este gran

 

historiador vació los cántaros de una ira por demás vehemente que lo había poseído. Pocas reputaciones

 

como la de Moisés de León han pasado por la escuela de Graetz y han llegado a la posteridad en tan

 

lamentable estado. Lejos de reconocer al genio que seguramente moldeó el Zohar -en caso de haber

 

sido éste obra de un solo hombre-, Graetz vio en él sólo una charlatanería decepcionante.

 

En contraste con este punto de vista, el Zohar ha sido considerado, especialmente entre los

 

miembros de la generación precedente, como una obra que se dio de manera fragmentaria o bien

 

anónima en el curso del tiempo, en la cual las más variadas fuerzas -a menudo contradictorias- del

 

movimiento cabalístico hallaron su expresión. En cualquier caso, a la luz de tal punto de vista, Moisés

 

de León fue considerado el redactor de escrituras antiguas y fragmentos a los que pudo haber añadido

 

algo de su cosecha. La teoría de que fuentes y documentos “primitivos” se han preservado en el Zohar,

 

es hoy día del dominio público. De acuerdo con lo anterior, entonces, aun en sus aparentes comienzos

 

el Zohar fue un depósito del espíritu popular creativo y, como la Biblia o el Talmud, una obra anónima

 

(sin duda, lo anterior ha otorgado a este punto de vista un gran atractivo, no obstante su falta de pruebas

 

contundentes). Incluso podría tomarse como indicador de la influencia perdurable de la escuela de

 

Ahad Haam el hecho de que la falta de pruebas de esta teoría -de la cual, dicho sea de paso, no existe ni

 

la menor sombra de alguna evidencia filológica crítica- no haya en modo alguno detenido su

 

propagación. Lo plausible sobrevive aun sin pruebas.

 

Todo intento por establecer, a través de la elaboración de criterios exactos, que ciertos niveles y

 

partes del Zohar pertenecen a épocas anteriores al siglo XIII, resulta ser nueva evidencia de lo

 

contrario. Este hecho ha sido entrañablemente experimentado por el escritor que aquí presentamos.

 

Después de dedicarle muchos años a un análisis de este tipo, se encontró con que el resultado

 

inequívoco correspondía tan poco a las expectativas con las que comenzó su trabajo, que se atrevió a

 

afirmar con toda seguridad las siguientes conclusiones:

 

El Zohar, en esencia, posee unidad aunque no tanta como la que Graetz imaginó. Entre las partes no

 

hay sustancia de la antigua mística midráshica que nos sea’

 

desconocida; al contrario, estas partes surgieron de las mentes de sus autores tal y como están, salvo

 

por el hecho de que algunas indudablemente se han perdido y desaparecieron de los manuscritos

 

cuando menos en el siglo XIV. Gran parte del texto impreso está equivocadamente ordenado, mientras

 

que el texto manuscrito conserva un orden correcto. Finalmente, unos cuantos trozos se añadieron ya

 

avanzado el siglo XIV. Las partes no muestran relación alguna con autores concretos, sino que, en la

 

conformación original del cuerpo central del Zohar, se partió de tres fuentes. Éstas, que en sí mismas

 

constituyen una unidad básica, son:

 

1. El Midrash ha-Neelam.

 

2. El Idra Rabba, el Idra Zutta, el Sitre Torah, así como la mayoría de los demás tratados cortos que

 

constituirían la parte principal del Zohar.

 

3. El Raya Mehemna y el libro conocido como Tikkune Zohar, ambos obra de un solo autor.

 

 

 

4

 

Lo cierto es que el autor de la tercera fuente, que tenía en su poder la fuente inmediata anterior pues

 

la cita y la imita con bastante poca fortuna, no es el autor de las dos primeras. Todo parece reafirmar el

 

carácter lingüístico de la tercera, sus tendencias fuertemente apocalípticas, su laboriosa factura, sus

 

puntos de vista divergentes y su empleo de otras fuentes. Tal vez uno podría proponer, no sin cierto

 

azar, que la tesis qiIe aquí tratamos es obra del periodo de vejez y decadencia del autor principal quien,

 

al ver que su talento joven lo había abandonado, decidió imitarse y repetirse. Pero existe una naturaleza

 

independiente inherente al Tikkunim que hace de esta tesis algo insostenible. Este último conjunto de

 

escritos fue producido alrededor del año 1300.

 

Es bastante probable, por otro lado, que los dos primeros textos pertenezcan a un solo autor cuya

 

transición -de la primera composición a la segunda- es claramente rastreable; así, se vuelve ocioso

 

asumir cualquier incongruencia en cuanto a la identidad de la persona que se halla detrás del todo de la

 

obra. El Midrash secreto, que con anterioridad se había considerado la última parte de la producción

 

total debido a su carencia de terminología filosófica así como debido al empleo parcial de la lengua

 

hebrea, casi con seguridad constituye la primera parte.

 

Detrás de la obra como un todo, se erige la personalidad de un místico que, comenzando con la

 

educación filosófica y talmúdica de su tiempo, se deja ir a lo profundo de las ideas místicas y gnósticas

 

de la Cábala y finalmente renuncia por completo a sus intereses filosóficos para desarrollar en su lugar

 

un talento verdaderamente fuera de lo común para la elaboración de homilías místicas. Ciertamente,

 

medio milenio tuvo que pasar antes de que la literatura judía fuera de nuevo capaz de mostrar algo

 

comparable. El autor de las partes más importantes del Zohar no es ningún redactor o compilador sino

 

un genio de la homilía. Fue la Cábala, tal como se desarrolló antes de su tiempo y tal como había

 

constituido su hogar espiritual, la que él reconstruyó -con un poder inesperado e impresionante-,

 

partiendo del texto de las Escrituras y de los antiguos y burdos temas del Midrash.

 

Así pues, aunque el mundo de sus pensamientos y conceptos no acababa de nacer, sus fuentes

 

místicas de ninguna manera eran volúmenes olvidados o escritos apócrifos de siglos oscuros. Dichas

 

fuentes estaban constituidas por la literatura de la Cábala hasta la época de Moisés ben Nahman (11951270)

 

y su círculo.

 

El mundo místico de este autor del Zohar ,nos revela de modo preciso el único lapso en el que debe

 

ser ubicado dentro de la evolución de la Cábala; además de lo anterior, toda una serie de criterios

 

lingüísticos y de hechos bastante independientes unos de otros apuntan exactamente hacia la misma

 

época. Fue ciertamente alrededor de 1280 que estas partes principales del Zohar fueron integradas en

 

una sola composición en España, por un cabalista que no había visto Palestina. Siempre revestida de

 

nuevas formas, llena de distinciones literarias y estilísticas, ésta es la obra de un autor que parece haber

 

experimentado una profunda. conversión al cabalismo. Pero, a pesar de todas las máscaras que le

 

encanta usar, la forma interior y el estilo personal son siempre idénticos.

 

Y ¿qué podemos decir de estas máscaras? ¿En qué consiste todo este paisaje de Galilea que se

 

disuelve en la irrealidad, el Rabino Simeon ben Yohai, su familia y amistades, y todos los demás

 

adornos de una fineza estilística de tipo midráshico en la cual el autor parece encontrar tanto placer, tal

 

como si estuviera inmerso en el juego de la fantasía? Este viaje a la pseudonimia y al abismo romántico

 

provocó una cierta excitación literaria en los textos críticos del siglo XIX: ataques furiosos y

 

condenación moral, así como una apologética a la vez circunspecta y vociferante que hoy día nos

 

parece producto de un grado considerable de exageración. El tiempo nos ha enseñado que los plagios

 

literarios revelan en su anonimato y pseudonimia los recursos de sus trucos y trampas; y no es gratuito

 

que hayamos conservado la palabra “pseudepigrapha” para designar, en particular, una categoría

 

legítima de literatura religiosa mediante un término carente de un tomo reprobatorio pero que hace eco

 

en la palabra inglesa “forgery”.

 

 

 

 

 

*

“falsificación”

*

Algunos documentos importantes de nuestra literatura religiosa son

 

5

 

plagios en este sentido; asimismo, la literatura mística que el autor del Zohar pudo haber leído

 

constituye, en buena medida, una pseudepigrapha más antigua.

 

No estamos siquiera seguros de que el autor -quien maneja la técnica pseudepigrapha con tal grado

 

de virtuosismo y permite que las personas en sus diálogos utilicen un prolijo número de títulos de libros

 

y citas inventadas- haya tomado muy en serio la forma literaria de la pseudepigrapha cabalística. Lo

 

cierto es que en toda una serie de imitaciones del Zohar aparecidas durante los primeros cien años que

 

siguieron a su publicación, resulta claro que los autores no confundieron mascarada y realidad de

 

ninguna manera. La mascarada constituía un recurso mediante el cual el nombre azaroso de un autor

 

que poseía la sabiduría secreta desaparecía tras su material; en el mismo tenor de cosas, si el marco

 

aparece en ocasiones decorado excesivamente por manos voluntariosas o hasta descuidadas, esto no es

 

más que un toque distintivo (y el Zohar es el ejemplo más importante, pero de ninguna manera el único,

 

de tal mascarada amorosa dentro de la literatura judía). Fue mucho más adelante, cuando estas

 

cuestiones comenzaron a concebirse con mayor crudeza, que el disfraz se convirtió en una realidad

 

histórica.

 

Qué tan juguetonamente el autor del Zohar en persona echó mano de esta forma, es algo que queda

 

demostrado en el hecho digno de ser mencionado que, junto con este libro, compuso otras obras

 

pseudepigraphas más cortas de las cuales una en particular, mejor conocida como El testamento del

 

Rabino Eleazar, el Grande, ha disfrutado de la fortuna de encontrarse entre los libros judíos populares

 

de mayor circulación, aunque su origen verdadero generalmente ha pasado inadvertido. Graetz sin duda

 

nos ha hecho pensar que Moisés de León falsificó ambiciosamente el Zohar para obtener ganancias,

 

para sacarles dinero a los cándidos ricos después de que los libros en los que él aparecía como autor

 

dejaron de aportarle ingresos suficientes. Esta especie de personaje ficticio, pícaro audaz, resultaría

 

inaceptable para la crítica histórica aunque no se contara con las pruebas concluyentes de que la parte

 

más importante del Zohar existía aun antes de 1286, año en el cual Moisés de León escribió su primer

 

libro enteramente basado en el Zohar. Esto desde luego que no excluye la posibilidad de que el propio

 

de León hubiese escrito el Zohar años antes.

 

Pero, ¿fue efectivamente Moisés de Leóri el autor de este Zohar tal como sus contemporáneos lo

 

sospechaban? Podemos ahora afinnar con alguna certeza filológica que Moisés de León debe ser

 

considerado el autor real del libro. Es verdad que aún no ha sido aprobada una sólida evidencia anterior

 

que apoye aquella hipótesis; pero cierta evidencia enteramente nueva ha arrojado luz sobre la autoridad

 

decisiva de Moisés de León. Hela aquí: Moisés de León poseía la obra original y la puso en circulación

 

de 1280 en adelante; así tenemos que un paisano suyo, Isaac ibn Sahula de Guadalajara leyó el Midrash

 

secreto en 1281, por ejemplo. De 1286 en adelante, Moisés de León compuso un número bastante

 

considerable de sus “propios” escritos. Estos libros revelan un autor que vive y se mueve de manera

 

total dentro del mundo específico del Zohar y no solamente en el mundo general de la Cábala

 

contemporánea, así que sólo nos queda decir que él se dio por vencido ante la fuerte personalidad del

 

anónimo autor del Zohar al grado de renunciar a sus rasgos identificatorios personales, o bien que él era

 

el autor. Para este último punto de vista existe una notable indicación.

 

cronológica. Hasta hace muy poco, nadie sabía cómo era el viejo Moisés de León cuando comenzó a

 

escribir, o si aquellos diez o veinte años mínimo que se requirieron para concebir una obra del tipo al

 

cual pertenecen las dos primeras fuentes del Zohar, son o no anteriores a la época en que de León

 

comenzó’ a escribir. Pero, aun antes de la Primera Guerra Mundial, se encontró un manuscrito en

 

Moscú que por una extraña coincidencia resultó ser nada menos que una de las partes de la “Guía para

 

el perplejo” de Maimónides, escrita para Moisés de Lión en 1284. Estos veinte años “vacíos” (1264 a

 

1286) que precedieron su aparición pública coincidían curiosamente con el periodo del origen del

 

Zohar que ha sido determinado por medio de asociaciones y criterios bastante distintos. ¿Acaso el

 

sendero que va de la lectura de la “Guía para el perplejo” al misticismo escatológico del “Libro del

 

Alma Racional” de Moisés de León correspondería al antes descrito como el periodo de desarrollo

 

interior del autor del Zohar, de una alegoría semifilosófica a la interpretación místico-teosófica de las

 

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Escrituras? Podemos afirmar con certeza que ninguno de los otros cabalistas españoles de aquel tiempo

 

que se hallan dentro de nuestro marco de referencia y aparecen ante nosotros con sus rasgos

 

característicos espirituales e individuales puede venir al caso como posible autor del Zohar. Ni

 

Abraham Abulafia, ni Moisés de Burgos, ni Jacobo de Segovia, ni José Gikatila muestran esa

 

inconfundible fisonomía. Y aquel que no quiera creer en el Gran Desconocido que con tanto éxito ha

 

evadido todos los intentos por seguir sus huellas, debe dar su apoyo a Moisés de León ni es que desea

 

salir adelante en la reconstrucción de uno de los personajes más significativos y claramente’ marcados

 

de la historia religiosa judía.

 

No podemos dejar de hacer notar aquí ciertos rasgos del lenguaje del Zohar que han dado muestras

 

de ser factor importante en cuanto a la influencia de la obra se refiere. El sostenido claroscuro del

 

peculiar arameo del Zohar, ha cubierto de una pátina venerable y un entusiasmo refinado ideas que, de

 

haberse expresado en el sobrio hebreo del siglo XIII, habrían tenido que hablar por sí solas; en la forma

 

que asumieron, podría decirse que han encontrado su lengua natal. Este logro lingüístico resulta aún

 

más admirable si tomamos en cuenta que en el hebreo medieval se transparenta el arameo página tras

 

página en estructura, sintaxis y terminología; esto es todavía más digno de admiración si consideramos

 

que el vocabulario araméico del autor evidencia una curiosa pobreza y sencillez. Tan pronto como uno

 

termina de leer las primeras treinta páginas del original, uno conoce lo suficiente del lenguaje como

 

para poder leer todo el libro; también resulta asombroso con qué modestia de recursos se ha expresado

 

tanto y se han logrado tales efectos. Con frecuencia, la comprensión exacta de un pasaje determinado en

 

el Zohar depende de una traducción al hebreo de

 

la Cábala contemporánea;

 

pero he aquí que los

 

escritos

 

de Moisés de León son sumamente

 

útiles para

 

descifrar

 

muchos

 

de los pasajes, pues un número

 

considerable

 

de conceptos místicos

 

se expresan de manera

 

algo arbitraria por medio

 

de palabras nuevas

 

que,

 

en muchos

 

casos, han surgido de formas

 

talmúdicas

 

corrompidas

 

presentes en manuscritos

 

medievales.

 

 

La selección del presente volumen

Resultaría notoriamente presuntuoso ofrecer cualquier selección de una obra como el Zohar y,

 

ciertamente, es difícil reunir en un breve volumen toda la riqueza de contenido, la plenitud de ideas,

 

inherente al original. Por supuesto que ninguna selección puede asumir la tarea de reflejar la doctrina

 

mística del Zohar; una presentación así -dentro del rango de posibilidades de un libro pequeño

 

requeriría todo un aparato de notas explicativas y comentarios cuando menos de la extensión del texto

 

mismo.

 

Por lo tanto, lo que intento presentar en las siguientes páginas es una secuencia de pasajes que tal

 

vez propicien un interés inmediato en el lector por medio del colorido con el cual la vida del alma

 

1ueda reflejada, de lo curiosamente conmovedor de la exegesis de las Escrituras, y de la notoria

 

paradoja de los pensamientos expresados. Todos los pasajes seleccionados -algunos de los cuales se

 

ofrecen en forma condensada, tienen en común el hecho de que estimulan de manera directa la

 

imaginación y la fantasía del lector, y esto no depende de la interpretación de las asociaciones técnicas

 

y simbólicas en las que los textos abundan. Las explicaciones absolutamente indispensables se dan al

 

pie de página. En general, sin embargo, me atrevo a asumir que el lector interesado desearía reflejarse,

 

él mismo, en los profusos símbolos e imágenes justo como van apareciendo aquí. No de otro modo el

 

Zohar atrajo a círculos cada vez más amplios de lectores a lo largo de los tiempos. Poco importa si esta

 

o aquella connotación simbólica se reconoce con toda propiedad o no.

 

Con lo anterior en mente, seleccioné aquellos pasajes que arrojan luz sobre las ideas místicas acerca

 

de Dios, así como las distintas etapas de su manifestación, y sobre la idea del alma, sus grados y su

 

destino. En algunas ocasiones, se verá cómo un pasaje se explica por medio de otro.

 

No consideré prudente ordenar el volumen de acuerdo a temas y tópicos. Una organización así no es

 

recomendable ya que todos los pasajes seleccionados están ampliamente interrelacionados, cada uno

 

7

 

está encadenado al que se sigue y termina en él. Así pues, lo más sensato resultó conservar, en general,

 

la misma secuencia en la que los trozos aparecen en el texto original del Zohar.

 

Este pequeño volumen habrá logrado su cometido si logra dar al lector alguna noción del poder de

 

fantasía contemplativa e imaginación creativa escondidas en el pensamiento aparentemente recóndito

 

de los cabalistas.

 

Gershom Scholem

 

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GÉNESIS
El principio

“En el principio” [Gen. I: I], cuando la voluntad del Rey comenzó a hacerse, él grabó señales en la

 

bóveda celeste [que lo rodeaba]. Desde el vacío más recóndito surgió una flama oscura, desde el

 

misterio de eyn sof, el Infinito, como una bruma formándose en lo informe, encerrada en el anillo de

 

esa esfera, ni bla nco ni negro, ni rojo ni verde, de ningún color en absoluto. Sólo después de que esta

 

flama comenzó a adoptar forma y dimensión, comenzó a producir colores radiantes. Desde el centro

 

más profundo de la Clama emergió un pozo del cual salieron colores que se esparcieron encima de todo

 

lo que estaba debajo, oculto en el misterioso escondite de eyn sof.

 

El pozo se abrió paso, pero no en el éter [de la esfera]. No pudo ser reconocido, hasta que un punto

 

escondido y supremo brilló desde el fondo del impacto del último paso.

 

9

 

*

Más allá de este punto fiada

 

puede saberse. Así pues, recibe el nombre de reshit, principio, la primera palabra [de las diez] por

 

medio de la cual el universo ha sido creado.

 

 

 

El universo: cáscara y semilla

Cuando el Rey Salomón “penetró en las profundidades del jardín de las nueces”, como está escrito,

 

“descendí al jardín de las nueces” [Canto 6: II], tomó una cáscara de nuez y, al estudiarla, vio una

 

analogía entre sus capas y los espíritus que motivan los deseos sensuales de los humanos, como está

 

escrito, “y los placeres de los hijos de los hombres [son de] demonios machos y hembras” [Ecles. 2:8].

 

El Ser Supremo, bendito sea, consideró necesario poner en el mundo todas estas cosas para asegurar

 

la permanencia y la posesión, por así decido, de un cerebro rodeado de numerosas membranas. El

 

mundo entero, superior e inferior, está organizado de acuerdo con este principio, desde el centro

 

místico primigenio hasta la más exterior de todas las capas. Todas son una para la otra, cerebro dentro

 

de cerebro, espíritu en espíritu, cáscara dentro de cáscara.

 

El centro primigenio es la luz más interior, de una transparencia, sutileza y pureza más allá de

 

cualquier comprensión. Ese punto interior en expansión se convierte en un “palacio” con salas que

 

delimitan el centro y es tan radiante que su luz va más allá del poder del conocimiento.

 

La “vestidura” del “palacio”, del punto interior incognocible, al tiempo que constituye un destello

 

incognocible en sí mismo, es, no obstante, de una sutileza y translucidez menores que el centro

 

primigenio. El “palacio” se esparce en una “vestidura” para sí mismo, la luz primordial. De ahí hacia

 

afuera se va extendiendo; existe en cada extensión que se sobrepone a otra extensión, y cada una

 

constituye una vestidura para la anteripr, como una membrana lo hace respecto del cerebro. Aunque es

 

membrana primero, cada extensión se hace cerebro en la extensión que la sigue.

 

De igual modo, el proceso continúa abajo y, una vez establecido, el hombre en el mundo combina

 

cerebro y membrana, espíritu y cuerpo, todo en pro del más perfecto ordenamiento del mundo. Cuando

 

la luna y el sol estuvieron en conjunción, ella era luminosa; pero cuando ella se separó del sol y

 

gobernó sus propias legiones, su estado y su luz se redujeron, y se hizo capa tras capa para investir al

 

cerebro, y todo fue por su bien.

 

La primera luz

“Y dijo Dios, Hágase la luz, y se hizo la luz” [Gen. I: 3] Esta es la luz primordial que hizo Dios. Es

 

la luz del ojo. Es la luz que Dios le mostró a Adán y, por medio de ella, él pudo ver el mundo de un

 

extremo al otro. Esta es la luz que Dios le mostró a David y él, al contemplarla, cantó en alabanza

 

 

 

 

 

*

Este punto primordial, en el Zohar, se identifica con la sabiduría de Dios (hokhmah),el pensamiento ideal de la Creación.

diciendo, “Oh, cuán abundante es Tu bondad, la cual Tú has puesto al alcance de aquellos que Te

 

temen” [Salmos 31: 20]. Esta es la luz por medio de la cual Dios le reveló a Moisés la tierra de Israel,

 

desde Gilead hasta Dan.

 

Previendo el advenimiento de tres generaciones pecadoras, la generación de Enos, la generación del

 

Diluvio y la generación de la Torre de Babel, Dios los alejó del goce de la luz. Luego la devolvió a

 

Moisés durante la época en que su madre lo escondía, durante los tres meses después de su nacimiento.

 

Cuando Moisés fue presentado ante el faraón, Dios se la quitó y no se la devolvió hasta que, de pie en

 

el Monte Sinaí, se dispuso a recibir la Torah. Desde entonces Moisés la consideró suya hasta el fin de

 

sus días y, por tanto, los israelitas no podían acercársele hasta que se pusiera un velo en el rostro

 

[Exodo 34: 33].

 

“Hágase la luz, y se hizo la luz” [Gen. I:3]. Sea lo que sea aquello que designa la palabra vayehi [y

 

se hizo], esa cosa está en este mundo y en el mundo por venir.

 

El Rabino Isaac dijo: En la Creación, Dios irradió sobre el mundo de un extremo al otro con la luz,

 

pero ésta fue retirada para privar de su goce a los pecadores del mundo, y quedó a buen recaudo para

 

los justos, como está escrito, “La luz se siembra para los justos” [Salmos 97: 11]; entonces, los mundos

 

estarán en armonía y todos se unirán en uno solo; pero hasta que el mundo futuro se establezca, esta luz

 

permanecerá guardada. Esta luz emergió de la oscuridad y se abrió paso por intercesión del Más

 

Secreto; De igual modo, de la luz escondida, a través de algún camino secreto, se abrió paso la

 

oscuridad del inframundo al cual la luz es inherente. Esta oscuridad inferior recibe el nombre de

 

“noche” en el verso “Y a la oscuridad, El la llamó noche” [Gen. I:5].

 

La creación del hombre

El Rabino Simeón se levantó y habló: Al meditar, he percibido que cuando Dios estaba a punto de

 

crear al hombre, entonces comenzó a temblar arriba y abajo de todas las criaturas. Se desdoblaba

 

apenas el sexto día cuando al fin se tomó la divina decisión. Se encendió la llama de la fuente de todas

 

las luces y se abrió la reja del Este, desde donde fluye la luz. La luz concedida en el principio, la tomó

 

el Sur en gloria plena y el Sur tomó control sobre el Este. El Este tomó el control del Norte y el Norte

 

despertó y, abriéndose, llamó en voz alta al Oeste para que fuera hacia él. Luego el Oeste viajó hacia el

 

Norte y se quedó junto a él; después el Sur controlé al Oeste, y el Norte y el Sur rodearon el Jardín y

 

constituyeron su vallado. El Este se acercó al Oeste y el Oeste se regocijó y dijo: “Hagamos al hombre

 

a nuestra imagen y semejanza” [Gen. I: 26], para que abrace como nosotros los cuatro cuadrantes y el

 

alto y el bajo. Ahí se unieron el Este y el Oeste y crearon al hombre. Por tanto, los sabios han dicho que

 

el hombre surgió del sitio mismo del Templo.

 

Más aún, podemos ver que las palabras “Hagamos al hombre” logran esto: a los seres inferiores,

 

derivados de un lado del mundo superior, Dios les reveló el secreto de cómo formar el nombre divino

 

“Adán”, en el cual se acompasan lo superior y lo inferior, en la fuerza de sus tres letras: alef, dalet y

 

mem. Una vez que las tres letras hubieron venido hasta el mundo inferior, fue percibido en su forma,

 

completo, el nombre de Adán para comprender en un nombre al varón y a la hembra. La hembra estaba

 

pegada al costado del hombre y Dios le envió al hombre un sueño profundo y él se recostó en el sitio

 

del Templo. Dios entonces le cortó a la hembra y la atavió como a una novia y la guió hasta él, como

 

está escrito: “Y tomó uno de sus costados y llenó el espacio con carne” [Gen: 2: 21]. En las Antiguas

 

Escrituras, he visto que se dice, que aquí la palabra “uno” significa “una mujer”, es decir, la original

 

Lilith que se acostó con él y concibió de él. Pero hasta ese momento ella no fue ninguna ayuda para él y

 

está escrito: “Pero para Adán no se encontró una ayuda” [Gen. 2: 20]. Adán, entonces, fue el último,

 

pues estuvo bien que encontrara al mundo completo cuando hizo su aparición.

 

“No había aún en la tierra ningún arbusto del campo” [Gen. 2: 5].

 

El Rabino Simeón continuó diciendo: la alusión es de los magníficos árboles que crecieron más

 

tarde, pero que entonces eran arbustos. Adán y Eva, como hemos dicho, fueron creados uno junto al

 

10

 

otro. ¿Por qué no cara a cara? Por la sencilla razón de que el cielo y la tierra todavía no estaban en

 

completa armonía: “El Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra” [Gen. 2: 5]. Cuando la unión

 

inferior se perfeccionó y Adán y Eva estuvieron cara a cara, entonces se perfeccionó la unión superior.

 

Esto podemos saberlo gracias al Tabernáculo: hemos aprendido que, junto a él, fue puesto otro

 

tabernáculo y que el superior no fue alzado hasta que el inferior fue erigido; y así sucedió en este caso.

 

Más aún, puesto que todo allá en las alturas no estaba todavía perfectamente ordenado, Adán y Eva no

 

fueron creados cara a cara. Esto se concibe debido al orden de los versos en las Escrituras; primero está

 

escrito: “El Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra” y, a continuación, “no existía un hombre

 

que cultivara la tierra” [ibid], lo cual significa que el hombre era aún imperfecto, pues sólo cuando Eva

 

fue perfeccionada fue perfeccionado él a su vez. Una prueba más la constituye el que en la palabra

 

vayisgor [y él cerró], por primera vez en este pasaje aparezca la letra samekh, que significa “apoyo”,

 

que equivale a decir que el varón y la hembra ahora se apoyaban uno en el otro. De manera semejante,

 

el mundo inferior y el superior se sostienen uno al otro. No fue hasta que el mundo inferior se

 

perfeccionó, que el otro a su vez fue perfeccionado. Cuando el mundo inferior tuvo que apoyar al

 

superior siendo volteado cara a cara con él, el mundo fue terminado, ya que anteriormente “el Señor

 

Dios no había hecho llover sobre la tierra” .

 

Entonces “una bruma cubrió la tierra” [Gen. 2: 6], para satisfacer la carencia “mojando toda la faz de

 

la tierra” [ibid.]; y la bruma que se levanta es el deseo de la mujer por el hombre. Aun así, otra

 

interpretación dice que sacamos la palabra “no” del primer verso para usarla en el segundo don

 

“bruma”, y esto significa que Dios no mandó la lluvia porque una bruma no se había levantado, yá que

 

desde el mundo inferior debe provenir el impulso que ponga al mundo superior en movimiento. Así,

 

para formar la nube, el vapor asciende primero desde la tierra. Y de igual modo el humo de los

 

sacrificios asciende, creando armonía en las alturas y la unión de todo; así la esfera celestial llega a

 

estar completa. Es desde abajo que se inicia el movimiento y de ahí que todo se perfeccione. Si la

 

Comunidad de Israel no hubiera iniciado el impulso, el que habita en las alturas tampoco se habría

 

movido hacia ella; así el deseo de abajo es lo que causa que todo en las alturas se complete.

 

Varón y hembra

El Rabino Simeón se dirigió a Tiberiades y con él estaban el Rabino Yose, el Rabino Judah y el

 

Rabino Hiyya. En él camino, vieron al Rabino Phineas que venía a su encuentro. Todos desmontaron y

 

se sentaron al pie de la montaña, bajo un árbol. El Rabino Phineas habló: Mientras estamos aquí

 

sentados me gustaría oír algunas de esas maravillosas ideas que constituyen su discurso cotidiano.

 

Luego, el Rabino Simeón habló, y comenzó con el texto:

 

“Y durante sus jornadas desde el Sur, fue desde Beth-el hasta el lugar donde había estado su tienda

 

en un principio, entre Beth-el y Ai” [Gen. I:3: 3]. Dijo: Aquí podríamos haber esperado encontrado la

 

palabra “jornada”; pero en vez de esto, leímos “jornadas”, que pretende significar que, durante la

 

jornada, con él estaba la Divina Presencia. Corresponde al hombre ser siempre “varón y hembra”, para

 

que su fe permanezca estable y para que la Presencia nunca lo abandone. Y preguntarán ustedes:

 

¿Cómo podrá hacer eso el hombre que, lejos de su mujer, realiza una jornada y deja de ser “varón y

 

hembra”? Tal ser, antes de comenzar la jornada y mientras aún es “varón y hembra”, deberápedir a

 

Dios que lleve hasta él la Presencia de su Maestro. Después de que haya rezado y dado gracias y una

 

vez que la Presencia descanse en él, entonces podrá irse, pues en virtud de su unión con la Presencia

 

ahora es varón y hembra en el campo, tal como era varón y hembra en la ciudad; está escrito: “El bien

 

[zedek, femenino de zaddik] deberá ir delante de él y le abrirá el paso” [Salmos 85: 14].

 

Nótese lo siguiente. Durante todo el tiempo de su viaje, el hombre debe tener mucho cuidado con

 

sus actos, con objeto de que la sagrada unión no se rompa y él se tome imperfecto, privado de la unión

 

con la hembra. Si se sentía la necesidad del bien cuando él y su esposa estaban juntos, ¿cuánto mayor

 

sería ésta cuando la pareja celestial estuviera con él? Y, más aún, ciertamente, si esta pareja celestial

 

11

 

actúa como su guardián constante durante el viaje hasta su regreso a casa, incluso es obligación del

 

varón, una vez de vuelta en el hogar, dar placer a su mujer, ya que gracias a ella, él obtuvo la unión

 

celestial.

 

Existen dos razones para esta obligación de cohabitar. Primero, este placer es religioso, da alegría

 

también a la Divina Presencia y es un instrumento de paz en el mundo, tal como está escrito: “Y tú

 

sabrás que tu tienda está en paz y visitarás tu habitación y no pecarás” [Job 5: 24].

 

(Preguntarán: ¿Es pecado que él no pueda penetrar a su esposa? Es pecado, pues en su impotencia,

 

él es indigno del honor de ser compañero celestial, que le fue dado gracias a su esposa.) Segundo, si su

 

esposa concibiera, la Divina Presencia confiere al niño un alma sagrada, pues este pacto es conocido

 

como el pacto del Ser Supremo, bendito sea.

 

Por tanto, el hombre debe ser tan celoso al gozar de este placer como al gozar del placer del

 

Sabbath, en cuyo tiempo se consuma la unión de los sabios con sus esposas. Así, “sabrás que tu tienda

 

está en paz”, pues la Presencia te acompaña y habita en tu casa y, por esta razón, “visitarás tu

 

habitación y no pecarás”, al llevar a cabo con alegría la obligación religiosa de tener relaciones

 

conyugales ante la Presencia.

 

Así es que los estudiosos de la Torah, lejos de sus esposas durante los seis días de la semana que le

 

dedican al estudio, se encuentran en este lapso unidos a un compañero celestial, y no dejan de ser

 

“varón y hembra”. Y con el advenimiento del Sabbath, a ellos corresponde alegrar a sus mujeres en

 

honor de la unión celestial, y tratar de hacer la voluntad de su Maestro, como se ha establecido.

 

De igual modo, cuando la esposa de un hombre está en sus días de separación, en esos días, mientras

 

él la espera, el hombre tiene consigo al compañero celestial y continúa siendo “varón y hembra”.

 

Cuando la esposa queda purificada, el hombre tiene la obligación de agradarla en la gozosa satisfacción

 

de una obligación religiosa. Las mismas razones que hemos dado, se aplican a este caso.

 

De acuerdo con la doctrina secreta, los místicos han de ofrecer toda su mente y propósito al Uno [el

 

Shekhinah]. Podría objetarse que, a la luz del argumento anterior, un hombre está en un estado de

 

mayor honor durante un viaje que cuando está en casa, pues el compañero celestial está con él. Esto no

 

es verdad. En casa, la esposa es el fundamento del hogar del hombre, ya que gracias a ella, la Presencia

 

no se aleja de ahí.

 

Así, el verso “e Isaac la llevó a la tienda de Sarah, su madre” [Gen. 24: 67], según la interpretación

 

de nuestros maestros, significa que la Divina Presencia vino a la casa de Isaac junto con Rebecca. De

 

acuerdo con la doctrina secreta, la Madre Suprema está junto con el varón sólo cuando la casa está lista,

 

y en ese momento el varón y la hembra están unidos. En un momento así, la Madre Suprema les manda

 

bendiciones.

 

De igual modo, la Madre Inferior se encuentra junto al varón sólo cuando la casa está lista y él y la

 

hembra se unen; entonces, las bendiciones de la Madre Inferior caen sobre ellos. Por lo tanto, dos

 

hembras, su Madre y su Esposa, deben agradar al hombre en su casa. Hay referencia a esto en el verso:

 

“En [ad] el deseo de los montes eternos” [Gen. 49: 26]. Este ad es el objeto deseado de los “montes

 

eternos”, lo cual significa la hembra suprema que debe arreglarse para él y hacerla dichoso y bendecirlo

 

y también la hembra inferior, que deberá reunirse con él, unirse a él y recibir apoyo de él.

 

No de otra manera en el mundo inferior, el deseo de los “montes eternos” es para el hombre cuando

 

se casa y dos hembras, una del mundo superior y otra del inferior, habrán de darle dicha -la del mundo

 

superior haciendo llover sobre él todo tipo de bendiciones, y la del mundo inferior recibiendo apoyo de

 

él y uniéndose a él. Así sucede con el hombre en la casa. Pero cuando está de viaje, mientras la Madre

 

Suprema todavía se halla con él, la esposa del mundo inferior permanece atrás; y por tanto, a su

 

regreso, corresponde a él hacer aquello que establezca la armonía entre él y dos hembras, tal como lo

 

hemos explicado.

 

Fuego que consume

 

 

12

 

El Rabino Simeón dijo: en un lugar está escrito: “Pues el Señor tu Dios es un fuego que consume”

 

[Deut. 4: 24] ; y en otra- parte: “Pero ustedes los que están unidos al Señor su Dios, están vivos, todos y

 

cada uno de ustedes, este día” [Deut. 4: 4]. Los demás han discutido ya la aparente inconsistencia entre

 

estos textos, pero yo ofrezco aún otra interpretación.

 

Se ha afirmado que existe un tipo de fuego que es más fuerte que otro, y el uno consume y aniquila

 

al otro. Si continuamos este pensamiento, puede decirse que aquel que penetre el misterio de la unidad

 

sagrada de Dios, deberá considerar la Hama tal como se alza desde un carbón ardiente o una vela.

 

Siempre deberá existir alguna sustancia material de la cual la Harna se levanta. En la Hama en sí

 

pueden verse dos luces: la una blanca y brillante, la otra negra o azul. De las dos, la luz blanca es la

 

más alta y se alza con firmeza. Debajo de ella se encuentra la luz azul o negra, sobre la cual la otra

 

descansa como en una base. Las dos están unidas, la blanca reposa en el trono de la negra. La base

 

negra o azul está, de igual modo, en contacto con algo que, debajo de ella, la alimenta y la hace colgar

 

de la luz blanca. A veces esta luz azul o negra se vuelve roja, pero la luz de arriba permanece

 

constantemente blanca. Esta luz inferior, a ratos negra, a ratos azul, a ratos roja, sirve para ligar la luz

 

blanca con la sustancia material debajo de sí y gracias a la cual se mantiene encendida. Esta luz inferior

 

es, por naturaleza, un instrumento de destrucción y muerte que devora todo aquello que se le acerca.

 

Pero la luz blanca ni consume, ni demuele, ni cambia jamás.

 

Así pues, Moisés dijo: “Pues el Señor tu Dios es un fuego que consume” [Deut. 4: 24]. Consume, en

 

efecto, todo lo que se encuentra debajo suyo; por esta razón, él dijo “tu Dios” y no “nuestro Dios”, ya

 

que Moisés permaneció de pie en la luz suprema que no consume y no demuele.

 

Hay que hacer aún mayor hincapié. Es solamente Israel quien hace que la luz azul se encienda y se

 

una con la luz blanca; Israel, quien se une a la luz azul de abajo. Y aunque sea propio de la naturaleza

 

de la luz azul o negra destruir todo aquello que toca, aun así, Israel, uniéndose a ella, no se destruye.

 

Así está escrito: “Pero ustedes los que están unidos al Señor su Dios, están vivos, todos y cada uno de

 

ustedes, este día”. Su Dios, y no nuestro Dios; es decir, la llama azul o negra consume o aniquila todo

 

lo que se une a ella desde abajo, pero, así y todo, ustedes se unen y están vivos.

 

Apenas perceptible sobre la luz blanca y acompasándola, hay una luz más: ésta simboliza la esencia

 

suprema. También lo hace la llama que aspira y simboliza los supremos misterios de la sabiduría.

 

El Rabino Phineas se dirigió a él y lo besó, y dijo, Bendito sea Dios que me guió hasta aquí. Y

 

salieron con el Rabino Phineas y lo acompañaron durante tres millas. Cuando hubieron regresado, el

 

Rabino Simeón habló: La descripción que he dado puede tomarse como símbolo de la sagrada unidad

 

de Dios. En el nombre sagrado Y H V H

 

*

, la segunda letra, hé, es la luz azul o negra pegada a las letras

 

restantes, yod, hé, vav, que constituyen la luminosa luz blanca. Pero hay épocas en que la luz azul no es

 

sino dalet, que quiere decir pobreza; esto significa que cuando Israel no es capaz de, unirse a ella

 

desde abajo, por tanto, tampoco es capaz de arder y unirse a la luz blanca; la luz azul es dalet, pero

 

cuando Israel la hace unirse a la luz blanca, entonces es hé. Si varón y hembra no están juntos, se

 

borra y sólo queda dalet [pobreza]. Pero cuando la cadena es perfecta, el se une a la luz blanca e

 

Israel se une al y otorga sustancia para su luz, y aun así no es destruida.

 

En esto vemos el misterio del sacrificio. El humo que se alza, enciende la luz azul, que luego se une

 

a la luz blanca, y sucede que toda la vela está encendida totalmente, y brilla en una sola llama

 

unificada. Como es propio de la naturaleza de la luz azul demoler todo aquello que se pone en contacto

 

con ella desde abajo, por tanto, si el sacrificio es aceptable y la vela queda totalmente encendida,

 

entonces, como con Elyah, “el fuego del Señor desciende y consume la ofrenda quemada” [1 Reyes 18:

 

38] ; esto revela que la cadena ha sido perfeccionada pues la luz azul se une a la luz blanca, mientras

 

que al mismo tiempo consume la grasa y la carne de la ofrenda quemada abajo, y no puede consumir lo

 

que está abajo a menos que se alce y se una a la luz blanca. En un momento así, la paz reina en todos

 

los mundos, y todos juntos forman una unidad.

 

 

 

 

 

*

Las cuatro letras del nombre de Dios representan cuatro niveles de manifestación divina siempre en aumento.

13

 

La luz azul, habiendo devorado toda luz debajo, logra que los sacerdotes, los Levitas y los seglares

 

se reúnan en su base con cantos y meditación y con oraciones, mientras encima de ellos la lámpara

 

arde, las luces se mezclan en una unidad, los mundos se iluminan, y arriba y abajo todo queda

 

bendecido. Por lo tanto, está escrito: “Ustedes los que están unidos al Señor su Dios, están vivos, todos

 

y cada uno de ustedes, este día”. La palabra atem [ustedes]

 

está aquí precedida por la letra vav [y], que indica que mientras la grasa y la carne que se unen a la

 

flama son devorados por ella, ustedes los que se unen a ella están vivos todavía.

 

Abandono de la vida

Cuando un hombre está listo para abandonar la vida, Adán, el primer hombre, aparece frente a él y

 

le pregunta por qué se va del mundo y en qué condiciones. El hombre dice: Desdichado, por tu causa

 

he de morir.

 

Adán responde: Hijo mío, sólo un mandamiento no cumplí y se me castigó por ello; mira cuántos

 

son los mandamientos de tu Maestro, tanto de lo que se debe como de lo que no se debe hacer, que tú

 

has transgredido.

 

Dijo el Rabino Hiyya: Hasta este día, Adán existe y dos veces al día se pone de pie ante los

 

patriarcas y confiesa sus transgresiones y les muestra el lugar donde una vez habitó en gloria celestial.

 

El Rabino Yesa dijo: Adán aparece ante todos los hombres en el momento en que están a punto de

 

abandonar la’ vida con objeto de declarar que el hombre está muriendo no por el pecado de Adán, sino

 

por sus propios pecados, tal como los sabios dijeron:’ “No hay muerte sin pecado”.

 

Las tres costas del espíritu

“Y Noé tuvo tres hijos” [Gen. 6: 10].

 

El Rabino Hiyya dijo al Rabino Judah: Acerca de este texto, les diré lo que he escuchado. Esto

 

puede compararse con un hombre que se dirigió a las entradas de una cueva, y dos o tres niños salieron

 

juntos de ahí, bastante distintos unos de otros en cuanto a carácter y comportamiento: uno era virtuoso,

 

otro mezquino, y el tercero común y corriente. De igual modo, existen tres costas del espíritu que se

 

mueven de acá para allá y se colocan en tres mundos distintos. N eshamah [el alma suprema]

 

sale al

 

frente y va por entre los caminos de la montaña y ahí se reúne con ruah [el espíritu]. Luego, desciende

 

al mundo inferior y ahí nefesh [alma vital]

 

14

 

**

se reúne con ruah y los tres se constituyen en una

 

unidad.

 

***

El Rabino Judah dijo: Nefesh y ruah están unidos, mientras que neshamah tiene su morada en el

 

personaje de un hombre, este lugar permanece desconocido y sin descubrir. Si un hombre lucha por

 

alcanzar una vida pura, ahí el sagrado neshaham viene en su ayuda: así se hace puro y merece el

 

nombre de santo. Pero si no lucha por ser bueno y puro en la vida, entonces el sagrado neshamah no lo

 

anima, sino sólo los dos grados nefesh y ruah. Más aún, aquel que entra a la impureza es llevado mas

 

allá en ella y queda desprovisto de ayuda celestial. Así, cada uno es empujado hacia el camino que

 

toma.

 

 

 

 

 

 

 

*

Neshamah, el “alma sagrada”, el alma suprema, es la fuerza intuitiva más profunda que conduce a los secretos de Dios y al

 

universo.

 

 

**

Nefesh es el alma propia, el alma natural concedida a cada uno de los hombres.

***

Respecto de los nombres y grados del alma, consúltense también los pasajes: LA FE Y LOS TRES ASPECTOS DEL

 

ALMA.

*

El más alto grado de fe

El “alma” [nefesh] se halla en íntima relación con el cuerpo, nutriéndolo y sustentándolo; está abajo,

 

en el primer movimiento. Habiendo adquirido el valor merecido, se convierte en el trono para el

 

“espíritu” [ruah] para descansar, como está escrito, “hasta que el espíritu se derrame sobre nosotros

 

desde las alturas” [Isa. 32: 15]. Y cuando estos dos, alma y espíritu, se hayan puesto a tono, serán

 

dignos de recibir al “alma suprema” [neshamah], descansando a su vez sobre el trono del espíritu

 

[ruah]. El alma suprema se erige preeminente y no puede ser percibida. Hay trono sobre trono, y para

 

el más alto, un trono.

 

El estudio de estos grados del alma permite una comprensión de la sabiduría más alta; y es de esta

 

manera que la sabiduría sola otorga la posibilidad de unión de un número de misterios. Es nefesh, el

 

movimiento más bajo, al que se adhiere el cuerpo. Tal como sucede con la flama de una vela, la luz

 

oscura del fondo se adhiere al pabilo, sin el cual no puede ser. Cuando se ha encendido por completo,

 

se hace un trono para una luz no del todo discemible, una esencia inconocible que reposa sobre la luz

 

blanca, y así en todo llega a ser la luz perfecta.

 

Lo mismo ocurre con el hombre que llega a la perfección y recibe el nombre de “santo”, como dice

 

el verso, “para los Santos que están en la tierra” [Salmos 16: 3].

 

Algo parecido sucede en el mundo superior. Así, cuando Abram entró a la tierra, Dios se le apareció

 

y Abram recibió el nefesh y ahí levantó un altar del mismo grado [de divinidad]. Luego “viajó hacia el

 

Sur” [Gen. 12:9] y recibió el ruah. Al fin llegó a la cima de la unión con Dios gracias al neshamah, y

 

ahí “construyó un altar para el Señor”, lo cual significa el grado inefable que es el de neshamah. Luego,

 

viendo que debía ponerse a prueba y pasar por los distintos grados, viajó hacia Egipto. Ahí resistió la

 

seducción de las esencias demoniacas y, cuando se hubo probado a sí mismo, regresó a su morada. En

 

efecto, “salió de Egipto” [Gen. 13: 1], su fe fue fuerte y confirmada, y alcanzó el último grado de fe.

 

Desde entonces, Abram conoció la sabiduría más alta y se unió a Dios, y se convirtió en la mano

 

derecha del mundo.

 

Medianoche

El Rabino Abba salió de Tiberiades rumbo a la casa de su suegro. Con él iba su hijo, el Rabino

 

Jacob. Cuando hubieron llegado a Kfar Tarsha, se detuvieron para pasar ahí la noche. El Rabino Abba

 

le preguntó al anfitrión:

 

¿Tienes un gallo aquí? El anfitrión contestó: ¿Por qué? El Rabino Abba dijo: Deseo levantarme

 

exactamente a medianoche. El anfitrión replicó: No se necesita un gallo. Junto a mi cama hay un reloj

 

de agua. El agua cae gota a gota hasta que, justo a medianoche sale toda, y luego gira para atrás con un

 

estruendo que despierta a todos los que aquí habitan. Este reloj se lo hice a cierto viejo que tenía el

 

hábito de levantarse diariamente a medianoche a estudiar la Torah. A esto, el Rabino Abba dijo:

 

Bendito sea Dios que guió mis pasos hasta este lugar.

 

La rueda del reloj giró para atrás a la medianoche y el Rabino Abba y el Rabino Jacob se

 

despertaron. Escucharon la voz de su anfitrión que venía desde la planta baja, donde estaba sentado con

 

sus dos hijos diciéndoles:

 

Está escrito. “Medianoche me levantaré a darte gracias a Ti por Tus buenos juicios” [Salmos 119:

 

62]. La palabra “a” no es empleada, así que asumimos que “medianoche” es un apelativo del Ser

 

Supremo, bendito sea, al cual habla David de este modo porque la medianoche es la hora en que Él

 

aparece con su séquito y va al Jardín del Edén a conversar con todos los justos. El Rabino Abba dijo

 

entonces al Rabino Jacob: Ahora sí que tenemos suerte de estar con la Presencia.

 

Y fueron y se sentaron junto a su anfitrión y dijeron: Dínos de nuevo aquello que acabas de decir y

 

que es tan bueno. ¿Dónde lo escuchaste? Él replicó: Mi abuelo me lo contó. Me dijo que los ángeles

 

acusadores allá abajo están vigilando el mundo durante las tres primeras horas de la noche, pero

 

15

 

exactamente a la medianoche las acusaciones se detienen pues en este momento Dios entra al Jardín del

 

Edén.

 

Él continuó: Estas ceremonias, arriba, ocurren en la noche nada más, exactamente a la medianoche,

 

y esto lo sabemos por lo que está escrito acerca de Abraham, que “la noche se dividió por ellos” [Gen.

 

14: 15], y del verso “y esto vino a suceder a la medianoche” en la historia del Exodo [Exodo 12: 29], y

 

de numerosos pasajes más en las Escrituras. David lo sabía, según relató el viejo, pues de eso dependía

 

su reinado. Y así estaba acostumbrado a levantarse a esta hora y a cantar en alabanza; por eso, al

 

dirigirse a Dios lo llamaba “Medianoche” . Dijo también: “Me levantaré a darte gracias a Ti por Tus

 

buenos juicios”, pues sabía que esta esfera contenía la fuente de la justicia, con juicios de reyes

 

terrenales que de ahí se derivaban, y por esta razón, David nunca dejó de levantarse y cantar en

 

alabanza a esta hora.

 

El Rabino Abba fue a él y lo besó y dijo: Ciertamente, todo es tal como tú lo dices. Bendito sea

 

Dios, que ha guiado mis pasos hasta aquí. En todo lugar, el juicio se lleva a cabo de noche y esto lo

 

hemos afirmado con certeza, lo hemos discutido ante el Rabino Simeón.

 

Al oír esto, el joven hijo del guardián preguntó: ¿Por qué entonces dice “Medianoche”?

 

El Rabino Abba replicó: Queda asentado que el Rey celestial se levanta a medianoche.

 

El muchacho dijo: Tengo una explicación diferente.

 

Entonces, el Rabino Abba dijo: Habla, hijo mío, porque a través de tu boca hablará la voz de la

 

lámpara.

 

*

Él contestó: Esto es lo que he oído. En verdad, la noche es el momento de juicio estricto, un juicio

 

que se emite imparcialmente en todas partes. Pero la medianoche sale de dos partes, del juicio y de la

 

misericordia; la primera mitad, sólo de la noche, corresponde al periodo del juicio, mientras que la

 

segunda mitad toma la iluminación del lado’ de la misericordia [hesed]. De donde David dijo

 

“Medianoche” .

 

Ante esto, el Rabino Abba se puso de pie y posó las manos sobre la cabeza del muchacho y lo

 

bendijo diciendo: Yo pensaba que la sabiduría habitaba sólo en unos cuantos privilegiados hombres

 

piadosos. Pero percibo que aun los niños están dotados de sabiduría celestial en la generación del

 

Rabino Simeón. ¡Dichoso eres, Rabino Simeón! ¡Desdichada será la generación cuando la hayas

 

abandonado!

 

La bendición de Jacob

Las bendiciones de Jacob, que le fueron otorgadas en diversos tiempos, fueron muchas ciertamente.

 

Primero, mediante el uso de la astucia le fue posible recibir las bendiciones de su padre; y de regreso de

 

Labán, recibió una bendición de la Divina Presencia, como está escrito, “Y Dios [Elohim] bendijo a

 

Jacob” [Gen. 35: 9]. Y aún otra bendición le fue dada cuando se dirigió a Padan-Aram; su padre lo

 

bendijo de esta sapiencia: “Que el Dios Todopoderoso te bendiga…” [Gen. 28:3].

 

Entonces Jacob, viendo que tenía todas estas bendiciones para su uso, consideró el asunto pensando:

 

Ahora bien, ¿cuál de estas bendiciones deberé usar primero? Entonces decidió en ese momento servirse

 

de la última, que también era la menor. Pues, aun cuando sabía que tenía peso en sí misma, la veía

 

como la menos poderosa en cuanto al posible dominio sobre este mundo. Por tanto, dijo Jacob: Haré

 

uso de esta bendición ahora mismo; las demás las guardaré para el tiempo en que yo y mi descendencia

 

las necesitemos, es decir, el tiempo en que las naciones todas se reúnan para borrar mi posteridad en el

 

mundo.

 

Adecuadas a Jacob son las palabras: “Todas las naciones me rodean; verdaderamente, en nombre del

 

Señor las enfrentaré. Ellas me rodean, sí, ellas me rodean… Me rodean como abejas” [Salmos 118: 1012].

 

Tres veces vemos

 

las palabras “me

 

rodean”, que corresponden a las otras tres bendiciones: la

 

 

 

 

 

*

A lo largo del Zohar, el Rabino Simeón ben Yohai recibe el apelativo de “la lámpara sagrada”.

16

 

primera bendición de su padre, la bendición de Dios y, la tercera, la bendición del ángel.

 

Jacob dijo: Cuando llegue el momento de ir contra los muchos reyes y naciones, entonces cstas

 

bendiciones serán necesarias; así, las tendré guardadas para ese momento, pero para enfrentarme a

 

Esaú, esta bendición me será útil.

 

Él puede compararse con un rey que tiene bajo su mando muchas cohortes de soldados dirigidos por

 

capitanes hábiles, listos para ponerse en combate contra la más fuerte adversidad. El reyes informado

 

que un ladrón de caminos asola el campo, y da órdenes: Que mis guardas de las puertas vayan a luchar

 

contra él. Se le pregunta: ¿No tienes a otros a quienes mandar de entre tus múltiples cohortes más que a

 

estos guardas de las puertas? Él responde: Ellos podrán luchar contra el ladrón. Llegará un día en que

 

necesitaré luchar contra un terrible enemigo, y para ese momento debo guardar mis tropas y capitanes.

 

Así habló Jacob: Contra Esaú, estas bendiciones son suficientes; pero las otras bendiciones debo

 

reservarlas hasta que llegue el día en que mis descendientes las necesiten para tomar su lugar en contra

 

de los grandes gobernantes del mundo.

 

Cuando llegue ese momento, estas bendiciones comenzarán a funcionar y el mundo estará en

 

armonía. De entonces en adelante, el único reino prevalecerá por sobre todos los demás reinos, y durará

 

para siempre, como está escrito: “Hará pedazos y consumirá a todos estos reinos, y permanecerá para

 

siempre” [Dan. 2: 44].

 

Con respecto a las bendiciones de Jacob, el Rabino Hiyya citó el verso: “Un vestigio habrá de

 

volver, aun el vestigio de Jacob” [Isa. 10: 21]. El Rabino Hiyya dijo: esto se refiere a las demás

 

bendiciones. Más adelante está escrito: “Y el vestigio de Jacob deberá estar entre la gente como el rocío

 

del Señor cuando cae sobre el pasto” [Macab, 5: 6].

 

El Rabino Yesa dijo: Está escrito: “Que el hijo rinda honores a su padre y el sirviente a su amo”

 

[Ma. 1: 6]. Esaú fue un hijo tal, pues ningún hombre sobre la tierra rindió honores tan grandiosos a su

 

padre como Esaú, lo cual le otorgó dominio sobre el mundo. Eliezer, el sirviente de Abraham,

 

ejemplificó el honor dado de un “sirviente a su amo”. Más aún, Israel fue sujeto de Esaú debido a las

 

lágrimas que Esaú derramó, y esto será así hasta que llorando ellos regresen al Ser Supremo, bendito

 

sea, como está escrito: “Ellos vendrán bañados en llanto” [Jer. 31: 9]. En ese momento se cumplirá la

 

profecía: “Y los salvadores vendrán al monte Zion, para juzgar el monte de Esaú; y el reino será del

 

Señor” [abad. 1: 21]. Bendito sea el Señor, por siempre jamás.

 

Mejor que José

Sentado un día a las puertas de Lydda, el Rabino Abba vio a un hombre que se acercaba e iba a

 

sentarse en un borde sobresaliente en la tierra, allá abajo. El hombre estaba fatigado del viaje y se

 

quedó dormido. El Rabino Abba observó que una serpiente se arrastraba en dirección al hombre aquél;

 

casi estaba junto a él cuando una rama cayó violentamente desde un árbol y la mató. Ahora el hombre

 

despertaba y, al ver a la serpiente frente a él, brincó; en este instante, el borde se desmoronó y la tierra

 

cayó al fondo del vacío.

 

El Rabino Abba se acercó al hombre y le dijo: Dime, ¿por qué Dios te ha considerado merecedor de

 

milagros? ¿Qué has hecho?

 

Ante lo cual, el hombre respondió: Quienquiera que me haya hecho daño, en cualquier momento,

 

siempre hice las paces con él y lo perdoné. Y si fui incapaz de estar en paz con él, entonces me contuve

 

para no ir a descansar antes de perdonado, y junto con él, perdoné a todo aquel que me había ofendido;

 

en ningún momento cavilé en la ofensa que el hombre aquél me había hecho; más bien, hice un

 

esfuerzo especial de bondad a partir de entonces para con ese hombre.

 

El Rabino Abba, al escuchar lo anterior, lloró y dijo: Este hombre sobrepasa aun a José y a sus

 

hechos; el hecho de que José mostrara paciencia para con sus hermanos era natural; pero este hombre

 

ha hecho más que eso y es justo y necesario que el Ser Supremo, bendito sea, realice milagros en él en

 

17

 

lo sucesivo.

 

Después, el Rabino Abba discurrió respecto del verso: “Aquel que camina derecho, camina seguro;

 

pero aquel que tuerza su camino, será conocido” [Prov. 10: 9]. “Aquel que camine derecho”, dijo; es

 

decir, el hombre que sigue el camino de la Torah, sólo un hombre así, “camina seguro”, y las fuerzas

 

del mal en el mundo no le pueden hacer ningún daño; pero “aquel que tuerza su camino” y se aleje del

 

sendero de la verdad, “será conocido”, será marcado entre aquéllos designados para ser juzgados, quien

 

mantendrá su imagen en mente hasta un momento así, e irá al lugar del juicio. Pero, respecto de aquél

 

que camina por el sendero de la verdad”, él queda bajo la protección de Dios, así que los ejecutantes del

 

juicio no pueden saber quién es. Dichosos aquellos que caminan por el sendero de la verdad.

 

La gran fiesta

En un estado de gran tristeza, el Rabino Isaac un día se sentó enfrente de la puerta del Rabino J

 

udah. Al salir y verlo así, el Rabino Judah preguntó: ¿Qué te preocupa hoy?

 

El Rabino Isaac replicó: He venido a pedirte tres cosas. Primero, que cuando recites cualquiera de

 

mis elucidaciones de la Torah, lo hagas en mi nombre. Segundo, te pido que instruyas a mi hijo José en

 

la Torah. Y tercero, te pido que cada siete días vayas a mi tumba y hagas oración.

 

El Rabino Judah habló: ¿Por qué causa piensas que vas a morir?

 

Él respondió: Últimamente, mi alma me ha estado abandonando por la noche y no me ha iluminado

 

con sueños como antes lo hacía. Además, cuando me inclino hacia adelante en oración, percibo que mi

 

sombra no se proyecta en el muro y concluyo que esto ocurre porque el heraldo se ha adelantado y está

 

proclamando algo acerca de mí.

 

El Rabino Judah dijo entonces: Haré lo que dices. Pero a cambio te pido que me guardes un lugar a

 

tu lado en el otro mundo para estar juntos como aquí.

 

El Rabino Isaac lloró y respondió: Te ruego que permanezcas a mi lado el resto de mis días.

 

Juntos fueron con el Rabino Simeón, que estaba dedicado al estudio de la Torah. El Rabino Simeón

 

alzó los ojos, vio al Rabino Isaac y, ante él, corriendo y bailando, al Ángel de la Muerte; el Rabino

 

Simeón fue hasta la puerta caminando y, tomando al Rabino Isaac de la mano, le dijo: Declaro que

 

aquél que suela entrar, entre, y aquél que no, no entre. Luego, el Rabino lsaac y el Rabino Judah

 

entraron, y el Angel de la Muerte se mantuvo afuera.

 

Al ver al Rabino Isaac, el Rabino Simeón percibió que su hora todavía no había llegado, pero que

 

tenía pausa hasta la octava hora del día, e hizo que el Rabino Isaac se sentara a estudiar la Torah.

 

Luego, el Rabino Simeón dijo a su hijo, el Rabino Eleazar: Siéntate junto a la puerta y no hables con

 

nadie, y si alguien quisiera entrar, no se lo permitirás y de esto responderás con tu palabra.

 

y se dirigió al Rabino lsaac: ¿Has visto hoy el rostro de tu padre? Sabemos que cuando a un hombre

 

le llega la hora de irse de este mundo, se encuentra rodeado de su padre y sus parientes, y los mira, los

 

reconoce y ve a todos aquellos que habían sido sus compañeros en este mundo; y ellos acompañan a su

 

alma a la nueva morada que tendrá.

 

A esto, el Rabino Isaac respondió: Aún no he visto.

 

Entonces, el Rabino Simeón se levantó y dijo: ¡Maestro del Universo! El Rabino lsaac es ilustre

 

entre nosotros y uno de los siete ojos del mundo. Está en mi casa, por tanto, que se quede conmigo.

 

Luego, se escuchó una voz: El trono de su Señor está cerca de las alas del Rabino Simeón. He aquí

 

que él es tuyo y te acompañará cuando entres a hacer tu morada en tu trono. Ahora, el Rabino Eleazar

 

vio que el Ángel de la Muerte se acercaba, y él le dijo: La Muerte no puede dictar su sentencia en el

 

lugar donde está el Rabino Simeón.

 

El Rabino Simeón entonces llamó a su hijo: Ven acá y sé el apoyo del Rabino Isaac porque veo que

 

está temeroso.

 

El Rabino Elcazar lo hizo y el Rabino Simeón se fue a estudiar. Ahora el Rabino Isaac se quedó

 

dormido y en un sueño él contempló a su padre quien le decía: Hijo mío, tu grey es dichosa en este

 

18

 

mundo y en el mundo por venir. Por esta razón, entre las hojas del árbol de la vida, en el Jardín del

 

Edén, se erige un gran árbol que es el Rabino Simeón ben Yohai, poderoso en ambos mundos; él te

 

protege con sus ramas.

 

El Rabino Isaac le preguntó: Padre, ¿qué porción me corresponde aquí?

 

El replicó: Hace tres días, tu recámara fue techada y se arregló para ti, con ventanas en los cuatro

 

lados para permitir que entrara la luz, y cuando vi tu morada me dio gran alegría y dije: Tu porción es

 

dichosa, sólo que tu hijo aún no ha aprendido lo suficiente de la Torah. y mira ahora, doce Compañeros

 

de bien deseaban mucho ir a visitarte y justo cuando nos disponíamos a imos, una voz surgió por todos

 

los mundos, clamando: Ustedes, Compañeros que aquí se encuentran, sientan orgullo por el Rabino

 

Simeón quien ha hecho una petición y le ha sido concedida.

 

19

 

*

Y más aún; todavía quedan por encontrar aquí setenta sitios coronados que son suyos, y cada sitio

 

tiene puertas que abren setenta mundos, y cada mundo abre setenta canales y cada canal abre setenta

 

coronas supremas, y de ahí salen caminos que. llevan al Ancestro Inescrutable,

 

**

abriendo una vista de

 

ese placer celestial que da una brisa e iluminación a todos, tal como está dicho: “Para ver la dicha del

 

Señor y visitar Su templo” [Salmos 27: 4].

 

Entonces, el Rabino Isaac preguntó: Padre, ¿cuánto tiempo se me ha concedido para permanecer en

 

este mundo?

 

Él replicó: No me está permitido revelar esto, ni es algo que se le muestre al hombre. Sin embargo,

 

cuando la gran fiesta del Rabino Simeón

 

***

se lleve a cabo, ustedes prepararán su mesa.

 

El Rabino Isaac ahora despertó y su rostro mostró una sonrisa.

 

Al observar esto, el Rabino Simeón habló: ¿No has escuchado algo?

 

Sí, replicó; y le relató su sueño y se postró ante el Rabino Simeón.

 

Desde ese día, según se cuenta, el Rabino lsaac celosamente enseñó la Torah a su hijo, a quien

 

siempre mantuvo a su lado. Cuando iba a conversar con el Rabino Simeón, solía dejar a su hijo afuera,

 

y sentándose junto al Rabino Simeón, se aplicaba a sí mismo las palabras: “Oh, Señor, estoy oprimido,

 

sé mi luz” [Isa. 38: 14].

 

Hemos aprendido que cuando a un hombre le llega su hora de irse de este mundo, en ese día temido

 

los cuatro cuadrantes del mundo lo denuncian y los castigos se aparecen de los cuatro lados, y los

 

cuatro elementos entran en disputa, cada uno clamando irse a su propio lado. Entonces, un heraldo sale

 

y proclama y la proclama es escuchada en doscientos setenta mundos. Si el hombre lo merece, él es

 

gozosamente recibido en todos los mundos, pero si no, ¡desdichado sea el hombre y su pueblo!

 

Hemos aprendido que ante la proclamación del heraldo, surge una llama del Norte que atraviesa la

 

“corriente de fuego” [Dan. 7: 10], y se divide para pasar a los cuatro cuadrantes del mundo para ahí

 

consumir las almas de los pecadores. Después de lo cual, se marcha y se dispara hacia arriba y hacia

 

abajo hasta que se establece entre las alas de un gallo negro que entonces agita sus alas y grazna en el

 

umbral de la reja. Primero grita: “Pues he aquí que llegará el día en que arderá como el fuego del

 

hogar…” [Mal. 3: 19]. La segunda vez grita: “Pues, miren. Aquél que formó las montañas y creó el

 

viento y declaró al hombre su pensamiento” [Amos. 4: 13]; ésta es la ocasión en que los hechos del

 

hombre presentan testigos en su contra y él los acepta como suyos. La tercera vez, vienen a arrebatarle

 

el alma, y el gallo canta: “¿Quién no Te temería a Ti, oh Rey de las naciones? Pues es digno de Ti”

 

[Jer. 10: 7].

 

El Rabino Yose dijo: ¿Por qué ha de ser un gallo negro?

 

Y el Rabino Judah replicó: Un significado místico yace en todo aquello que el Todopoderoso hace.

 

Sabemos que el castigo cae sólo en un lugar similar a él. Siendo el negro símbolo del lado del juicio, la

 

llama, al ir hacia adelante, ilumina las alas de un gallo negro que es el más digno.

 

 

 

 

 

*

Dios, en su aspecto más oculto.

**

Es decir, que el Rabino Isaac viviera.

***

Esta fiesta es una expresión parabólica de la muerte.

Así es que cuando se acerca la hora del juicio del hombre, comienza a llamarlo; y sólo el que sufre

 

sabe, como hemos visto, que un nuevo espíritu entra desde arriba a un hombre que descansa enfermo,

 

cuya hora de partida del mundo está cerca, y es en virtud de este nuevo espíritu que él percibe lo que no

 

podía percibir antes, y luego se va del mundo. Así queda escrito: “Pues el hombre no podrá verme y

 

vivir” [Éxodo 33: 20]; durante la vida, no; pero, a la hora de la muerte, le es permitido.

 

Vemos, más aún, que a un hombre, en la hora de su muerte, le es permitido contemplar a sus

 

parientes y compañeros del otro mundo. Todos ellos se alegran por él, y le dan la bienvenida si él es

 

bueno, pero si no, entonces sólo los pecadores que a diario son arrojados al Gehinnom lo reconocen.

 

Todos se han entristecido y, “¡Desdichados!”, comienza y termina su plegaria. Alzando los ojos al

 

cielo, él los mira como una llama que se proyecta desde el fuego y junto con ellos exclama: “¡ Oh,

 

desdicha!”

 

Hemos visto que cuando el alma de un hombre abandona el cuerpo, se reúne con sus parientes y

 

compañeros del otro mundo quienes la guían hasta el ámbito del goce y el sitio de la tortura. Si es

 

bueno, él ocupará su lugar y ascenderá y estará ahí instalado gozando de los placeres del otro mundo.

 

Pero si no, entonces su alma permanece en este mundo hasta que su cuerpo reciba sepultura en la tierra,

 

después de lo cual los verdugos lo apresan y lo arrastran hasta la presencia de Dumah, príncipe de Ge-

 

hinnom que lo conduce al nivel que le corresponde en Gehinnom.

 

El Rabino Judah dijo: Durante siete días el alma va de su casa a su tumba y de su tumba a su casa,

 

de un lado al otro, de luto por el cuerpo, de acuerdo con el verso: “Pero su carne sufrirá dolor por él y

 

su alma guardará luto por él” [Job 14: 22], y así como contempla la pena de la casa, también se aflige.

 

Ahora sabemos que al término de los siete días, el deterioro del cuerpo se instala y el alma entonces

 

se pone en su lugar. Primero se le permite entrar a la cueva de Machpclah hasta un cierto punto, puesta

 

en armonía con sus méritos. Luego llega al lugar donde se halla el Jardín del Edén y ahí se encuentra

 

con el querubín y la espada Damígera que se halla en el bajo Jardín del Edén y, si se le considera digna,

 

podrá entrar.

 

Sabemos que ahí cuatro pilares están esperando, y en sus manos tienen la forma de un cuerpo cuyas

 

vestiduras el alma gozosamente se pone y después permanece en el círculo del Bajo Jardín que le ha

 

sido otorgado en el tiempo antes dicho. Después, un heraldo hace la proclama y ahí es presentado un

 

pilar de tres tonos llamado “la habitación del monte Sión” [lsa. 4:5]. Junto a este pilar asciende el alma

 

hasta la reja de la bondad donde se halIan Sión y Jerusalén. Dichosa el alma considerada digna de

 

ascender más alto, pues entonces se reúne con el Cuerpo del Rey. Si no merece ascender más alto,

 

entonces “aquél que se quede en Sión y aquél que permanezca en Jerusalén será llamado santo” [Isa. 4:

 

3]. Pero cuando al alma le es concedido ascender más alto, entonces ve frente a ella la gloria del Rey y

 

le es otorgado el placer supremo de la región que recibe el nombre de Ciclo. Dichoso aquel que reciba

 

esta gracia.

 

El Rabino Yose dijo: Existe una gracia alta y una gracia baja. La gracia alta se halla sobre los ciclos

 

como estáescrito: “Pues Tu misericordia es grande bajo los cielos” [Salmos 108: 5]. y respecto de la

 

gracia baja dice: “Pues Tu misericordia es grande en los cielos” [Salmos 57: 11], y a ésta última

 

pertenecen las “fieles misericordias de David” [Isa. 55: 3].

 

La muerte de Jacob

“Y los días en que Israel debía morir estaban cerca” [Gen.47:29].

 

El Rabino Hiyya dijo: Aquí, en la mención de su muerte, el nombre de Israel está escrito, mientras

 

arriba, al hablar de su vida, recibe el nombre de J acob, como está escrito: “Y Jacob vivió…” [Gen. 47:

 

28]. ¿Por qué ocurre esto? El Rabino Yose replicó: Nótese ahora la palabra “días”. No resulta extraño,

 

pues un hombre mucre sólo en un día, o mejor dicho, en un instante.

 

La razón, no obstante, es ésta: Cuando Dios ha decidido recibir nuevamente el espíritu de un

 

hombre, pasa revista sobre todos los días de la vida del hombre en este mundo.

 

20

 

Y dichoso el hombre cuyos días están cerca de pasar ante el Rey sin culpa alguna, sin que uno solo

 

sea rechazado debido a algún pecado en él contenido. Así pues, se dice que los buenos “están cerca” ya

 

que sus días están cerca de pasar ante el Rey sin culpa alguna. Y, desgraciado sea el malvado cuyos

 

días se pasan en pecado y no se registra abajo y, por tanto, sus días no pueden estar cerca. De ellos

 

queda dicho: “Los caminos del malvado son como la oscuridad; no saben ante qué se tambalean” [Prov.

 

4: 19].

 

Así pues, está escrito que los días de Israel “estaban cerca”, sin culpa alguna y con gozo inmaculado;

 

por lo tanto, se usa el nombre de Israel como significado de una perfección mayor que el nombre de

 

Jacob.

 

El Rabino Yose dijo: Hay algunos hombres buenos que, al tener los días contados, se alejan del Rey,

 

y otros hay cuyos días se acercan al Rey, y su pueblo está bendito, y entre éstos estaba Israel.

 

“Y llamó a su hijo José” [Gen. 47: 29]. ¿Acaso los demás no eran sus hijos?

 

El Rabino Abba explicó: Vemos que se habla de José como del hijo de Jacob de una manen: más

 

conmovedora que de sus hermanos. Pues recordamo, que cuando fue tentado por la esposa de Putiphar,

 

alzó la vista y contempló la imagen de su padre (como está escrito: “Y ninguno de los hombres de la

 

casa estaba ahí” [Gen. 39: 11] ), y cuando José vio a su padre, se resistió y se marchó. Y así Jacob, al

 

bendecir a todos sus hijos, le dijo a José: “Lo sé, hijo mío, lo sé” [Gen. 48: 19], y la repetición de las

 

palabras significa: Sé en qué ocasión con tu propio cuerpo probaste que eras mi hijo.

 

Además se explica que José se parecía tanto a su padre que cualquiera que lo veía reconocía que era

 

el hijo de Jacob. Así pues, Jacob lo l1amó “hijo mío”. A esto, el Rabino Yose añadió otra razón, a

 

saber, que José fue el báculo de Jacob y su familia durante la vejez de Jacob.

 

Más aún, Jacob le pidió a José y a ningún otro de sus hijos, que le diera sepultura pues solamente

 

José lo podía llevar fuera de Egipto.

 

El Rabino Yose preguntó entonces: Jacob sabía que sus descendientes serían esclavos en Egipto;

 

¿por qué, entonces, no dio muestras de una preocupación verdaderamente paternal pidiendo que se le

 

enterrara ahí para que su mérito los protegiera? Sin embargo, sabemos por la tradición que Jacob,

 

cuando se dispuso a ir a Egipto, fue invadido por el miedo de que su posteridad se perdiera entre las

 

naciones y que Dios le retirara su Presencia. Así pues, Dios le dijo: “No temas ir a Egipto, pues haré de

 

ti y de tu pueblo ahí una gran nación” [Gen. 46: 3]; más aún: “Iré contigo a Egipto” [Gen. 46: 4]. Así y

 

todo, Jacob temía ser sepultado en Egipto y no con sus ancestros, ante lo cual dijo Dios: “Además, te

 

traeré de regreso después” [ibid.], lo que quiere decir, para que puedas ser sepultado con tus padres.

 

Entonces, por diversas razones, Jacob deseaba asegurar su regreso de Egipto. En primer lugar,

 

porque tenía conocimiento de que Dios castigaría a los dioses de los egipcios, y temía que los egipcios

 

hicieran de él un dios. También estaba seguro de que Dios no retiraría su Presencia de entre sus

 

descendientes en el exilio. En tercer lugar, deseaba que su cuerpo fuera puesto a descansar junto con

 

sus ancestros, para estar entre ellos y no con los pecadores de Egipto, pues Jacob, como es sabido,

 

repitió la belleza ‘de Adán, y era de forma sublime y sagrada, digna del trono sagrado. El secreto del

 

asunto es, no obstante, que no existe separación entre los. patriarcas y, por tanto, él dijo: “Cuando yo

 

duerma con mis padres” [Gen. 47: 30].

 

Hay aún otra razón para que Jacob llamara a José “hijo mío”: fue a Raquel a quien Jacob había dado

 

toda su devoción, y desde el principio había mostrado más entusiasmo en tener a José que a cualquiera

 

de sus demás hijos.

 

El Rabino Simeón dijo: Todos los actos del hombre están escritos en un libro y han sido examinados

 

por el Rey y quedaron revelados ante él; por tanto, que e,l hombre se preocupe por no pecar, ni en

 

modo alguno ir en contra de la voluntad de su Señor, pues hasta los pensamientos del hombre le son

 

conocidos a Dios y a El no se le puede eludir.

 

Así, la noche en que Jacob fue con Leah y ella le ofreció las prendas que él le había dado a Raquel,

 

él tuvo.

 

motivos para pensar que era Raquel, y Dios, para quien ningún secreto queda oculto, permitió que el

 

21

 

pensamiento de Jacob se detuviera y así el derecho de nacimiento de Rubén le fue dado a José, siendo

 

como fue la primera semilla de Jacob, y así Raquel fue a su herencia. Así fue como Leah lo nombró

 

Rubén [un hijo] y no Rubeni [mi hijo].

 

Se nos ha enseñado que Dios sabía que Jacob no tenía intenciones de transgredir nada, ni le permitió

 

a su mente voltear a ver a otra mujer en aquel momento como lo hacen los pecadores y, por tanto, está

 

escrito: “Los hijos de Jacob eran doce” [Gen. 35: 22]. Existe otro nombre conocido por los Compañeros

 

que se le da al hijo del pecador que actúa como antes dijimos. Así pues, queda dicho que Jacob “puso a

 

su hijo por nombre José”, su propio  hijo, su hijo al principio y al final.

 

“Pon la mano bajo mi muslo, te lo ruego” [Gen. 47: 29]. El Rabino Yose dijo: Jacob insistió en que

 

él jurara por la marca del pacto que había sido puesta en su carne, pues los patriarcas consideraban esto

 

de primordial importancia, y este pacto queda también simbolizado en José.

 

El Rabino Simeón dijo: Encontramos asimismo “pon la mano bajo mi muslo”, con referencia tanto a

 

Abraham como a Jacob, pero no en relación a Isaac, debido a que Esaú nació de Isaac.

 

Más aún, uno puede imaginar que Jacob quería decir: Júrame por la marca sagrada que ha concedido

 

al mundo semilta sagrada y fervorosa permaneciendo siempre libre de mancha, que no me sepultarás

 

entre gente impura, que no ha obedecido a Dios. Si es así, ¿por qué, uno se preguntaría, José, que

 

mantuvo el pacto, fue sepultado entre ellos? Por lo siguiente: en bien de una situación en particular,

 

como cuando Dios se le apareció a Ezequiel a las puertas de la Tierra Santa, junto al río Chebar. Pues

 

Dios vio que si José fuera a ser alejado de ahí, los israelitas serían reducidos a la esclavitud, por lo cual

 

dijo: Que su sepulcro esté en el agua,

 

*

lugar no susceptible de impureza [levítica] y luego los israelitas

 

podrán soportar el cautiverio.

 

El Rabino Yose dijo: Jacob percibió que, como sus padres, estaba preparado de todas maneras para

 

ser parte de la carroza sagrada [en la cual descansa la Divinidad], pero consideró imposible que su

 

cuerpo estuviera unido al de sus padres si se le sepultaba en Egipto.

 

Los patriarcas, como es sabido, podían hacer que sus mujeres fueran sepultadas con ellos en la

 

cueva de Machpelah; y, ¿por qué, entonces, se sepultó a Jacob con Leah y no con Raquel que era “el

 

fundamento de h casa”? Por la razón de que Leah concibió más hijos de la semilla sagrada.

 

El Rabino Judah dijo: Cuando Leah supo que Jacob era bueno, comenzó a salir día a día al camino a

 

llorar por él y a orar por él. Raqud nunca hizo algo así. De donde le fue concedido a Leah ser sepultada

 

con él y, en cambio, la tumba de Raqucl fue colocada junto al camino.

 

En la doctrina secreta, tal como hemos asentado, la razón es que una simboliza la esfera del ser

 

revelada y la otra, la oculta. Por la tradición sabemos que la virtuosa Leah derramó muchas lágrimas

 

rogando serIe dada a Jacob y no al malvado Esaú. Y así percibimos que cualquiera que tenga un castigo

 

marcado para sí, podrá lograr que se le cancele rogando con lágrimas ante el Omnipotente; así pues,

 

Leah, concedida a Esaú por decreto sagrado, logró a base de oración satisfacer su preferencia por Jacob

 

y se salvó de ser otorgada a Esaú.

 

El Rabino Isaac dijo: Queda escrito: “Y la sabiduría de Salomón superaba a la sabiduría de todos los

 

niños del Este” [1 Reyes 5: 10]. ¿Qué significa “la sabiduría de los niños del Este”? Sabemos por la

 

tradición que ésta fue la sabiduría heredada por ellos de Abraham. Pues leemos que Abraham “dio todo

 

lo que tenía a Isaac” [Gen. 25: 5]; esto hace referencia a la alta sabiduría que era la de Abraham, porque

 

poseía el conocimiento del nombre sagrado de Dios. “Pero a los hijos de las concubinas que Abraham

 

tuvo, Abraham concedió dones” [Gen. 25: 6], es decir, conocimiento del tipo de las coronas inferiores

 

[las fuerzas demoniacas] y los estableció en el “país del Este” [ibid.] y fue de esta fuente que los niños

 

del Este recibiron su sabiduría mágica…

 

“Pero cuando duerma con mis padres” [Gen. 47: 30]. Dichosa la descendencia de los patriarcas:

 

ellos son la carroza sagrada de Dios quien se ha regocijado en ellos y ha sido coronado con ellos; por lo

 

tanto, está escrito: “Sólo el Señor se regocijó en sus padres” [Deut. 10: 15].

 

 

 

 

 

*

De acuerdo con la tradición, -la tumba de José fue puesta en el río, donde permaneció hasta el Éxodo.

22

 

El Rabino Eleazar dijo: Jacob tenía conocimiento de que sería coronado en sus padres y sus padres

 

en él.

 

El Rabino Judah dijo: Los oídos del hombre están cerrados a las admoniciones de la Torah, y sus

 

ojos a su propio estado, al no darse cuenta que el día en que un ser humano aparece en el mundo,

 

aparecen todos los días destinados a él y éstos pulularán por el mundo y luego cada uno descenderá al

 

hombre para prevenido. Y si el hombre, habiendo sido de tal modo prevenido, aun así transgrede en

 

contra de su Maestro, entonces ese día en el cual transgrede, asciende en vergüenza y permanece

 

aislado afuera, a la vista, y se queda así hasta que el hombre se arrepiente. Si el hombre opta por el

 

bien, el día vuelve a su posición original; pero si no, entonces va a reunirse con el espíritu exterior y

 

regresa a su morada y luego toma la misma forma de la vergüenza para perseguir al hombre y

 

permanecer con él en su casa. Si el hombre hace el bien, prueba ser un buen compañero; si no, re…

 

sultaría un mal compañero. De cualquier modo, este tipo de día queda fuera del número global y no se

 

cuenta con los demás.

 

Desdichado el hombre que ha reducido sus días ante el Todopoderoso y no ha guardado para sí los

 

días con los que se coronará en el otro mundo y se aproximará al Rey. Pues siendo digno, asciende en

 

virtud de esos días, y esos días en los cuales hizo el bien y no pecó fueron para su alma un ropaje de

 

esplendor. Desdichado será el hombre que ha reducido sus días en las alturas, pues los días dañados por

 

sus pecados faltan cuando llega el momento de revestirse con sus días, y su ropaje es, por lo tanto,

 

imperfecto; mucho peor resulta si hay muchos días de éstos y luego no tiene nada para ataviarse en el

 

otro mundo. Pobre de él y de su alma: es castigado en Gehinnom muchos días por cada uno de aquellos

 

días, viendo que . cuando abandonó este mundo estaba sin ningún día para ataviarse y no tenía ningún

 

ropaje que echarse encima.

 

Los que hacen el bien son dichosos pues sus días están bajo la custodia del Rey y consituyen

 

vestiduras espléndidas para ataviarse con ellas en el otro mundo. Este es el significado secreto del verso

 

“y sabían que estaban desnudos” [Gen. 3: 7], que quiere decir, las. gloriosas vestimentas hechas durante

 

esos días quedaron arruinadas y no restó ningún día para vestirse. Permaneció así todo hasta que Adán

 

se arrepintió. Luego, Dios lo perdonó e hizo otras ropas para él, pero éstas no estaban hechas de sus

 

días, como está dicho: “Y el Señor Dios hizo para Adán y para su mujer ropajes de pieles y los vistió”

 

[Gen. 3: 21].

 

Vemos que al respecto de Abraham dice: “Entró a los días” [Gen. 24: 1], pues al abandonar este

 

mundo ciertamente ganó posesión de sus días anteriores como una investidura, y su ropaje de esplendor

 

era abundante y perfecto. Pero Job dijo de sí mismo: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo

 

regresaré a él” [Job 1 :21], ya que no había ropaje alguno con el cual pudiera vestirse.

 

Nuestros maestros nos han enseñado: Los buenos son dichosos en tanto sus días están sin mancha y

 

permanecen para el mundo futuro, y así después de la muerte, los días se juntan para hacer un ropaje de

 

esplendor en el que tendrán. el honor de probar las delicias del mundo futuro y en los cuales están

 

destinados a recibir la vida nuevamente. Pero desdichados serán los pecadores cuyos días estén

 

dañados y, en consecuencia, no les quede nada con qué vestirse cuando abandonen el mundo.

 

Más aún, hemos aprendido que todo lo que ellos por medio del bien han ganado para sí mismos, es

 

un ropaje de gloria, hecho de sus días, y ellos en el futuro serán coronados como los patriarcas, con

 

coronas de la corriente que fluye sin cesar hacia el Jardín del Edén, y está escrito de ellos que: “El

 

Señor los guiará continuamente y satisfará su alma en sitios csplcndorosos” [Isa. 58: 11]; pero los

 

pecadores que no hayan conseguido para sí taJes vestiduras serán “como un tamariz en el desierto y no

 

verán cuando el bicn se acerque, sino que habitarán los lugares secos en la selva” [Jer. 17:6].

 

El Rabino Isaac dijo entonces: Jacob, de entre todos los hombres, tuvo la oportunidad más feliz,

 

pues el ropaje se debió tanto a sus días como a los de sus ancestros; por tanto, dijo: “Cuando duerma

 

con mis padres”.

 

El Rabino Judah dijo: Cuando Jacob entró a obtener la bendición de su padre, estaba vestido con la

 

ropa de Esaú. Sin embargo, está escrito que Isaac olió sus vestiduras [Gen. 27: 27], es decir, vino hasta

 

23

 

su nariz el olor de las vestiduras de Jacob en el mundo futuro y fue a cuenta de esto que le dio su

 

bendición. Y entonces dijo: “Miren, el olor de mi hijo es como el olor de un campo que el Señor ha

 

bendecido” [ibid.], que se refiere al campo de los manzanos sagrados en donde el rocío del ámbito

 

llamado cielo cae todos los días; y continuó: “Así Dios te concederá el rocío del cielo” [Gen. 27: 28].

 

Se nos ha enseñado que cada día del Jardín del Edén se alzan quince olores con los que se perfuman las

 

vestiduras preciosas en el otro mundo.

 

El Rabino Judah preguntó cuántos vestidos hay. El Rabino Eleazar contestó: Al respecto los

 

maestros difieren, pero en realidad existen tres. Uno es para vestir al espíritu [ruah] en el Jardín del

 

Edén terrenal. Más precioso es el segundo, que es para vestir al alma suprema [neshamah] cuando se

 

halla entre “el haz de la vida” [1 Sam. 25: 29], en el círculo del Rey. El tercero es un abrigo exterior

 

que aparece y desaparece con el cual el alma vital [nefesh] se atavía. Este se mueve de un lugar a otro

 

en este mundo y durante los Sabbaths y las Lunas Nuevas busca al espíritu en el paraíso terrenal, del

 

cual aprende ciertas cosas y el conocimiento de ellas esparce en este mundo. Se enseña que durante los

 

Sabbaths y las Lunas Nuevas, el alma [nefesh] hace dos visitas. Primero, busca al espíritu entre los

 

perfumes del paraíso terrenal y luego junto con el espíritu busca al alma suprema en “el haz de la vida”

 

y se regala en la espléndida luz que emana de ambos lados. Esto queda implícito en las palabras: “El

 

Señor. .. satisfará su alma en sitios esplendorosos” [Isa. 58: 11], donde el plural está diseñado para

 

incluir ambos, la refulgencia exterior del lugar del espíritu y la luz dentro de la luz que viene a ellos al

 

estar con el alma suprema en “el haz de la vida”.

 

Un sello en el corazón

En cierta ocasión, deseando alejarse del calor del sol, el Rabino Eleazar y el Rabino Abba fueron a

 

una cueva en Lydda. El Rabino Abba habló: Acompasemos esta cueva con palabras de la Torah. El

 

Rabino Eleazar entonces comenzó citando el verso: “Pónme como un sello en el corazón, como un

 

sello en el brazo. ” los relámpagos de ahí son relámpagos de fuego, la flama misma del Señor” [Canto

 

8: 6].

 

El dijo: Este verso ha provocado intensas discusiones.

 

U na noche me hallaba en espera de mi padre y le oí decir que las almas de los justos, sólo ellas, las

 

que propician la verdadera devoción de la Comunidad de Israel hacia Dios y su deseo por él, hacen

 

posible el fluir de las aguas inferiores hacia las superiores, y esto trae consigo amistad perfecta y el

 

anhelo por el abraw mutuo con objeto de dar frutos. Cuando se unen uno al otro, entonces dice la

 

Comunidad de Israel, en la grandeza de su afecto: “pónme como un sello en el corazón”. Pues, tal como

 

la marca del sello debe discernirse aun después de que el sello ha sido quitado, así me quedaré con

 

ustedes aún después de que me hayan apartado y me hayan puesto en cautiverio: esto dice la

 

Comunidad de Israel.

 

Así pues, “Pónme como un sello en el corazón”, para que pueda permanecer en ustedes la

 

semblanza, como la marca de un sello.

 

“Pues el amor es tan fuerte como la muerte” [ibid.], violento como le es la separación del espíritu

 

del cuerpo; pues hemos aprendido que cuando un hombre está por abandonar este mundo y ve cosas

 

maravillosas, su espíritu, como un barquero sin remos yendo de arriba a abajo y sin rumbo fijo en el

 

mar, también se bambolea de arriba a abajo en sus piernas, pidiendo retirarse de cada una y sólo con

 

gran desgarramiento se lleva a cabo su separación. Así, violentamente, es como la Comunidad de Israel

 

ama a Dios. “Los celos son tan crueles como la tumba” [ibid.]. Sin celos, no es un amor verdadero. Así

 

aprendemos que para que el amor de un hombre por su mujer sea perfecto debe estar celoso, pues

 

entonces no mirará a ninguna otra mujer.

 

Cuando se sentaron, escucharon que el Rabino Simeón se acercaba por el camino con el Rabino

 

Judah y el Rabino Isaac. Cuando el Rabino Simeón llegó a la cueva, el Rabino Eleazar y el Rabino

 

Abba salieron de ella. Y dijo el Rabino Simeón: Por los muros de la cueva pércibo que la Presencia

 

24

 

Divina ronda este lugar. Y todos tomaron asiento.

 

El Rabino Simeón preguntó: ¿ De qué han estado discurriendo?

 

El Rabino Abba replicó: Del amor que la Comunidad de Israel le tiene a Dios. Y el Rabino Eleazar

 

citó en ese contexto las palabras: “Pónme como un sello en el corazon .

 

El Rabino Simeón dijo: Eleazar, era el amor celestial y las ligas del afecto lo que estabas a punto de

 

percibir. Luego, permaneció en silencio durante un rato y al fin dijo: El silencio siempre es agradable,

 

salvo en lo que concierne a la Torah. Poseo una joya que compartiría contigo. Es una idea profunda que

 

me surgió al toparme con el libro de Ray Hamnuna, el Viejo. Dice así: Siempre es el varón quien

 

persigue a la hembra buscando estimular su amor; pero en este caso vemos a la hembra persiguiendo al

 

varón y cortejándolo, algo que no se cuenta: usualmente entre lo que corresponde a la hembra. Pero en

 

esto existe un misterio profundo, uno de los tesoros más apreciados del Rey. Sabemos que tres almas

 

pertenecen a los divinos grados. No, cuatro, pues hay un alma suprema que es imperceptible,

 

ciertamente, para el guardián del tesoro inferior y hasta para el del tesoro superior. Ésta es el alma de

 

todas las almas, inconocible e inescrutable. Todo es contingente en ella, lo cual está cubierto por un

 

velo brillante y encantador. De él se forman perlas que se tejen juntas como articulaciones del cuerpo, y

 

en ellas entra y a través de ellas manifiesta su energía. Ella y ellas son una, y no hay división alguna

 

entre ellas. Sin embargo, otra alma femenina está oculta entre las demás y tiene un cuerpo adherido a

 

ella por medio del cual manifiesta su poder, como el alma en el cuerpo humano.

 

Estas almas son como copias de las articulaciones ocultas abajo. No obstante, otra alma está ahí, a

 

saber, las almas de los justos abajo que, viniendo de almas superiores, el alma de la hembra y el alma

 

del varón, son por ende preeminentes por encima de todas las legiones celestes. Podría surgir la

 

pregunta: si son preeminentes de ambos lados, ¿por qué descienden a este mundo sólo para ser tomadas

 

ahí en algún futuro?

 

Esto puede explicarse por medio de un símil: Un rey tiene un hijo a quein manda al pueblo a que

 

reciba educación hasta que sea iniciado en las maneras de palacio. Cuando se informa al rey que su hijo

 

ha llegado a la madurez, el rey, por amor, manda a la matrona, su madre a traerlo de regreso a palacio y

 

ahí el rey se regocija con él todos los días. De este modo, el Ser Supremo, bendito sea, poseía un hijo

 

de la Matrona, es decir, el alma suprema. Lo mandó al pueblo, es decir, al mundo, para que creciera ahí

 

y fuera iniciado en las maneras del palacio del Rey. Cuando se le informó que su hijo había llegado a la

 

madurez y debía regresar a palacio, el Rey, por amor, mandó a la Matrona por él para que lo trajera a

 

palacio de nuevo. El alma no abandona este mundo hasta el momento en que la Matrona ha llegado por

 

ella para conducida al palacio del Rey donde ella habita por siempre. Con todo, los vecinos del pueblo

 

lloran por la partida del hijo del Rey de entre ellos. Pero un hombre sabio les dijo: ¿Por qué lloran? ¿No

 

era éste el hijo del Rey, cuyo verdadero lugar está en el palacio de su padre y no con ustedes?…

 

Si los buenos se dieran cuenta de esto, se .llenarían de gozo cuando les llegara la hora de irse del

 

mundo. Pues, ¿acaso no les honra en gran medida que la Matrona venga por su causa para llevados al

 

palacio del Rey, donde el Rey puede día a día regocijarse en ellos? Pues para Dios no hay gozo más

 

que aquél de las almas de los justos. Sólo las almas de los justos aquí en la tierra pueden encender el

 

amor de la Comunidad de Israel por Dios, pues vienen del lado del Rey, del lado del varón. Este transporte

 

pasa a la hembra

 

y excita su amor,

 

y así el varón

 

enciende el amor

 

y el afecto de la hembra,

 

y la

 

hembra

 

se une al varón en el amor.

 

De igual modo,

 

el

 

deseo, el deseo de la hembra

 

de derramar

 

aguas

 

inferiores

 

para que se unan con las aguas superiores,

 

25

 

*

se enciende sólo en virtud de las almas de los

 

justos. Y así, dichosos los justos en este mundo y en el mundo por venir, pues en ellos se basan los

 

seres superiores e inferiores. Así pues, queda escrito: “Los justos son el fundamento del mundo” [Prov.

 

10: 25].

 

 

 

 

 

*

Las aguas superiores e inferiores representan fuerzas masculinas y femeninas, o los principios activo y pasivo en la

 

Creación.

 

 

ÉXODO
Los diez SEFIROT

Si dijéramos la frase: “Pues no le fue dado ver ninguna forma de semejanza” [Deut. 4: 15], no está

 

escrita, se nos respondería: En verdad nos fue concedido contemplarlo en una semejanza dada, pues

 

acerca de Moisés está escrito: “Y la semejanza del Señor contempla” [Núm. 12: 8]. No obstante, el

 

Señor fue revelado sólo en aquella semejanza que Moisés vio y en ninguna otra de cualquier creación

 

formada por sus señales. Así pues, queda escrito: “¿En quién entonces verán la semejanza de Dios? O,

 

¿qué semejanza podrán comparar con Él?” [Isa. 40: 18]. Asimismo, hasta esa semejanza era una

 

semblanza del Ser Supremo, bendito sea, no como está en su sitio que sabemos impenetrable, sino

 

como el Rey que manifiesta su poder de dominio por sobre su creación toda, y así se aparece a cada

 

una de sus creaturas como cada una puede entenderlo, tal como está escrito: “Y en el ministerio de los

 

profetas he utilizado semejanzas” [Hos. 12: 11].

 

26

 

*

Luego, dice Él: Si bien en tu propia semejanza quedo

 

yo representado, ¿con quién me compararás y harás comparable?

 

Porque en el principio, cuando ni la forma ni el aspecto habían sido creados, Él no tenía forma ni

 

semejanza. Así está prohibido a aquél que lo aprehenda imaginarlo bajo cualquier tipo de forma o

 

aspecto, ni siquiera con sus letras y vav,

 

**

ni siquiera con su nombre completo sagrado, ni con

 

cualquier letra o signo de ninguna clase. Entonces, “Pues no le fue dado ver ninguna forma de

 

semejanza” quiere decir: Tú no contemplaste nada que pudiera imaginarse en forma o aspecto, nada

 

que pudieras reunir dentro de una concepción finita.

 

Pero cuando Él hubo creado el aspecto del hombre supremo, fue por una carroza y en ella descendió

 

para ser conocido por el apelativo Y H V H, para que fuera aprehendido por sus atributos y en cada uno

 

en particular para que fuera percibido. Así pues, él fue quien provocó que se le nombrara Él, Elohim,

 

Shaddai, Zevaot y Y H V H, de los que cada uno era símbolo entre los hombres de sus varios atributos

 

divinos, poniendo de manifiesto que el mundo se sostiene por la misericordia y la justicia, de acuerdo

 

con los hechos del hombre. Si el esplendor de la gloria del Ser Supremo, bendito sea, no hubiera sido

 

derramado sobre su creación toda, ¿cómo habrían podido, incluso los sabios, aprehenderlo? Habría

 

continuado siendo inconocible y, con toda certeza, no podrían decirse las palabras: “La tierra entera

 

está llena de Su gloria” [Isa. 6:3].

 

Sin embargo, desdichado el hombre temerario que pretendiera identificar al Señor con un solo

 

atributo, aunque fuera el Suyo propio y mucho menos ;cualquier forma existente “cuyo origen está en

 

el polvo” [Job. 4: 19], y cuyas creaturas son frágiles, se van pronto, se pierden pronto en la mente. El

 

hombre se atreverá a proyectar una sola concepción del Ser Supremo, bendito sea, aquella de su

 

soberanía sobre algún atributo o sobre la creación en su totalidad. Pero si Él no es visto bajo estas

 

manifestaciones, entonces no existe ni atributo, ni semejanza, ni forma en Él; como el mismo mar

 

cuyas aguas carecen de forma y solidez en sí mismas y, la tienen sólo cuando se esparcen en la vasija

 

de la tierra.

 

De aquí que podamos contar que es así: Uno, es el origen del mar. Una corriente proviene de él

 

dando un vuelco que es yod.

 

*** El origen es uno y lo primero, y la corriente lo segundo, dos. Luego se

 

forma la vasta cavidad conocida como el mar, que es como un canal cavado en la tierra, y se llena con

 

las aguas que provienen del origen; y este mar es la tercera cosa. Esta vasta cavidad se divide en siete

 

canales, semejantes a ese número de largos tubos, y las aguas van del mar hacia los siete canales.

 

Juntos, el origen, la corriente, el mar y los siete canales suman diez. Si el Creador que hizo estos tubos

 

 

 

 

 

*

En este verso se entiende que Dios se manifiesta a cada profeta de acuerdo con sus capacidades de comprender a Dios.

 

**

Las cuatro letras del nombre Y H V H se entienden como símbolos de las manifestaciones del poder creador de Dios en
todos y cada uno de los seres.

***

La primera letra del nombre de Dios.

decidiera romperlos, entonces las aguas regresarían a su origen y sólo quedarían vasijas rotas, secas, sin

 

agua.

 

De la misma guisa, la Causa de causas ha derivado los diez aspectos de su Ser que se conocen como

 

selirot y nombró a la corona ‘la Causa’, que es una fuente de luz que-nunca-se-agota de donde él se

 

designa a sí mismo eyn sof, el Infinito, Ni aspecto ni forma tiene Él, y no existe vasija que lo contenga,

 

ni modo alguno de aprehenderlo. A esto se refieren las palabras: “Cuídate de no buscar cosas que son

 

demasiado duras para ti y cuídate de no buscar aquellos que esté oculto para ti”.

 

27

 

*

Después, Él dio forma a una vasija tan diminuta como la letra yod y la llenó de Él y la llamó ‘Fuente

 

de donde mana la Sabiduría’ y se llamó a sí mismo ‘Sabio’ por ello. y después, formó una vasija larga

 

llamada mar y la designó como ‘Entendimiento’ [binah] y a sí mismo ‘el que entiende’ por ello. Tanto

 

‘sabio’ como el que ‘entiende’ es Él, en su propia, esencia, mientras que la Sabiduría en sí misma no

 

puede aspirar a ese título sino sólo a través de aquel que es sabio y la ha hecho plena de su origen; y así

 

el Entendimiento en sí mismo no puede aspirar a ese título, sino sólo a través de aquel que la llenó con

 

su propia esencia y se transformaría en una aridez si Él se fuera de ahí. Al respecto está escrito: “Como

 

las aguas se van del mar y el río se seca”. [Job. 14: 11].

 

Finalmente, “Él divide [al mar] en siete corrientes” [Isa. 11: 15], es decir, lo guía hacia siete vasijas

 

preciosas a las que da por nombre Grandeza, Poder, Gloria, Victoria, Majestad, Fundamento,

 

Soberanía;

 

**

en cada una, Él se designa a sí mismo así: grande en la Grandeza, poderoso en el Poder,

 

glorioso en la Gloria, victorioso en la Victoria, “la belleza de nuestro Creador” en la Majestad, justo en

 

el Fundamento [dr. Prov. 10:25]. Todas las cosas, todas las vasijas, y todos los mundos, él los sostiene

 

en el Fundamento.

 

En la última, la Soberanía, Él se llama a sí mismo Rey y suya es “la grandeza, y el poder, y la gloria,

 

y la victoria, y la majestad pues todo lo que existe en el ciclo y en la tierra es Tuyo; Tuyo es el reino, oh

 

Señor, y Tú serás enaltecido como cabeza por sobre todo” [1 Crón. 29: 11]. En su poder descansan

 

todas las cosas, sea que escoja reducir el número de vasijas o aumentar la luz que de ellas emane, o sea

 

lo contrario. Pero sobre Él no existe deidad alguna con poder de aumentar o reducir.

 

Además, hizo seres que sirvieran a dichas vasijas: cada uno era un tronco apoyado en cuatro

 

columnas con seis escalones, diez por todo. Así, el trono es como la copa de la bendición de la cual

 

diez mandamientos se han hecho [en el Talmud] en armonía con la Torah que fue dada en Diez

 

Palabras [el Decálogo] y con las Diez Palabras, a partir de las cuales el mundo fue creado.

 

Desde las profundidades

“Desde las profundidades he invocado tu nombre, oh Señor” [Sal. 130: 1 ,2]. Porque se erige sin el

 

nombre de un autor, todos los hombres de todas las generaciones pueden hacer suyo este Salmo. Es

 

deber de todo hombre que haga oración ante el Rey Supremo orar desde las profundidades de su alma

 

pues sólo entonces su corazón se dirigirá enteramente a Dios y su mente quedará enteramente volcada

 

en su oración.

 

Ya David había dicho: “Con todo mi corazón Te he buscado” [Sal. 119 :10]. Y podríamos preguntar:

 

¿Por qué fue más allá de esto y dijo “desde las profundidades”? Debido a esto el hombre debe poner

 

mente y corazón exclusivamente en el pensamiento de la fuente de fuentes cuando hace oración ante el

 

Rey para que pueda recibir bendiciones de [las esferas llamadas] “la profundidad del pozo”, la fuente

 

de toda vida, el “arroyo que proviene del Edén” [Gen. 2: 10] que, “hace que la ciudad de Dios se

 

regocije” [Sal. 46: 5].

 

 

 

 

 

*

Ben Sira, tal como se le cita en el Talmud, Hagigah 13a

**

 

 

Éstas designan a los siete últimos sefirot.

 

La oración trae a la bendición desde arriba hacia abajo:

 

28

 

*

cuando el Ancestro Inescrutable desea

 

bendecir al mundo, hace que su generosidad, su gracia, se reúnan en la profundidad celestial desde

 

donde la oración humana los sacará del “pozo”, haciendo posible con ello que todos los arroyos y

 

riachuelos queden llenos.

 

Dos aspectos

Así habló el Rabino Abba: Qué querrán decir los israelitas con: “¿Está el Señor entre nosotros o

 

no?” [ayin, nada; Éxodo 17: 7]. ¿Seria que en su insensatez no se daban cuenta de que estaba entre

 

ellos? ¿Acaso no estaban delimitados por la Divina Presencia y rodeados por nubes de gloria? ¿Acaso

 

no contemplan la luz de la esplendorosa majestad de su Rey en virtud del mar? ¿No hemos oído decir

 

que a una sirvienta en el Mar Rojo le fue concedida una mayor visión que a Ezequiel?

 

La explicación es, tal como la ha hecho el Rabino Simeón, que los israelitas deseaban cerciorarse de

 

que la manifestación de la Divinidad que se les había otorgado fuera la del Ancestro Inescrutable, el

 

Trascendente, quien, ubicado más allá de la comprehensión, es designado como ayin [nada], o del

 

“Pequeño Aspecto”, el Inmanente, que es designado Y H V H. Por lo tanto, gracias a la palabra lo [no]

 

tenemos aquí la palabra ayin [nada].

 

Uno se preguntaria: ¿por qué, entonces, fueron castigados los israelitas? La razón es que hicieron

 

una distinción entre estos dos aspectos de Dios y “probaron al Señor” [ibid.] diciéndose: Oraremos de

 

una manera si es el U no, y de otra manera si es el Otro.

 

Sabbath

“Recuerda el día del Sabbath, y manténlo sagrado” [Éxodo 20:8].

 

El Rabino Isaac dijo: Está escrito: “Y Dios bendijo el séptimo día” [Gen. 2: 3]; no obstante, se ha

 

dicho del maná: “Durante seis días lo han de reunir, pero en el séptimo, que es el Sabbath, no habrá

 

nada” [Exodo

 

16 : 26]. ¿ Qué bendición puede ese día conllevar en el cual falta la comida? Así y todo, hemos

 

aprendido que del séptimo día proceden todas las bendiciones de arriba y abajo. ¿Por qué sólo en este

 

día, entonces, faltaba el maná?

 

Queda explicado así: los seis “días” del mundo trascendente derivan sus bendiciones del séptimo día

 

y de aquello que rccibió del séptimo día cada uno de los días supremos manda alimentos al mundo de

 

abajo. Así pues, a aquel que obtenga el grado de fe le incumbe preparar una mesa y una comida la

 

víspera del Sabbath [el viernes] para que su mesa sea bendita a lo largo de los seis días restantes de la

 

semana. Esto es así porque junto con la preparación del Sabbath, se prepara la bendición de todos los

 

seis días por venir, ya que una mesa vacía no lleva bendición alguna. Así uno debe contribuir a la mesa

 

con pan y otros alimentos la víspera del Sabbath.

 

El Rabino Isaac añadió: Y también el día del Sabhath. El Rabino Judah dijo: En este día uno

 

necesita celebrar tres comidas para que el día refresque y satisfaga.

 

El Rabino Abba dijo: Con esto debe uno cumplir para que los días supremos que derivan su

 

bendición del séptimo, puedan ser bendecidos. En este día, el rocío que viene del Ancestro, el Todo

 

Oculto,

 

**

llenará la cabeza del “Pequeño Aspecto”; él lo hace descender al sagrado “Campo de

 

Manzanos”

 

***

tres veces después en la entrada del Sabbath para que todos reunidos obtengan la

 

 

 

*

Según el Zohar, este verso quiere decir: “Desde las profundidades [en que te hallas] yo invoco tu nombre”.

**

***

Ver el pasaje: Dos Aspectos.

 

El “Campo de Manzanos” simboliza la esfera de la Presencia Divina.

bendición. De aquí se deduce que las tres comidas del día son necesarias no sólo para nosotros sino

 

para toda la creación pues de esta guisa está satisfecha la fe verdadera en el Antecesor, el “Pequeño

 

Aspecto” y el “Campo de Manzanos”, y en los tres debemos regocijamos. Y es como si él dañara y

 

rompiera la perfección de las regiones allá arriba quien no respeta tomar parte en los tres alimentos…

 

Pues el Sabbath es el centro de la fe, por lo tanto al hombre se le concede en este día, por añadidura,

 

un alma suprema en la que está toda la perfección de acuerdo con los designios del mundo por venir.

 

¿Qué significa la palabra Sabbath? El Nombre del Ser Supremo, bendito sea, el Nombre de la armonía

 

perfecta por todos lados.

 

Dijo el Rabino Yose: En verdad, esto es así. Pobre de aquel que no ayuda a perfeccionar la dicha del

 

Rey supremo. ¿En qué consiste, entonces, esa dicha? Las tres comidas de la Fe, las comidas en las que

 

toman parte Abraham, Isaac y Jacob, y a través de la cual la dicha queda expresada, la fe perfecta por

 

todos lados. Tal como se nos ha enseñado, en este día los padres son coronados y todos los hijos

 

reciben la inspiración del poder y la luz y la dicha, a un grado que no se otorga en otros días festivos.

 

Los pecadores reciben una tregua en Gehinnom en este día. En este día, la Torah queda coronada con

 

coronas de perfección. En este día la dicha y la alegría reverberan a lo largo de doscientos cincuenta

 

mundos. Hay que observar esto también. En cada uno de los seis días de la semana, a la hora de la

 

oración vespertina, la fuerza del juicio inmitigado permanece y la retribución está alerta. No así en el

 

Sabbath. Cuando la hora de la oración vespertina del Sabbath ha llegado, reinan las influencias

 

benignas, la bondad amorosa del Sagrado Antecesor se pone de manifiesto, todos los castigos se

 

levantan y la dicha y la satisfacción están por doquier. En esta hora de satisfacción y gracia, el Santo,

 

fervoroso profeta Moisés, partió de este mundo para que pudiera saberse que no fue llevado por el

 

juicio sino que su alma ascendió en la hora de gracia del Sagrado Antecesor para ocultarse en él. Así

 

pues, “Ningún hombre conoce su sepulcro hasta este día” [Deut. 34: 6]. Así, el Sagrado Antecesor es el

 

Todo Oculto, inconocible para aquellos arriba y abajo; así también fue ocultada el alma de Moisés, en

 

la revelación, a la hora de la oración vespertina del Sabbath, de la gracia de Dios. De todas las cosas

 

ocultas de este mundo, esta alma de Moisés es la más oculta y no puede ser juzgada. Bendito sea el

 

pueblo de Moisés.

 

En este día, la Torah queda coronada en perfecta gloria, en todos sus mandamientos, en todos los

 

decretos, en todos los castigos de la transgresión: una corona de setenta ramas de luz radiando por

 

todos lados. Oh, qué dicha ver las pequeñas ramas brotando de las ramas más grandes, y cinco de las

 

ramas irguiendo al árbol mismo ¡donde todas las ramas se abarcan! Oh, contemplar las rejas abriéndose

 

por todos lados, abriendo paso al esplendor y a la gloria de la luz inextinguible. Se oye una voz: ¡Despierten,

 

santos celestiales! i Despierten, gentes santas,

 

escogidas para reunirse con su Señor, despierten

 

perfectamente

 

regocijados! ¡Alístense, en la dicha triple

 

de los tres patriarcas! ¡Alístense para la fe,

 

dicha de dichas! ¡Oh, israelitas, qué dichosos son, benditos en este mundo, benditos en el mundo por

 

venir! Más allá de todas las naciones paganas, ésta es su herencia: “una señal entre ustedes y Yo”

 

[Éxodo 31: 13].

 

Dijo el Rabino Judah: Es verdad, así cs. De aquí: “Recuerden el día Sabbath y manténganlo sagrado”

 

[Lev. 19: 2]; “Llamen al Sabbath una delicia y a lo sagrado del Señor, honorable” [Isa. 58: 13].

 

Los amantes de la Torah

Una noche, el Rabino Hiyya y el Rabino Yose se encontraron en la torre de Tiro y se alegraron de

 

tenerse uno al otro como compañero.

 

Dijo el Rabino Yose: ¡Qué bueno es mirar el rostro de la Presencia Divina! Todo el tiempo cuando

 

venía para acá, tuve que sufrir la modesta charla de un viejo que guiaba el burro. Me molestaba con

 

todo tipo de preguntas tontas; por ejemplo: ¿qué serpiente vuela por los aires con una hormiga que

 

descansa tranquila entre sus dientes? ¿Qué comienza en unión y termina en separación? ¿Qué águila

 

29

 

tiene su nido en un árbol que no existe y sus jóvenes criaturas que no han sido creadas, en un lugar que

 

no es? ¿Qué son aquellos que descienden cuando ascienden y ascienden cuando descienden? ¿Qué es

 

aquello de lo cual dos son uno y uno es tres? ¿Quién es la bellísima virgen que no tiene ojos

 

y un

 

cuerpo oculto y sin embargo revelado -oculto durante el día, revelado en la mañana- y está engalanada

 

con ornamentos que no son? De esta manera me vino fastidiando todo el camino. Pero al fin puedo

 

gozar de paz y tranquilidad, y podemos abandonarnos a la discusión de la Torah en vez de desperdiciar

 

el tiempo en charlas inútiles.

 

El Rabino Hiyya dijo: ¿Conoces acaso al viejo aquél? El Rabino Yose replicó: Sé que no tiene nada

 

en él; si lo tuviera, habría vivido con algunas palabras de las Escrituras y nosotros no habríamos

 

simplemente desperdiciado el tiempo en el camino.

 

El Rabino Hiyya preguntó entonces: ¿ Está el viejo en esta casa? Pues puede ser en ocasiones que

 

una vasija aparentemente poco profunda lleve algunos granos de oro.

 

Y el Rabino Yose replicó: Sí, aquí está; está preparando la pastura para el burro.

 

En cuanto esto se dijo, lo llamaron ante su presencia y él vino. El viejo inmediatamente pronunció lo

 

siguiente: ¡Ahora los dos se han hecho tres y los tres, uno! Dijo el Rabino Yose: ¿No es verdad que les

 

dije que todo el tiempo está diciendo insensateces? El viejo tomó asiento y dijo:

 

Señores, apenas recientemente me he dedicado a guiar este burro. Tengo un hijo joven que va a la

 

escuela y me gustaría educado en las enseñanzas de la Torah; por eso, cada vez que veo a un estudiante

 

en el camino, voy tras él, esperando aprender algo nuevo relacionado con la Torah; pero hoy no he

 

aprendido nada nuevo.

 

El Rabino Yose dijo: Una cosa en especial, de todo lo que te he escuchado decir, me asombra pues

 

muestra tal insensatez en un hombre de tu edad, a menos que no supieras de qué estabas hablando.

 

El viejo dijo: ¿A qué te refieres?

 

El Rabino Yose replicó: A lo que dijiste respecto de la bellísima virgen…

 

En este momento de su discurso [de las paradojas] el viejo hizo una pausa y luego los dos rabinos

 

cayeron de rodillas ante él y, derramando lágrimas, le dijeron: Si hubiéramos venido al mundo sólo

 

para poder escuchar la palabra que proviene de tu boca, habría valido la pena.

 

Y dijo él: Compañeros, no fue sólo para decir lo que he hecho hasta ahora que me metí en este

 

discurso ct5n ustedes, pues ciertamente un viejo como yo apenas se detendría ante frases así, haciendo

 

un sonido como de una sola moneda en un frasco. Toda una multitud de humanos vive en la confusión

 

y es incapaz de percibir el camino de la verdad que reside en la Torah, y la Torah, en el amor, los llama

 

día a día a ella, pero, pobres desdichados, ellos voltean la cabeza. Es tal y como he afirmado: la Torah

 

libera una palabra, de ella viene una muestra muy pequeña y luego se oculta de nuevo. Pero esto lo

 

hace para aquellos que la entienden y siguen sus preceptos.

 

La Torah puede compararse con una bellísima y majestuosa doncella que está recluida en una

 

recámara aislada de palacio, y tiene un amante cuya existencia sólo ella conoce. Por amor a ella, él pasa

 

por su reja incesantemente y voltea los ojos en todas direcciones para descubrirla. Ella sabe muy bien

 

que él está por siempre rondando el palacio y, ¿qué hace al respecto? Abre’ de par en par una pequeña

 

puerta en su recámara secreta, por un instante revela su rostro al amante y luego rápidamente se retira.

 

Sólo él, nadie más, se da cuenta; pero él sabe que es por amor a él que ella se le ha revelado por un

 

instante, y el corazón, el alma y todo en el interior de él se dirigen hacia ella.

 

Así sucede con la Torah, que descubre sus más profundos secretos sólo a aquellos que la aman. Ella

 

sabe que aquel que sea sabio de corazón ronda las rejas de su morada día tras día. Y, ¿qué hace ella?

 

Desde su palacio le muestra su rostro a él, y le da una señal de su amor y luego se retira a su oculta

 

morada. Sólo él recibe su mensaje y se ve atraído hacia ella con toda su alma y todo su corazón y con

 

todo su ser. De esta manera, la Torah, por un momento se descubre por amor a los que la aman, para

 

hacer que ellos renueven su amor. Estos son los caminos de la Torah. En el principio, cuando apenas se

 

 

 

 

 

*

La frase también podría querer decir: en la que nadie ha posado los ojos. El pasaje siguiente así lo explica.

30

 

*

le revela a un hombre, le da alguna señal. Si él la comprende, está muy bien; pero si no es capaz,

 

entonces ella lo hace venir y lo llama “simplón”, y dice a sus mensajeros: Vayan a decirle a aquel

 

simplón que venga a mí y converse -como está escrito: “Aquel que sea un simplón, que se vuelva y

 

venga acá” [Prov. 9 : 4]. y cuando llega, ella comienza a conversar con él, al principio desde atrás del

 

velo que ha puesto a sus palabras, para que él pueda acomodar su manera de entendimiento y pueda

 

progresar gradualmente. Esto se conoce como derashah.

 

31

 

* Después ella le habla cubierta con un delgado

 

velo de tul muy fino, le habla con enigmas y alegorías y a éstos se les llama haggadah.

 

Cuando por fin él está en términos cercanos con ella, le descubre su rostro y sostiene una

 

conversación con él acerca de todos sus misterios secretos y todos los caminos secretos que han estado

 

ocultos en su corazón desde tiempo inmemorial. Así un hombre se hace un verdadero adepto a la

 

Torah, un “señor de la casa”, pues a él, ella le ha descubierto todos sus misterios sin guardar ni

 

esconder uno solo. Ella le dice: ¿Ves la señal, la pista, que te di en un principio? ¿ Ves cuántos

 

misterios encierra? El entonces cae en la cuenta de que no se puede añadir una sola cosa a las palabras

 

de la Torah, ni se les puede quitar tampoco ningún símbolo, ni una letra.

 

Así deberían los hombres seguir a la Torah, con todas sus fuerzas, y convertirse en sus amantes,

 

como hemos visto.

 

 

 

El destino del alma

En el momento en que el Ser Supremo, bendito sea, estaba a punto de crear el mundo, decidió

 

formar todas las almas que a su debido tiempo fueran dispensadas para los hijos de los hombres, y cada

 

alma fue formada exactamente para el cuerpo que estaba destinada a vigilar. Escrutando cada uno, vio

 

que entre ellos había algunos que caerían en los caminos del mal en el mundo. A cada uno, a su debido

 

tiempo, el Ser Supremo, bendito sea, lo convidó a ir a él y luego dijo: Anda, desciende a éste y a aquel

 

lugar, a éste y a aquel cuerpo.

 

Y sin embargo, con cierta frecuencia, el alma replicaba: Señor del mundo, yo estoy alegre de

 

permanecer en este este sitio y no tengo deseo alguno de partir con rumbo a otro donde estaré en

 

esclavitud y no permaneceré inmaculada.

 

Ante lo cual el Ser Supremo, bendito sea, replicaba: Tu destino es y ha sido desde el día de tu

 

formación, ir a ese mundo.

 

Luego el alma, dándose cuenta de que no podía desobedecer, involuntariamente descendía y entraba

 

a este mundo.

 

La Torah, consejera del mundo entero, vio esto y gritó a la humanidad: ¡Atención, vean cómo el Ser

 

Supremo, bendito sea, tiene piedad de ustedes! Sin costo alguno, les ha mandado a ustedes su perla

 

preciosa para que la usen en este mundo y sea el alma sagrada. “Y sin un hombre vendiera a su hija

 

para que ella se convirtiera en su sirvienta” [Éxodo 21: 7], es decir, cuando el Ser Supremo, bendito

 

sea, les dé a su hija, el alma sagrada, como sirvienta para que ustedes la guarden en servidumbre y ella

 

les implore, a su debido tiempo, “ella no saldrá como los sirvientes lo hacen” [ibid.], es decir,

 

manchada por el pecado, sino en libertad, en luz, en pureza, para que su Señor se regocije en ella y la

 

recompense bastantemente con las glorias del Paraíso, como está escrito: “Y el Señor. .. satisfará tu

 

alma con esplendor” [Isa. 58: 11], es decir, cuando ella haya ascendido de vuelta a esa esfera,

 

esplendorosa y pura.

 

Pero “si ella no complace a su señor” [Exodo 58: 11] porque se ha ensuciado con el pecado,

 

entonces, ¡desdichado el cuerpo que eternamente ha sido desprovisto de su alma! La razón es que

 

aquellas almas que ascienden de este mundo en una condición de esplendor y pureza se mandan a los

 

 

 

 

 

*

 

 

Derivado de las leyes de la letra de las Escrituras.

 

archivos del Rey, cada una por su nombre; y él dice: He aquí el alma de este individuo; ella le

 

pertenece al cuerpo que ha dejado. Tal como está escrito: “Que haya contraído nupcias con ella”

 

[ibid.].

Pero “si ella no complace a su Señor”, lo cual significa que si ella se ha ensuciado con el pecado y la

 

culpa, Él se niega a designar el mismo cuerpo que antes era para ella, y así ella queda desprovista de él

 

para siempre, salvo que su Señor le conceda la gracia y la guíe nuevamente hasta su cuerpo [por

 

transmigración] pues, “entonces él le permite ser redimida” [ibid.]. Como está escrito: “El redimió su

 

alma de los fuegos de la hoguera” [Job 33: 28]. Esto quiere decir que un hombre es aconsejado a

 

redimir su alma a través del arrepentimiento. En verdad, hay un doble significado en las palabras

 

“entonces él le permite ser redimida”, pues aluden a la redención personal del alma de un hombre en

 

virtud del arrepentimiento, y después a la redención de Gehinnom por el Ser Supremo, bendito sea.

 

“Y si él la casara con su hijo, él deberá darle el trato que se les da a las hijas” [Éxodo 21: 9]. ¡Cuánto

 

cuidado debe tener un hombre para no vagar por la senda equivocada en este mundo! Pues si él

 

evidenciara su valor en este mundo, habiendo vigilado los pasos de su alma con toda precaución,

 

entonces el Ser Supremo, bendito sea, se complacerá mucho con él y diariamente lo alabará ante su

 

familia suprema en esta guisa: ¡Vean al hijo bienamado que es mío en el mundo allá abajo! He aquí sus

 

actos y la probidad de sus caminos.

 

Y cuando un alma así parte de este mundo, pura, esplendorosa, inmaculada, el Ser Supremo, bendito

 

sea, diariamente la hace brillar con multitud de resplandores y, respecto de ella, proclama: He aquí el

 

alma de mi hijo, tal y tal: que se preserve para el cuerpo del cual ha partido.

 

Este es el significado de las palabras: “Y si él la casara con su hijo, él deberá darle el trato que se les

 

da a las hijas”. ¿Qué significan las palabras “el trato que se les da a las hijas”? Es un secreto que se

 

halla sólo bajo la custodia de los sabios: Un palacio conocido como el Palacio del Amor descansa en

 

una gran roca, bajo un firmamento por demás secreto. Aquí en este lugar se guardan los tesoros del Rey

 

y todos sus besos de amor. Toda alma amada por el Ser Supremo, bendito sea, entra a ese palacio. Y

 

cuando el Rey hace su aparición, “Jacob besa a Raquel” [Gen. 29: 11], o sea, el Señor discierne cada

 

alma sagrada y, tomando una por una para sí, la abraza y la mima y le da “el trato que se les da a las

 

hijas” aún como un padre actúa respecto de su hija bienamada, abrazándola y mimándola y

 

presentándole regalos.

 

El sufrimiento de los niños inocentes

 

 

Salomón dijo: “Pero regresé y consideré a todos los oprimidos que existen [lit., se hacen] bajo el sol;

 

y contemplélas lágrimas de los oprimidos que no tenían quien los consolara” [Ecles. 4: 1].

 

¿Realmente fue capaz de ver a todos aquellos que estaban oprimidos? Desde luego que no; pero él

 

se refería a los pequeños que fueron arrancados del pecho de sus madres. Ciertamente, seres así sufren

 

?presión de todos lados, en las alturas en la esfera celestial, y abajo en la tierra. Los más oprimidos son

 

aquellos que sufren por su herencia y de ellos está escrito: “Cirniéndose la iniquidad de los padres

 

sobre los hijos hasta la tercera o cuarta generación” [Éxodo 20: 5]…

 

Consideren al niño nacido de la unión adúltera de un hombre y la mujer de su vecino que, oculta o

 

abiertamente, se ha robado; el Ser Supremo, bendito sea, seguramente le dará un cuerpo y forma a

 

aquel niño, y luego en verdad es “un oprimido al que se hace tal”, es decir, a pesar del Todopoderoso.

 

Reflexionando a este respecto, Salomón dijo: Considero a la adolorida descendencia de estos

 

desafortunados oprimidos que han’ sido “hechos” tales, y las lágrimas que derraman ante el Ser

 

Supremo, bendito sea. Sollozando, llevan su lamento ante él: Cierto es que todo aquel que peque debe

 

morir. Pero, Rey del universo, un niño de un día de nacido, ¿ deberá acaso ser juzgado? Estas son “las

 

lágrimas de los oprimidos que no tenían quien los consolara”.

 

Todos derramaron lágrimas, aunque entre ellos había diferencias. Uno, por ejemplo, es un hijo

 

32

 

concebido en incesto. Inmediatamente, al venir al mundo, se le rechaza de la comunidad de la gente

 

santa y el infeliz bastardo derrama lágrimas y gime ante el Ser Supremo, bendito sea: ¡Señor del

 

mundo! Si aquellos que me concibieron cometieron pecado, ¿cuál es mi culpa? Si yo he buscado

 

siempre hacer el bien ante tus ojos.

 

Pero más dolorosa es la pena que rodea a aquellos “oprimidos” que son arrancados del pecho de sus

 

madres. Por ellos, en verdad, llora el mundo entero; las lágrimas de estos pequeños no tienen igual, sus

 

lágrimas provienen de los más profundos y recónditos lugares de’l corazón, y el mundo entero queda

 

perplejo y dice: Eternamente justos son los juicios del Ser Supremo, bendito sea, y todos sus caminos

 

son los caminos de la verdad. Sin embargo, ¿es necesario que estos infelices infantes mueran cuando

 

están libres de pecado y de culpa? En esto, ¿dónde se encuentra el justo y buen juicio del Señor del

 

mundo? Si son los pecados de los padres lo que constituye la causa de su muerte, entonces ciertamente

 

“no tenían quien los consolara”.

 

Pero, en realidad, las lágrimas derramadas por estos “oprimidos” actúan como una petición y

 

protección para los vivos y merced a su inocencia y la eficacia de su intercesión, a su debido tiempo se

 

prepara un sitio para ellos, uno que no puede ser conseguido u ocupado ni por el más probo de los

 

hombres; pues el Ser Supremo, bendito sea, realmente ama a estos pequeñitos con un amor único y

 

sobresaliente. Los une a él y les prepara un lugar en las alturas cerca de él. Y de éstos está escrito: “De

 

las bocas de los niños de pecho has sacado fuerza” [Salmos 8: 3].

 

Los tres aspectos del alma

Los nombres y grados del alma del hombre son tres: nefesh [alma vital], ruah [espíritu] y neshamah

 

[alma suprema, alma interior]. Los tres quedan comprendidos uno dentro del otro, pero cada uno tiene

 

su morada por separado.

 

Mientras el cuerpo en la tumba se descompone y se reduce a polvo, nefesh se demora con él y ronda

 

por este mundo, yendo de aquí para allá entre los vivos, deseando conocer sus penas e intercediendo

 

por ellos en caso necesano.

 

Ruah se traslada al Jardín del Edén terrenal. Ahí, este espíritu, deseando gozar de los placeres del

 

magnífico Jardín, se adorna con una vestimenta, tal como es, parecida, semejante al cuerpo en el cual

 

tuvo su morada en este mundo. En los Sabbaths, Lunas Nuevas y días festivos asciende hasta la esfera

 

suprema, regalándose con las delicias del lugar y luego regresa a los Jardines; como está escrito: “Y el

 

espíritu [ruah] regresó al Dios que lo concedió” [Ecles. 12: 7], es decir, en las fiestas especiales y

 

ocasiones que hemos mencionado.

 

Pero neshamah asciende inmediatamente a su sitio en el dominio del cual emanó y es por su

 

intercesión que la luz se enciende para que brille en las alturas. Nunca más desciende a la tierra

 

después. En neshamah queda comprendido el Ser que contiene todos los lados, el superior y el inferior.

 

Y hasta el momento en que neshamah ha ascendido a reunirse con el Trono, ruah no puede ser

 

coronada en el Jardín inferior y nefesh no puede descansar en paz en su sitio; pero éstos encuentran la

 

paz cuando ella asciende.

 

Ahora, cuando los hijos de los hombres, atonnentados y apenados, acuden a las tumbas de los que se

 

han ido, entonces nefesh despierta y sale a incitar a ruah a que levante a los patriarcas y después a

 

nesha”Jah. A partir de entonces, el Ser Supremo, bendito sea, tiene piedad del mundo…

 

Pero si neshamah por alguna razón no ha podido ascender a su sitio indicado, ruah, viniendo a la

 

reja del Jardín del Edén, la encuentra cerrada e incapaz de entrar, vaga sola y acongojada; nefesh

 

también se desliza de un lado al otro en el mundo, y al ver el cuerpo en el que una vez fue inquilina

 

devorado por los gusanos y sufriendo el juicio de la tumba, llora por él, como lo dicen bs Escrituras:

 

“Pero su carne se afligirá por él y su alma liorarápor él” [Job 14: 22].

 

33

 

Así todos sufren hasta el momento en que neshamah puede alcanzar su sitio indicado en las alturas.

 

Entonces, no obstante, cada una de las otras dos se apega a su sitio correcto; esto es porque las tres son

 

uno que comprende una unidad, abrazadas en un nexo místico.

 

Servir al Señor con alegría

Le competía al Sumo Sacerdote entrar al Templo con alegría, y cuando se colocó ante Su presencia

 

en aquel lugar sagrado, todas las cosas a su alrededor tenían que expresar alegría. Así está escrito:

 

“Sirve al Señor con alegría; ve hasta su presencia con cantos” [Salmos 100: 2].

 

Esto es así por la razón de que al servicio del Señor no existe sitio para un corazón acongojado.

 

Uno podría preguntar: Si un hombre está atormentado e inmerso en la pena y su corazón pesa y, no

 

obstante la tribulación, siente la necesidad de ir ante el Rey celestial en busca de solaz, ¿debe entonces

 

desistir de la oración debido a su pena? ¿Qué habrá de hacer ya que no puede evitar que su corazón

 

pese?

 

La respuesta es que “desde el día de la destrucción del Templo, todas las rejas del ciclo han sido

 

cerradas, pero las rejas de las lágrimas no han sido cerradas;

 

34

 

*

y el sufrimiento y la tristeza se expresan

 

con lágrimas. Parados en las rejas de las lágrimas, están ciertos seres celestiales y ellos rompen los

 

barrotes y las cerraduras de hierro y permiten a las lágrimas la entrada, para que las súplicas de los

 

llorosos dolientes pasen y lleguen hasta el Rey celestial, y el sitio de la Divina Presencia esté dolido por

 

la pena de aquel que hace oración, como está escrito: “En todas sus aflicciones, Él está afligido” [Isa.

 

63: 9], y cuando el Rey, al entrar al sitio de la Presencia, la encuentra sufriendo, entonces todos sus

 

deseos le son a ella cumplidos.

 

De aquí que la súplica de aquel que sufre no se revierta vacía a él, sino que el Ser Supremo, bendito

 

sea, tiene piedad de él. Bendito sea el hombre que derrama lágrimas cuando reza ante el Ser Supremo,

 

bendito sea.

 

Las estrellas

U na vez, el Rabino Eleazar y el Rabino Abba estaban sentados juntos y llegó el crepúsculo, ante lo

 

cual se levantaron y se dirigieron a un jardín del Lago TiQeriades. En el camino, observaron a dos

 

estrellas que se apresuraban una hacia la otra desde distintos puntos del cielo, se_ encontraban y luego

 

se desvanecían.

 

El Rabino Abba observó: En el cielo, por encima y por sobre la tierra, cuán grandiosas son las obtas

 

del Ser Supremo, bendito sea. ¿Quién puede desentrañar esto, cómo vienen estas estrellas desde

 

distintos puntos, cómó se encuentran y desaparecen?

 

El Rabino Eleazar contestó: No necesitamos haber visto estas dos estrellas para reflexionar sobre

 

ellas, pues hemos deliberado al respecto tal como lo hemos hecho con la multitud de grandiosas obras

 

que el Ser Supremo, bendito sea, siempre está realizando. Entonces, citando el verso “Grandioso es

 

nuestro Señor Todopoderoso; su entendimiento no tiene número”

 

**

[Salmos 147:5], siguió discurriendo:

 

En verdad, grandioso y todopoderoso y sublime

 

es el Ser Supremo,

 

bendito sea. Pero

 

siempre

 

supimos

 

que el Ser Supremo,

 

bendito sea, es

 

grandioso y su poder es infinito; ¿qué

 

nuevo

 

homenaje,

 

entonces, muestra

 

David a Dios con estas palabras?

 

Nótese, sin embargo, que en algún otro lado en los Salmos, él dice: “Grandioso es Y H V H”

 

[Salmos 145: 3], mientras que aquí él dice, “grandioso es nuestro Señor” [adonenu]. ¿Cuál es la razón?

 

 

 

 

 

*

Talmud, Berakhot 32b.

**

Léase, infinito.

Esta: que cuando dice “Grandioso es Y H V H y muy digno de alabanza” [Salmos 145: 3], alude al

 

grado más alto, mientras que aquíse refiere a un grado menor; “grandioso es nuestro Señor”

 

corresponde al “Señor [adon] de toda la tierra” [los. 3: 13]. ¿Qué dice el verso precedente? “Él contó el

 

número de estrenas; y dio a todas un nombre” [Salmos 147 :4]. Si todos los hombres del primero al

 

último se reunieran e intentaran contar las estrellas, no podrían hacerlo, como está escrito: “Alza la

 

vista al cielo y cuenta las estrellas, si eres capaz de hacerlo” [Gen. 15: 5]. Mientras que respecto del Ser

 

Supremo, bendito sea, dice: “El contó el número de estrellas; y dio a todas un nombre”. ¿Por qué es

 

así? Por esta razón: “Grandioso es nuestro Señor Todopoderoso; su entendimiento no tiene número”.

 

Tal como las estrellas no tienen número salvo para él, así su entendimiento “no tiene número”.

 

Observen esto también. Está escrito: “El que trae consigo multitudes. Él las llama a todas por su

 

nombre” [Isa. 40: 26]. El Ser Supremo, bendito sea, trae a todas las multitudes, legiones y estrellas y

 

cada una es llamada por su nombre propio y “ni uno falla” [ibid.]. Designados para estar ante todas las

 

estrellas y constelaciones en los cielos, hay cabezas y líderes y ministros y a ellos corresponde dar

 

servicio al mundo, cada uno de acuerdo con la función que le fue designada. Ni a la hoja de pasto más

 

pequeña de la tierra le falta su estrena propia, especialmente designada para ella en el cielo. Y también

 

cada estreJla tiene a un ser designado para ella, para que la represente con el rango debido y ejerza su

 

ministerio ante el Ser Supremo, bendito sea.

 

Actuando como guardianes de este mundo están todas las estrellas del firmamento y cada objeto

 

individual del mundo tiene a una estrella especialmente designada para que lo cuide. La hierba y los

 

árboles, el pasto y las plantas silvestres, para florecer y multiplicarse deben tener el

 

poder de las estrellas por encima de ellos mirándolos a cada uno en un modo muy particular. El gran

 

nÚmero de planetas y estrellas de todos los tipos emergen al principio de la noche y brillan hasta las

 

tres horas menos cuarto después de la medianoche. A partir de ese momento sólo salen unas cuantas.

 

No es sin propósito que todas las estrellas brillan y sirven. Algunas, cumpliendo su deber durante toda

 

la noche, hacen que la planta que está especialmente bajo su cuidado brote y florezca. Otras comienzan

 

sus actividades al advenimiento de la noche y vigilan a su objeto correspondiente hasta la medianoche.

 

y otras más, cuando han emergido y quedado en conjunción con la planta en especial sobre la que’.

 

influyen, asírápidamente completan su deber especial noche a noche. Cuando cumplen con su tarea,

 

estas estrellas se desvanecen de este mundo, ascendiendo al sitio que les corresponde en las alturas.

 

El libro de la sabiduría excelsa del Este habla de ¡estrellas con colas rastreras, cometas que desde los

 

cielos gobiernan y dirigen el crecimiento de ciertas hierbas en la tierra del tipo conocido como “elixir

 

de la vida” e influyen asimismo en el crecimiento de piedras preciosas y oro que se encuentran en

 

aguas poco profundas, en el seno de altas montañas; y el crecimiento de éstas sucede a merced al

 

resplandor de aquella cola luminosa dejando rastro tras estas estrellas a lo largo del firmamento.

 

Así que también existen padecimientos humanos como la ictericia, por ejemplo, que pueden ser

 

curados si el hierro resplandece rápidamente para adelante y para atrás ante los ojos del que sufre, y

 

como la cola de un cometa envía rayos de luz hacia su rostro, esto trae consigo la curación. y es verdad

 

que sin que la luz del cometa pase en realidad sobre las cosas que están bajo la influencia de dichas

 

estrellas, estas cosas no pueden florecer y desarrollarse, pues gracias a la luz del cometa se hace posible

 

para ellas renovar su color y revigorizarse todo lo necesario. Que esto es verdad, está de igual modo

 

demostrado en el libro del Rey Salomón que, inmerso en la ciencia de las piedras preciosas, afirma que

 

ciertas piedras detienen su crecimiento y nunca llegan a un perfecto desarrollo dado el caso que la luz y

 

el deslumbramiento de ciertas estrellas sea impedido.

 

El Ser Supremo, bendito sea, ha ordenado así todas las cosas para hacer al mundo perfecto y lleno

 

de esplendor y por tanto está escrito que las estrellas han de “dar luz sobre la tierra” [Gen. 1: 17], a

 

todas las cosas necesarias para la perfección del mundo.

 

Una explicación alegórica de Jonás

35

 

La historia de Jonás puede reconstruirse como una alegoría del curso de la vida del hombre en este

 

mundo. Jonás desciende rumbo al barco: esto es paralelo al alma del hombre que desciende para entrar

 

al cuerpo que le corresponde en este mundo. ¿Por qué se le llama Jonás al alma [lit., afligida J? Por la

 

razón de que ella se convierte en sujeto de todo tipo de vejaciones una vez que ha entrado en sociedad

 

con el cuerpo. Así, un hombre en este mundo está como en un barco que cruza el ancho océano y puede

 

ser dc:spedazado, como está escrito: “Así que el barco podía ser destrozado” [Jonás 1: 4].

 

Y asimismo, también el hombre en este mundo comete transgresiones pues supone que su Señor

 

desatiende al mundo y, por tanto, su presencia puede ser eludida. De ahí que el Todopoderoso despierta

 

una tormenta iracunda, es decir, el juicio de un hombre que siempre se encuentra ante el Ser Supremo,

 

bendito sea, e inexorablemente busca su castigo. Entonces es esto lo que golpea el barco, y recordando

 

los pecados del hombre, lo atrapa; el hombre queda en medio de la tempestad y lo aqueja la

 

enfermedad, tal como Jonás “fue lanzado a las partes más profundas del barco; y se acostó y se quedó

 

dormido” [íbid. 1: 5]. Así que el hombre permanece aquejado, y aun así su alma no hace intento alguno

 

por volver a su Señor, volver y expiar sus pecados. Luego, “el capitán del barco vino a él”, es decir,

 

aquel que es el timonel de todo, y la Buena Inclinación, “y le dijo: ¿Qué significa que tú te quedes

 

dormido? Levántate y alza los ojos a tu Dios” [íbid. 1: 6]; no es hora de dormir, estás a punto de ser

 

prendido para que se te haga un juicio por todos tus actos en este mundo. Arrepiéntete de tus malas

 

acciones. Arrodilla tu mente ante estas cuestiones y regresa a tu Señor.

 

“¿Cuál es tu ocupación?”, es decir, en la que está comprometido en este mundo, y confiesa lo que a

 

ella se refiera ante el Señor; y “de dónde vienes tú”; o sea, de un rango ínfimo, y por tanto, retén tu

 

arrogancia ante Él. “¿Cuál es tu país?, considera cómo del polvo vienes y al polvo has de regresar; “y

 

de qué gente eres tú” [íbid. 1: 8], es decir, considera si puedes abrigar la esperanza de ser protegido en

 

virtud de los méritos de tus ancestros.

 

Cuando se le lleva ante el tribunal celestial para ser juzgado, la tempestad que era en realidad la

 

sentencia tal y como se desenfrenó frente a él, llama al Rey para que castigue a todos los prisioneros

 

del Rey. Luego los consejeros del Rey vienen ante él a su debido tiempo, y el tribunal queda

 

constituido. Algunos abogan por el acusado y otros en su contra. Si al hombre se le considera culpable,

 

como en el caso de Jonás, entonces “los hombres remaron con todas sus fuerzas para llevado a tierra,

 

pero no pudieron”; así, aquellos que abogan por él, presentan argumentos en su favor y buscan hacerla

 

regresar a este mundo, pero fracasan en su intento; “pues la marea creció y creció más

 

tempestuosamente contra ellos” [íbid. 1: 13], es decir, la persecución incita la furia contra él, hunde la

 

defensa y el hombre permanece convicto ante sus transgresiones. Es entonces cuando tres emisarios

 

elegidos descienden a él. U no de ellos lleva a cabo un balance de todas las buenas acciones y las malas

 

del hombre en este mundo; otro, saca la cuenta de sus días; el tercero es aquel que constantemente ha

 

estado con el hombre, desde el periodo en que estaba encerrado en el vientre de su madre.

 

Como se ha dicho, la condena se calma sólo cuando “ellos se llevaron a Jonás” [íbid. 1: 15], cuando

 

ellos conducen al hombre de su hogar al sitio de su entierro. Luego se lanza una proclama en relación

 

con él que, en caso de que haya llevado una vida justa, dice: ¡Alabada sea la imagen del Rey! “El

 

consiguió la paz, descansen en sus lechos todos aquellos que se cruzaron por su camino del bien” [Isa.

 

57: 2]. Pero para un hombre malo, cuando muere, la proclama es: i Desgraciado es este hombre, no

 

debía haber nacido! Respecto de este tipo de hombre, está escrito: “Y lo arrojó al mar; y cesó la furia

 

del mar” [Jonás 1: 15], lo cual significa que la condena cesará en su furia sólo una vez que lo hayan

 

bajado a su tumba que es el sitio del juicio. Y, en verdad, el pez que se tragó a J onás es la tumba; y “J

 

onás estuvo en el vientre del pez” [íbid. 2: 1], que se identifica con “el vientre del inframundo” como lo

 

vemos en el pasaje: “Desde el vicntre del inframundo clamé yo” [íbid. 2: 3].

 

“Tres días y tres noches” [íbid. 2: 1], que se refiere a los tres días que un hombre permanece en la

 

tumba antcs de que su vientre se derruya. Al final del tercer día, deja salir su putrefacción en el rostro

 

36

 

diciendo: Recibe nucvamente aquello que pusiste en mí; todo el día tú comiste y bebiste, nunca diste

 

nada a los pobres; como días fcstivos y de descanso fueron todos tus días, pero los necesitados no

 

compartieron tu comida y permanecieron hambrientos. Recibe nuevamente aquello que pusiste en mí…

 

Y una vez transcurridos tres días más, el hombre es castigado en cada órgano, en los ojos, las

 

manos, los pies. Pues durante treinta días el alma y el cuerpo reciben castigos juntos. Por eso el alma se

 

demora durante este tiempo en la tierra y no asciende hasta su esfera, como una mujer a la que se aisla

 

durante el periodo de su impureza.

 

Entonces el alma asciende y el cuerpo continúa consumiéndose en la tierra y ahí yacerá hasta la hora

 

en que el Ser Supremo, bendito sea, haga que los muertos se levanten. En ese momento, una voz

 

tronará por entre las tumbas y proclamará: “Despierten y canten, ustedes los que habitan el polvo -pues

 

su rocío es como el rocío de la luz- y la tierra dará vida a las tinieblas” [refaim, Isa. 26: 19]. Esto será

 

cuando el Angel de la Muerte desaparezca del mundo, como está escrito: “El tragará la muerte para

 

siempre; y el Señor Dios secará las lágrimas de todos los rostros; y el reproche de su gente El hará

 

desaparecer de toda la tierra entera” [íbid. 25: 8].

 

Es a ese acontecimiento al que se alude con las palabras: “Y el Señor habló con el pez y éste vomitó

 

a Jonás en la tierra seca” (Jonás 2: 11]; cuando las tumbas escuchen el clamor de dicha voz

 

puntualmente arrojarán los cadáveres que en ellas yacían. Y los muertos asumirán su prístina condición

 

corporal, tal como lo indica la palabra refaim [tinieblas] que se relaciona con rafah [curación]…

 

Así pues, vemos que la historia de aquel pez lleva consigo palabras de solaz para el mundo entero.

 

Murió cuando acababa de tragar a Jonás; así y.todo, fue vuelto a la vida tres días después y lo vomitó.

 

Y de modo parecido, en el futuro, la tierra de Israel primero será llevada a una nueva vida, y luego “la

 

tierra dará vida a las tinieblas”.

 

37

 

LEVÍTICO
NÚMEROS
DEUTERONOMIO
Exilio y redención

Una vez, mientras el Rabino Aha y el Rabino Judah caminaban juntos, el Rabino Judah dijo:

 

Sabemos que la virgen de Israel

 

*

está bendita siete veces; sin embargo, las Escrituras dicen respecto de

 

ella: “Y tú, oh hijo del hombre, tomas acaso un lamento por la virgen de Israel” ;

 

y peor aún: “La

 

virgen de Israel ha caído, ya nunca se levantará [Amos. 5: 2]. Este último verso, ciertamente, ha sido

 

interpretado por todos los Compañeros como un mensaje de consolación.

 

38

 

***

Pero eso no es probable; el

 

profeta en persona se refiere a él como un lamento.

 

A esto respondió el Rabino Aha: La misma dificultad me ha torturado a mí también. Yo vine antes

 

que el Rabino Simeón y me veía tremendamente atormentado. El insistió: Tu rostro revela que algo

 

atormenta tu mente.

 

Dije yo: En verdad, mi mente está tan abatida como mi rostro.

 

Él me preguntó: ¿Qué ocurre entonces?

 

Yo hablé: Está escrito: “La virgen de Israel ha caído y ya no se levantará jamás”. Si la mujer de un

 

hombre lo deja debido a la ira de él sobre ella, ¿ acaso ella no regresará jamás? Entonces, ¡pobres de los

 

niños que deberán ir con ella!

 

Él me contestó: ¿Acaso no es suficiente con la explicación que los Compañeros han dado?

 

Yo respondí: He escuchado lo que dicen que es un mensaje de consolación, pero no me contenta.

 

Él dijo: La explicación de los Compañeros es correcta en lo que dice, pero hay aún más que decir.

 

Desdichada la generación a la que le faltan pastores, cuando las ovejas se desperdigan y no saben a

 

dónde ir. Este verso, en verdad necesita entendimie.nto, pero al mismo tiempo, es clarísimo para todo

 

aquel que pueda interpretar la Torah con propiedad. Ven a ver. Todos los otros exilios de Israel

 

tuvieron un periodo establecido y cuando terminaba, Israel regresaba a Dios, la virgen de Israel

 

regresaba a su lugar. Pero este último exilio es diferente, y ella no regresará como hasta ahora, lo cual

 

queda indicado en el verso: “La virgen de Israel ha caído y no se levantará jamás”. Nótese que no se ha

 

escrito: “No la levantaré jamás”.

 

Hay que pensar en un rey que, molesto con su reina, la expulsó de su palacio por un cierto tiempo.

 

Ese tiempo pasó, ella inmediatamente regresó al rey. Esto pasó en varias ocasiones. Entonces, sin

 

embargo, vino un tiempo cuando fue expulsada del palacio del rey por un tiempo largo. El rey dijo:

 

Ahora no es como antes, cuando ella regresaba a mí. Esta vez, iré con todas mi flores a buscaria. Y

 

cuando la encontró, ella estaba en el polvo. Viéndola pisoteada de esta manera y deseándola de nuevo,

 

el rey la tomó de la mano y la levantó y la llevó de regreso al palacio y juró que nunca más la alejaría

 

de ahí.

 

Así con la Comunidad de Israel: cuando previamente estaba en el exilio, en el tiempo indicado,

 

estaba habituada a regresar al Rey. Ahora, en este exilio, el Ser Supremo, bendito sea, irá, la llevará de

 

la mano y la levantará y le dará consuelo y la traerá de regreso a su palacio. Así está escrito: “Ese día

 

levantaré el tabernáculo de David que ha caído” [Amos. 9: 11]; y el “tabernáculo de David” es lo

 

mismo que la virgen de Israel.

 

 

 

 

 

*

La Divina Presencia como la corporización mística de la Comunidad de Israel.

 

**

Este verso, que no se encuentra en nuestras Escrituras, es aparentemente una paráfrasis de Ezequiel 19: 1: “Levanten un lamento por los

 

príncipes de Israel”.

 

***

En el Talmud, Berakhot 4b, el verso se interpreta así: “Ena ha caído, pero no lo hará más; levántate, Oh, virgen de Israel”.

 

**

Dijo el Rabino Judah: En efecto, tú me has consolado y me has alegrado y ésta es la verdadera

 

concepción. Me pone en mente una idea similar que había olvidado, algo que el Rabino Yose dijo, que

 

el Ser Supremo, bendito sea, en un día futuro proclamaría en relación con la Comunidad de Israel lo

 

siguiente: “Sacúdete el polvo; levántate y ten paz, Oh Jerusalén” [lsa. 52: 2], como un hombre que toma

 

la mano de su vecino y dice: Ven acá, sosiégate.

 

El Rabino Aha le dijo entonces: El mismo tipo de discurso utilizan todos los profetas. Así está

 

escrito: “Levántate, brilla, pues tu luz ha llegado” [Isa. 60: 1] que significa que el Rey está ahí para

 

ofrecerte reconciliación. y también: “He aquí a tu rey que viene hacia ti” [Zac. 9: 9] y significa: Él

 

vendrá a ti a levantarte y a consolarte, para recompensarte, para lIevarte a su palacio y desposarte para

 

siempre, como está escrito: “Y yo te desposarépara siempre” [Has. 2: 21].

 

Cómo presentarse ante Dios

Discurriendo acerca del texto: “Sirve al Señor con alegría, ven a su presencia con cantos” [Salmos

 

100: 2], el Rabino Judah dijo: Sabemos que el servicio del Señor que no se realiza con alegría y celo,

 

ese servicio es imperfecto. Pero, ¿qué sucede si un hombre peca en contra de los mandamientos de la

 

ley y luego, en arrepentimiento, va a ofrecerle su servicio a Dios? ¿Con qué semblante puede un

 

hombre en una ocasión así presentarse ante el Señor? Verdaderamente, él entonces, con el corazón

 

contrito y con el espíritu en penitencia, ¿cómo podrá mostrar alegría y cantos? La verdad es, sin

 

embargo, que los sacerdotes y los Levitas lo hicieron; fue el sacerdote quien se regocijó porque está

 

lejos del castigo y está obligado siempre a manifestar un talante gozoso, mucho más que los demás. y

 

respecto de los cantos, éstos los realizaron los Levitas porque era su función. AsÍ- el sacerdote se puso

 

junto al hombre y con palabras adecuadas unificó y pronunció el Santo Nombre con alegría y al mismo

 

tiempo los Levitas hicieron los cantos.

 

Pero en estos días en que no hay ofrendas, ¿cómo puede ese hombre manifestar alegría y cantos si

 

regresa a su Señor con el corazón contrito y apenado, bañado en lágrimas y arrepentido? La respuesta

 

se basa en un secreto. Hemos aprendido que: Un hombre debe entrar a la sinagoga a la distancia de dos

 

puertas y luego debe orar. Esta es una referencia a las palabras de David: “Levanten sus cabezas, Oh

 

rejas” [Salmos 24: 7]. Estas rejas son dos grados, y se encuentran a lo lejos, adentro; son los grados

 

Misericordia [hesed] y Temor [pahad] al principio, y son las rejas del mundo [interior]. De aquí que en

 

oración un hombre necesite fijar sus pensamientos en el Santo de Santos, es decir, el Nombre Santo y

 

luego pronunciar su oración.

 

La misma lección se aprende en esto: La “alegría” es el nombre secreto de la Comunidad de Israel y

 

llegará el día en que Israel dará fin á su exilio a través de la alegría, como está escrito: “Pues tú saldrás

 

con alegría” [Isa. 55: 12]. Y luego dice: “Sirve al Señor con alegría”. También dice: “Ven asu presencia

 

con cantos”. Así la alegría se hace completa pues el corazón lleva la alegría y la boca el canto.

 

Así vemos que éste es el camino que un hombre debe seguir para llegar a la presencia de su Señor,

 

pues entonces se le podrá decir: “Sabe que el Señor, El, es Dios” [Salmos 1 00 : 3]; le corresponde a él

 

entonces unificar el Nombre Santo y pronunciado, hacer de estos dos nombres uno reuniéndolos, y en

 

esto está el verdadero servicio del Ser Supremo, bendito sea.

 

Himnos del cielo

“Y él se dirigirá al altar que está ante el Señor” [Lev. 16 : 18]. Al respecto, el Rabino J udah citó el

 

verso: “Dios, Dios, el Señor ha hablado y ha llamado a la tierra desde donde sale el sol hasta donde se

 

oculta” [Salmos 50: 1].

 

Él dijo: Se nos ha enseñado que al alba un coro de mil quinientas cincuenta miríadas canta himnos a

 

39

 

Dios, y al mediodía mil quinientas cuarenta y ocho, y al momento conocido como “entre las tardes”,

 

mil quinientas noventa miríadas.

 

El Rabino Yose comentó que a la hora crepuscular todas las legiones celestiales conocidas como

 

“señores del grito” lo reciben con alabanzas, pues están todos jubilosos y entonces el juicio se ilumina.

 

En este momento, el mundo se regocija y es bendecido y el Ser Supremo, bendito sea, levanta a

 

Abraham [el representante de la Misericordia] y sostiene una alegre charla con él y le permite que

 

gobierne al mundo. Pero en el momento conocido como “entre las tardes”, los ángeles llamados

 

‘maestros del aullido” levantan sus voces y a lo largo del mundo priva la conciencia. Entonces, el Ser

 

Supremo, bendito sea, pidiéndole a Isaac [el representante del Juicio Severo] que se levante y vaya a

 

juzgar a los transgresores de los preceptos de la ley. Vienen entonces siete ríos de fuego que descienden

 

a las cabezas de los malos, y también los carbones ardientes de fuego. Ahora Abraham se retira, el día

 

parte, y en Gehinnom los que han hecho el mal, gruñendo, claman: “¡Desdichados de nosotros!, pues el

 

día declina, pues las sombras de la tarde se esparcen ya” [Jer. 6:4].

 

Así, a esta hora, un hombre debe tener cuidado de no olvidar su oración de la tarde. Con la llegada

 

de la noche, se hacen venir desde afuera de la cortina las otras mil quinientas cuarenta y ocho miríadas

 

y entonan himIJos, ante lo cual los castigos del inframundo se levantan y vagan por el mundo, cantando

 

alabanzas hasta la medianoche, que es un reloj y medio. Entonces, habiéndose ido y desatado el viento

 

del norte, todos los presentes se congregan para cantar Salmos hasta el amanecer y hasta que entra la

 

mañana y la alegría y la bendición regresan al mundo.

 

La sagrada comunión

El Rabino Abba citó el verso: “Y, ¿quién es como tu pueblo, como Israel, una nación en la tierra?”

 

[II Sam. 7: 3]. Dijo él: Dios escogió a Israel y a ningún otro pueblo y lo estableció en el mundo como

 

una sola y única nación y, en su propio nombre, la llamó “una nación”. Para coconar a su gente, él les

 

otorga una multitud de preceptos y con éstos las filacterias de la cabeza y el brazo que hacen a un

 

hombre uno y ,completo. Sólo cuando está completo, un hombre es llamado “uno”, pero no cuando

 

carece; y así Dios cuando se hace completo con los patriarcas y la Comunidad de Israel, entonces es

 

llamado Uno.

 

En esta guisa, otorgando sus filacterias y envolviéndose en el manto de la oración, el Israelita es

 

coronado con las coronas sagradas a la manera celestial y se le llama “uno”. Entonces es propio que

 

Uno venga y otorgue atención a uno.

 

¿Cuándo se dice que un hombre es “uno”? Cuando es varón junto con hembra y es altamente

 

santificado y celoso por la santificación;- entonces y sólo entonces es designado uno sin daño de

 

ninguna clase. De aquí que un hombre y su esposa tengan una sola inclinación a la hora de su unión, y

 

el hombre esté contento con su mujer, uniéndola a él en el afecto. Así unidos, ellos constituyen un alma

 

y un cuerpo: una sola alma a través de su afecto; un solo cuerpo, pues sólo cuando el varón y la hembra

 

están unidos forman en realidad un solo cuerpo; mientras que, y esto lo hemos aprendido, si un hombre

 

no está casado, está, digamos, dividido en dos. Pero cuando el varón y la hembra se juntan, Dios

 

permanece con “uno” y le infunde un espíritu santo; y, como se dijo, éstos son llamados los hijos del

 

Ser Supremo, bendito sea.

 

 

 

El amor de Dios

El Rabino Abba dio consideración al siguiente verso: “Oh, vuélvete hacia mí y dame la gracia; dale

 

Tu fuerza a Tu servidor” [Salmos 86: 16].

 

Él dijo: ¿Quiere decir que David era el más bello a quien Dios podía dirigirse? El significado es que

 

40

 

Dios, tal como lo hemos aprendido, posee otro David, uno que guía a las multitudes y legiones

 

celestiales; y, deseando conceder su gracia sobre el mundo, Dios dirige un semblante sonriente a este

 

“David” [la Presencia Divina] quien entonces, en virtud de su belleza, ilumina el mundo y lo llena de

 

gracia. Su cabeza es un cráneo dorado embellecido con siete ornamentos de oro. Dios lo ama mucho y

 

así lo instruye para voltear y verlo con sus ojos más que justos que, cuando lo hace, logra que el

 

corazón de Dios, por así decirlo, sea atravesado por las saetas del afecto celestial. Fue gracias a ese

 

David celestial y gentil, objeto del amor y el deseo de Dios, que David dijo: “Oh, vuélvete hacia mí y

 

dame la gracia”.

 

Así ocurrió cuando Isaac le dijo a Jacob: “Mira, el olor de mi hijo es como el olor de un campo que

 

el Señor ha bendecido” [Gen. 27: 27]. Se nos ha enseñado que esto sucedió así porque el Jardín del

 

Edén acompañaba a Jacob cuando él entró. Y podríamos preguntar una vez más: ¿ Cómo pudo entrar

 

con él el Jardín del Edén esparciendo como esparce una inmensa extensión y aliento y con tan

 

numerosas secciones y moradas? En realidad, Dios posee otro jardín sagrado. El le tiene un afecto

 

especial y lo cuida él en persona y le indica que acompañe a los justos siempre. Fue este jardín el que

 

entro con Jacob.

 

De igual modo, cuando se cuenta la historia de que toda la tierra de Israel vino y se puso bajo

 

Abram,

 

*

se refiere a otra tierra que Dios tiene, una tierra sagrada y celestial que también se conoce

 

como “la tierra de Israel”. Esta tierra de Israel se extiende bajo la morada mística de J acob, y Dios, por

 

amor a ellos, le ha dado a Israel para que esté con ellos y los guíe y los vigile; se le conoce como “la

 

tierra de los vivos”.

 

La rosa de Sharon

Discurriendo acerca del verso: “Soy una rosa de Sharon, un lirio de los valles” [Canto 2: 1], el

 

Rabino Simeón dijo: El Ser Supremo, bendito sea, dispensa un gran amor a la Comunidad de Israel por

 

lo que constantemente la alaba, y ella, del acopio de cantos e himnos que guarda para el Rey,

 

constantemente canta sus alabanzas.

 

Porque florece espléndidamente en el Jardín del Edén, la Comunidad de Israel recibe el nombre de

 

rosa de Sharon; porque su deseo es que la riegue el manantial profundo que es la fuente de todos los

 

ríos espirituales, recibe el nombre de lirio de los valles.

 

También porque se halla en el lugar más profundo recibe el nombre de lirio de los valles. Al

 

principio, ella es una rosa con pétalos amarillentos, y luego un lirio de dos colores, blanco y rojo, un

 

lirio de. seis pétalos que cambia de un tono a otro. Recibe el nombre de “rosa” cuando está a punto de

 

reunirse con el Rey y después que se ha unido a él en sus besos, recibe el nombre de “lirio”.

 

 

 

El árbol de la vida

Nótese lo siguiente: Dios, cuando hizo al hombre y lo vistió con grandes honores, le indicó que se

 

uniera a él para ser único y de un solo corazón, unido al Uno por el lazo de la fe de un solo propósito

 

que ata todo. Pero más tarde, los hombres abandonaron el camino de la fe y dejaron atrás el árbol

 

singular que sobresale en lo alto sobre todos los árboles, y se adhirió al lugar que constantemente

 

cambia de un tono a otro, del bien al mal y del mal al bien, y descendieron desde arriba y se adhirieron

 

abajo a lo incierto y abandonaron al ser supremo que no cambia. Así fue que sus corazones, cambiando

 

del bien al mal, provocaron el merecimiento de misericordia a veces y castigo otras, dependiendo de a

 

qué se habían unido.

 

El Ser Supremo, bendito sea, habló: Hombre, a la vida has abandonado y a la muerte tú te has unido;

 

 

 

 

 

*

Según un midragh en el Gen. 13: 15.

41

 

verdaderamente, la muerte te espera. Y así el decreto fue la muerte para él y para todo el mundo.

 

Pero si Adán transgredió, ¿en qué pecó el resto del mundo? Sabemos que todas las criaturas no

 

comieron del fruto prohibido, claro qÜe no. Pero fue de este modo: cuando el hombre se irguió, todas

 

las criaturas, contemplándolo, fueron invadidas de temor de él y como esclavos lo siguieron. Y

 

entonces, cuando él los llamó: Vengan, inclinémonos ante el Señor que nos hizo, ellos lo imitaron. Pero

 

,cuando ellos lo observaron haciendo reverencia al otro lugar, adhiriéndose a él, una vez más, ellos

 

hicieron lo mismo y de esta guisa él trajo a la muerte para sí mismo y para todo el mundo.

 

Así Adán fue de un lado al otro, de un tono a otro, del bien al mal, del mal al bien, de la agitación al

 

descanso, del juicio a la misericordia, de la vida a la muerte: nunca perseveró en una sola cosa, por el

 

efecto de ese lugar, que por eso se conoce como “la espada flamígera que viraba hacia todos lados”

 

[Gen. 3: 24], de esta dirección a aquélla, del bien al mal, de la misericordia, al juicio, de la paz a la

 

guerra.

 

Pero el Rey supremo, por compasión por sus propias obras, les dio advertencia y dijo: “Del árbol del

 

conocimiento del bien y del mal, no has de comer” [Gen. 2: 17]. Desobedeciendo el hombre, hizo lo

 

que su mujer y fue desterrado para siempre, ya que una mujer puede venir a este lugar, pero no más allá

 

y por su causa se decretó la muerte para todos. Pero en el tiempo por venir, “los días de mi pueblo serán

 

como los días del árbol” [Isa. 65: 22], como ese árbol singular de cuya existencia estamos enterados.

 

Respecto de ese tiempo está escrito: “El tragará a la muerte para siempre; y el Señor Dios secará las

 

lágrimas de todos los rostros” [íbid. 25: 8].

 

El significado oculto de la Torah

El Rabino Simeón dijo: “Si un hombre mira a la Torah como sólo un libro de narraciones y

 

cuestiones cotidianas, ¡pobre de él! Una torah así, que trate de asuntos cotidianos y ciertamente una

 

más excelente, nosotros también, aún nosotros, podríamos compilarla. Más aún, en manos de los que

 

gobiernan el mundo están libros de mayor mérito incluso, y a éstos podríamos emular si quisiéramos

 

compilar una torah de este tipo. Pero la Torah, en todas sus palabras, conlleva verdades supremas y

 

secretos sublimes.

 

Mira con qué precisión están balanceados el mundo superior y el inferior. Israel aquí abajo está

 

balanceada por los ángeles de lo alto, de los cuales está escrito: “Que hace de sus ángeles vientos”

 

[Salmos 104: 4]. Pues cuando los ángeles descienden a la tierra, ellos se ponen vestiduras terrestres

 

porque de otro modo no podrían ni habitar en el mundo ni éste podría tenerlos. Pero si esto ocurre con

 

los ángeles, con mucha mayor razón debe ocurrir con la Torah: la Torah fue quien creó a los ángeles y

 

creó a todos los mundos y a través de la T orah se sostienen todos. El mundo no podría resistir la Torah

 

si no se hubiera ataviado en vestiduras de este mundo.

 

Así, los cuentos relacionados con la Torah son simplemente sus vestiduras externas y desdichado el

 

hombre que considere esa vestidura externa como la Torah misma, pues a tal hombre le será arrebatada

 

una porción en el mundo futuro. Así, David dijo: “Abreme los ojos para que pueda contemplar cosas

 

maravillosas a partir de Tu ley” [Salmos 119: 18], es decir, las cosas que subyacen. Mira. La parte más

 

visible de un hombre son las vestiduras que lleva puestas y aquellos que carecen de entendimiento

 

cuando miran al hombre son aptos sólo. para ver en él esas vestiduras. No obstante, en realidad es el

 

cuerpo del hombre lo que constituye el orgullo de sus vestiduras, y su alma constituye el orgullo del

 

cuerpo.

 

Así ocurre con la Torah. Sus narraciones acerca de las cosas del mundo constituyen las vestiduras

 

que cubren el cuerpo de la Torah; y ese cuerpo está compuesto de los preceptos de la Torah, gufeytorah

 

[cuerpos, principios principales]. La gente sin entendimiento sólo ve las narraciones, las

 

vestiduras; aquellos que pueden penetrar un poco más, también ven el cuerpo. Pero los verdaderamente

 

42

 

sabios, aquellos que sirven al Rey más alto y estuvieron en el monte Sinaí, penetran hasta el alma, a la

 

verdadera Torah que es el principio, la raíz de todo. A estos mismos en el futuro les será concedido

 

penetrar al alma misma del alma de la Torah.

 

Miren ahora lo que ocurre en el mundo superior con las vestiduras, cuerpo, alma y alma suprema.

 

Las vestiduras externas son los cielos y lo que en ellos hay, el cuerpo es la Comunidad de Israel y es el

 

recipiente del alma, lo que es “la Gloria de Israel”; y el alma del alma es el Ancestro Supremo. Todos

 

estos están unidos uno al otro.

 

Desdichados los pecadores que miran a la Torah como simples cuentos acerca de las cosas del

 

mundo, y sólo ven así las vestiduras externas. Pero los justos, cuya mirada penetra hasta la Torah

 

misma, dichosos sean. Y tal como el vino debe conservarse en un odre, así la Torah debe estar

 

contenida en una vestidura exterior. La vestidura está hecha de los cuentos e historias; pero nosotros,

 

debemos penetrar más allá.

 

 

 

43

 

TEXTOS

Los números romanos y la paginación se refieren a las ediciones estándar del Zohar que a su vez son

 

fieles a la primera edición, Mantua 1558-60.

 

El principio, I. 15a

 

El universo: cáscara y semilla, l. 19b

 

La primera luz, I. 31 b

 

La creación del hombre, 1. 34a

 

Varón y hembra, I. 49b

 

Fuego que consume, I. 50b

 

Abandono de la vida, I. 57b

 

Las tres costas del espíritu, l. 62a

 

El más alto grado de fe, I. 83b

 

Medianoche, I. 92b

 

La bendición de Jacob, I. 146a

 

Mejor que José, I. 201b

 

La gran fiesta, I. 21 7b

 

La muerte de Jacob, I. 221b

 

U n sello en el corazón, 1. 244b

 

Los diez sefirot, II. 42b

 

Desde las profundidades,II. 63b

 

Dos aspectos, II 64b

 

Sabbath, II. 88a

 

Los amantes de la Torah, II. 94b

 

El destino del alma, II. 96b

 

El sufrimiento de los niños inocentes, II. 112b

 

Los tres aspectos del alma, II. 141 b

 

Servir al Señor con alegría, II. 165a

 

Las estrellas, II. 171 a

 

Una explicación alegórica de Jonás, II. 199a

 

Exilio y redención, III. 6a

 

Cómo presentarse ante Dios, III. 8a

 

Himnos del cielo, III. 64b

 

La sagrada comunión, III. 81a

 

El amor de Dios, III. 84a

 

La rosa de Sharon, III. 107 a

 

El árbol de la vida, III. 107a

 

El significado oculto de la Torah, III. 152a

 

 

 

44

 

RECONOCIMIENTOS

La versión inglesa de los pasajes elegidos del Zohar fue preparada bajo la supervisión del Profesor

 

Scholem, con la asesoria especial de Sherry Abel. La traducción al inglés del Zohar editada por la

 

Soncino Press fue material de consulta y las sugerencias recibidas merecen un reconocimiento. La

 

Biblia ha sido citada de acuerdo con la traducción de la ]ewish Publication Society Of America, salvo

 

en aquellos pasajes en los que el contexto requirió una versión diferente. La introducción del editor fue

 

traducida por el Profesor Ralph Marcus.

 

 

 

45

 

INDICE

PRÓLOGO, 2

 

GÉNESIS, 9

 

El principio, 9

 

El universo: cáscara y semilla, 9

 

La primera luz, 9

 

La creación del hombre, 10

 

Varón y hembra, 11

 

Fuego que consume, 11

 

Abandono de la vida, 14

 

Las tres costas del espíritu, 14

 

El más alto grado de fe, 15

 

Medianoche, 15

 

La bendición de Jacob, 16

 

Mejor que José, 17

 

La gran fiesta, 18

 

La muerte de Jacob, 20

 

Un sello en el corazón, 24

 

ÉXODO, 26

 

Los diez SEFIROT, 26

 

Desde las profundidades, 27

 

Dos aspectos, 28

 

Sabbath, 28

 

Los amantes de la Torah, 29

 

El destino del alma, 31

 

El sufrimiento de los niños inocentes, 32

 

Los tres aspectos del alma, 31

 

Servir al Señor con alegría, 33

 

Las estrellas, 34

 

Una explicación alegórica de Jonás, 35

 

LEVÍTICO * NÚMEROS * DEUTERONOMIO, 38

 

Exilio y redención, 38

 

Cómo presentarse ante Dios, 39

 

Himnos del cielo, 39

 

La sagrada comunión, 40

 

El amor de Dios, 40

 

La rosa de Sharon, 41

 

El árbol de la vida, 41

 

El significado oculto de la Torah, 42

 

Textos, 44

 

46

 

Reconocimientos, 45

 

 

 

47

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