Satanismo


A pesar de que el temor por las sectas satánicas en los Estados Unidos había menguado después de haber alcanzado su punto álgido a comienzos de los ’90 con las alegaciones de “abuso satánico ritual” que llenaron las páginas de los diarios y llenaron las cárceles de personas inocentes, trece años después se ha notado un aumento en la preocupación por la existencia de tales sectas oscuras y el peligro que puedan representar para el público en general. El temor está siempre a flor de piel, mayormente entre los grupos evangélicos e integristas, quienes ven al señor de las tinieblas en todas partes, desde dibujos del “rey sol” (supuestamente Lucifer) hasta el logotipo de la empresa Proctor and Gamble (la luna de perfil con seis estrellas), que supuestamente rinde tributo al maligno. En fechas más recientes las palabras “proud” (orgullo) y “spirit” (espíritu) aparecieron de forma puramente casual en las decoraciones de servilletas comercializadas por una empresa de productos de papel y los religiosos alegaron que se trataba de una referencia al “espíritu orgulloso” que se había rebelado contra el creador antes del comienzo de los tiempos. Tal perspicacia entre los grupos religiosos ni siquiera atrae la atención de los medios informativos, aunque ciertamente no puede decirse lo mismo cuando cadenas de televisión, la prensa y los tribunales abordan el tema de manera seria, como ha sucedido en 2003. ¿Existe, pues, una nueva oleada de satanismo a comienzos del siglo XXI?

La muerte de una mujer bella bajo condiciones extrañas siempre atrae la atención de los medios, sobre todo si existe la posibilidad de un crimen de pasión o la fría premeditación de un marido que desea deshacerse de ella. Esto fue precisamente lo que ocurrió en diciembre de 2002 con el caso de Laci Peterson, que reúne todos los ingredientes para hacer de él una sensación televisiva: la joven esposa embarazada cuyo cadáver es hallado en las orillas de la bahía de San Francisco (California, EEUU), el marido cuya conducta resulta cada vez más extraña y cuyas coartadas resultan cada vez menos factibles, y la inevitable amante de pelo rubio cuyo testimonio afecta la credibilidad del amantísimo esposo. Sin embargo, entre las posibilidades barajadas por Mark Geragos —abogado defensor de Scott Peterson— surgió una totalmente inesperada: que la joven Laci había sido sacrificada brutalmente por una secta satánica que ha operado durante años en las afueras de la población rural de Modesto (cuna del director de cine George Lucas).
Otro gallo le cantará a los que piensen que Mark Geragos está empleando un ardid para obtener la libertad de su cliente. En 1990, cuatro personas que intentaban darse de baja de una secta satánica en Salida (California, EEUU) fueron halladas golpeadas, apuñaladas y decapitadas, un cuadro que no se había visto desde las masacres realizadas por Charles Manson y su “familia”. La policía pudo seguir la pista que les llevó a cinco miembros de la secta, que se alojaban en un recinto de casas sobre ruedas y casuchas en Salida, comprometiendo a un total de cincuenta y cinco personas. Según el investigador de crímenes paranormales Randy Cerny, los miembros de la secta afirmaron ser adoradores del diablo, seguidores de las enseñanzas de Aleister Crowley y practicantes de torturas ceremoniales que incluían de manera exclusiva mas no limitativa al electroshock, el abuso de menores y el asesinato. La “secta de Salida” —como se le denominó en la prensa— estaba integrada por personas muy normales, incluyendo médicos, religiosos y candidatos a la fuerza policíaca. Según Cerny, se trataba de una secta muy sigilosa, unida y sofisticada, controlada por su sumo sacerdote Gerald Cruz, cuyas técnicas coercitivas iban desde el lavado de cerebro hasta la tortura. Los psiquiatras del tribunal describían la personalidad de Cruz como “malvada y sadista”. El dirigente de la secta de Salida y su ayudante fueron sentenciados a muerte; los tres restantes a condenas de veinticinco años de prisión.
Los ex-miembros de la secta de Salida que no participaron en el crimen no han descartado la posibilidad de que exista un vínculo entre la muerte de Peterson y el satanismo: Angela Young —integrante de esta secta controlada por Gerald Cruz— ha manifestado que las prácticas de su grupo eran muy serias y “no eran ningún pasatiempo”. Young se apartó del grupo mucho antes de las matanzas, pero su hermano menor figuró entre los sentenciados a muerte. Los diarios y correspondencia de los miembros de la secta de Salida incluían referencias a la profanación de tumbas, la sodomización obligatoria y las palizas para los que desobedeciesen los mandatos del sumo sacerdote. Según los abogados defensores de los satanistas de Salida, el grupo escuchaba heavy metal antes de cometer sus asesinatos y de realizar “danzas rituales”. Otros escritos presentados como evidencia ante el tribunal incluyeron referencias a altares, brujería, “cenas con los muertos”, machos cabríos y juramentos secretos. Young declaró haber participado en una ceremonia en la que su mano fue cortada con cuchillo y la huella de su pulgar fue impresa en un libro encuadernado que ostentaba el título de “La orden del león”. Muchos de los ex integrantes de la secta creen que restos de su antiguo grupo permanecen activos en la zona y temen represalias por parte de estos.
Pocas semanas antes de la desaparición de la señora Peterson en 2002, mientras que se disponía a llevar a pasear su perro, los vecinos habían identificado una sospechosa furgoneta parda en el vecindario, que no volvió a aparecer después del crimen. Los abogados de la defensa ataron cabos, informando que una mujer se había apersonado a un centro de crisis de crímenes sexuales alegando haber sido violada a bordo de una furgoneta parda “por dos mujeres mientras que los hombres a bordo del vehículo contemplaban el ultraje”. La víctima dijo que los hombres le dijeron que “si deseaba ver la segunda parte del ritual, que leyera los periódicos el día de Navidad.” La primera de las dos víctimas alegaba haber visto un tatuaje satánico en el brazo de uno de los hombres que la acosaron —el “666”— y esto bastó para que los abogados de la defensa incluyesen la posibilidad de “crimen ritual” entre las posibles causas de la muerte de Laci Peterson. La naturaleza enteramente anecdótica de este testimonio estaba suplementada por otro más: el de una mujer de la aldea de Merced (a sesenta kilómetros de Modesto) quien alegaba haber sufrido un ataque parecido. La policía hizo caso omiso de su querella diciendo que se trataba de una loca.
Para Mark Geragos no cabe duda de que la esposa de su cliente fue secuestrada. “Es la única posibilidad que tiene sentido”, expresó el abogado en sus declaraciones a la revista Vanity Fair.
Geragos y su equipo han explorado los grafitos y murales descubiertos a la orilla de la Bahía de San Francisco cerca de donde los cadáveres de Laci y su hijo Conner fueron hallados. Las toscas representaciones incluyen imágenes de niños en el agua con sus ombligos aún unidos, un hombre con hacha decapitando a un hombre en un barco, una mujer con las manos cortadas, figuras con cabeza de chivo y escenas de mutilaciones.
Según entendidos, el equipo de la defensa obtuvo un abrigo utilizado por un vecino de Modesto que supuestamente estaba afiliado con una secta esotérica, y que se había jactado de haber tomado parte en la muerte de Laci Peterson.
La defensa también ha recibido llamadas telefónicas de personas que afirman tener conocimientos sobre las sectas esotéricas de la región, y más intrigante aún, la existencia de un día festivo satánico denominado The Demon Revels (los deleites demoníacos) o Grand High Climax (el gran clímax sublime) que se celebra el 24 de diciembre, el día en que desapareció la señora Peterson.
Tres años después de la consternación sobre la masacre de Salida, tres niños de 8 años de edad paseaban en sendas bicicletas por un camino rural en West Memphis, estado de Arkansas. Nadie pudo haber pensado ese soleado día de mayo en 1993 que se trataría del último en la vida de los chicos, quienes acabaron brutalmente golpeados, estrangulados y sodomizados en una zona boscosa de West Memphis conocida como Robin Hood Park. Según uno de los detenidos, Jessie Lloyd Miskelly, de 17 años de edad, los asesinatos eran parte de una ceremonia satánica. “Uno de los testigos”, según el rotativo Commercial Appeal de la ciudad de Memphis, “dijo que uno de los acusados había afirmado haberle chupado la sangre a su víctima después de mutilarla”.
¿A qué se debe la renuencia de las autoridades estadounidenses a investigar estos crímenes rituales? El ex agente del FBI Ted Gunderson, cuyo interés por los crímenes satánicos lo llevó a realizar investigaciones por su propia cuenta después de jubilarse del negociado, expresó la creencia de que miles de mujeres jóvenes que desaparecen anualmente acaban siendo sacrificadas en ceremonias ocultistas. No existen cifras concretas, ya que el FBI no lleva la cuenta de los desaparecidos. Y más alarmante aún es el hecho, según Gunderson, de que “el FBI no conserva estadísticas porque francamente no quiere verlas… acabaría por enfrentar la demanda pública de tomar acción, ya que tales cifras indicarían un mal social que exige tomar acción”.
Desde agosto de 2003, los operativos de la defensa en el caso Peterson vienen buscando a un hombre llamado “Donnie” con un “666” tatuado en el brazo. Queda por verse si tales pesquisas tendrán éxito, y si la cruel muerte de Laci Peterson pasará a engrosar el dossier de los crímenes satánicos.
 
Según el profesor Bill Ellis, investigador de ocultismo y folklore estadounidense en la universidad de Penn State, el ocultismo no se presenta como contrincante de la religión organizada en los Estados Unidos, sino más bien como una forma alternativa de validar el dogma protestante, citando prácticas que podrán sonarnos extrañas, como la de conjurar al diablo —en nombre de Jesús— para aumentar los caudales del que hace la invocación. La idea no consiste en adorar al diablo, sino obligarlo a conceder favores bajo el control del Altísimo, lo que no sólo comprueba la superioridad de los poderes divinos sobre los mundanos, sino que además coincide con el afán de lucro de la sociedad anglosajona.
 
En su texto Lucifer Ascending, el universitario aborda la creación de mitos que rayan con el satanismo. Esta “mitomanía” resulta sumamente atractiva para los adolescentes, quienes van en pos de estas leyendas en cementerios y otros lugares supuestamente encantados. Los actos vandálicos y el gamberrismo que suelen practicar los jóvenes en estos lugares, afirma Ellis, son parte de una ceremonia de transición mediante la cual se abordan situaciones de importancia como el sexo y la muerte.
 
Ellis no teme envolverse en el complejo asunto del “pánico satánico” que conmovió al país en la década de los ’80 y comienzos de los ’90, cuando cientos de personas fueron acusadas de trato sexual y abuso de menores en extrañas ceremonias esotéricas, afirmando que muchas de las personas encarceladas por semejantes crímenes paranormales fueron sentenciadas con base al controvertido proceso de memorias recobradas mediante la hipnosis. “No es que no existan satanistas”, apunta el estudioso, “sino que las cosas que describieron las supuestas víctimas no tuvieron nada que ver con las cosas que los satanistas verdaderamente hacen o creen”.
 
Curiosamente, Ellis achaca el “pánico satánico” no a las fuerzas del Mal sino a las del bien: corrientes religiosas como el pentecostalismo, que fomentan los llamados dones del espíritu (glosolalia, sanación por imposición de manos, etc.) se nutren de personas que antiguamente habían practicado creencias esotéricas, y quienes bajo la influencia de su nueva orientación religiosa, consideraron que las tradiciones mágico-folklóricas que habían practicado habían sido parte de una gran red subterránea de creencias satánicas.
 
J. Gordon Melton, director del Instituto para el Estudio de Religiones Americanas en Santa Bárbara, California, apuntó que en 1989 existían tres sectas principales en los Estados Unidos: La Iglesia de Satán en San Francisco, California; el Templo de Set, encabezado por el ex-militar Michael Aquino, y la Iglesia de Liberación Satánica en New Haven, Connecticut, bajo la dirección de Paul Douglas Valentine. Melton considera que un total de 3.000 personas constituye la matrícula total de las tres sectas y que representan los verdaderos satanistas. Los demás, sugiere el estudioso, no pasaban de ser adolescentes enajenados unidos por las drogas y la violencia, valiéndose de ilustraciones diabólicas en sus fechorías.
 
El antropólogo Rafael Martínez, asesor de la oficina del cirujano forense de Miami, suma su voz al coro de los expertos que desmienten la existencia del satanismo organizado. En una entrevista con Susan Kovachs, autora del libro Hidden Files (en inglés, “Expedientes Ocultos”) (1998), Martínez señala que si bien no existe una gran anticruzada satánica con miras a adueñarse del país, los casos individuales son verídicos y muy comunes, pasando a citar el caso de tres adolescentes que secuestraron y sacrificaron a una niña de corta edad en San Luis Obispo, California, como parte de una misa negra.
 
Ellis y Melton, como buenos profesores, aspiran a una postura más racional y menos sensacionalista que la que ofrecen los medios. Sin embargo, no puede negarse la existencia de evidencias que apuntan hacia grupos altamente organizados e interesados en adorar las fuerzas ocultas, y no siempre se trata de adolescentes de pelo largo con camisetas negras de AC/DC, sino “personas de sociedad”, como suele decirse, con enormes recursos monetarios, posición social y a menudo poder político. Pero eso lo veremos a continuación.
 
Una advertencia prudente entre los investigadores del misterio en EE.UU. consiste en rechazar las repentinas oleadas de llamadas telefónicas que se interesan por lo paranormal pocos días antes de la víspera de Todos los Santos —“Halloween”, en inglés— ya que dichas indagaciones a menudo suelen acabar llenando los periódicos del día de las brujas con relatos de todo lo que “espanta” —ovnis, brujería, hombres lobo, etc.— presentados de manera jocosa.
 
Pero, ¿podrá decirse lo mismo si la televisión se interesa por el tema, sobre todo un programa de alcance nacional? Esto fue precisamente lo que sucedió el 2 de octubre de 2003 cuando el programa “The Factor”, transmitido por la cadena FOX (de Rupert Murdoch) y animado por el periodista Bill O’Reilly incluyó un segmento sobre el “peligro satánico” que supuestamente amenazaba al país.
 
La amenaza asumió la forma de un estudiante de escuela superior que había sido suspendido por las autoridades escolares por haber formado un club de pensamientos satánicos —“Satanic Thought Society”— dentro del recinto educativo. Aunque el debate estaba concentrado mayormente en el derecho de las autoridades a coartar la libre expresión del joven Joseph Izzo, quien insistía en que su agrupación no estaba dedicada a adorar al Maligno sino a abordar las formas de pensar del satanismo, los invitados al programa de televisión incluyeron a Pam Cachay, la madre de un estudiante que había realizado prácticas satánicas en su adolescencia y la viuda de Anton Szandor LaVey, el “papa negro” de la Iglesia de Satán. A juzgar por los índices de teleaudiencia clásicos para el programa “The Factor”, entre quince y veinte millones de personas asistieron al evento.
 
Pero la franca discusión televisiva tenía sus antecedentes en eventos perturbadores que venían sucediendo desde hacía tiempo.
 
El 28 de febrero de 1999, Angela Wood, una joven de 24 años de edad fue remitida a los tribunales del estado de Indiana (EE.UU.) por haber participado en la destrucción de una iglesia como parte de un rito satánico que posiblemente involucró incendios en un total de siete iglesias en dicha subdivisión política de los Estados Unidos. Carl Roschke, catedrático de la universidad de Denver y autor de varios escritos sobre las sectas satánicas, señaló que “la ideología satánica se está convirtiendo en el fundamento del terrorismo doméstico” y que era necesario que los estadounidenses revisaran su concepto de los adoradores del diablo como inofensivos enajenados mentales, opinión respaldada por el reverendo Robert Murphy, cuya iglesia metodista en el condado de Oconee había sido reducida a cenizas por elementos de una supuesta secta.
 
Tampoco era la primera vez que ardían las iglesias en la noche rural de Indiana: a comienzos de los ’90, Jay Ballinger, de 36 años de edad, puso fuego a varias iglesias en su región y se esmeró por reclutar un sinnúmero de adolescentes para formar un grupo satánico. Los candidatos debían firmar un “contrato infernal de la encrucijada” formulado por Ballinger y que rezaba: “prometo con mi sangre realizar cualquiera y todo acto Maligno en nombre de nuestro Señor hasta el final de los tiempos, a cambio de riquezas, poder, éxito y sexo por el resto de mi vida natural o años en cualquier profesión que elija”. Las autoridades policiales y las empresas de seguros, trabajando en conjunto, pudieron determinar que Wood y Ballinger habían participado en el incendio de Oconee y cuatro conflagraciones adicionales, incluyendo una que causó la muerte de un bombero.
 
El satanismo, según expertos como Roschke, representaba un disfraz conveniente para expresar el odio de los satanistas hacia los Estados Unidos, su diversidad cultural y étnica y la predominancia de la religiones establecidas. “El impacto de estos crímenes no consiste en su cantidad sino en el efecto que surten. Comenzamos a presenciar eventos que nos harán prestar mayor atención [al satansimo]”.
 
Durante la revolución sexual de los años ’60, la élite del satanismo estaba formada por actores de vanguardia y músicos de rock que buscaban —de manera consciente o inconsciente— un “santo patrón” que sonriese benévolamente sobre el hedonismo desenfrenado que practicaban en sus fiestas de sociedad. No tardaron en descubrir que ese patrón que buscaban les sonreía desde el averno, y muchos se autoproclamaron adoradores del diablo y se dejaron fotografiar en impedimenta satanista, como los Rolling Stones, o acudían a fiestas con la uña del dedo meñique pintada de rojo: santo y seña de los adeptos de aquel momento. Saciada su ansia de experimentación sexual y alucinógena, el interés de la farándula por el lado oscuro menguó considerablemente, pero les sustituiría una generación de verdaderos creyentes con el mismo prestigio y mayores ambiciones terrenales que salir en las efemérides.
 
En Estados Unidos se hablaría mucho de ritos satánicos en las casas suburbanas de las élites, sin importar que viviesen en Scottsdale (Arizona), Meriden (Connecticut) o en la misma Beverly Hills, lado a lado con las estrellas del cine. En el Reino Unido, la situación adquiriría matices verdaderamente paranormales.
 
Corría el verano de 1975 y la región de Clapham Woods en West Sussex, Inglaterra, se había convertido en el foco de atención de muchos investigadores de lo paranormal. Dos perros habían desaparecido bajo circunstancias extrañas y los avistamientos OVNI estaban a la orden del día. Un grupo de investigación se internó en Clapham Woods con un contador geiger para realizar un peritaje. Pocos minutos después de internarse en la región boscosa, se toparon con unas huellas misteriosas: dos garras de casi nueve pulgadas de largo y tres pulgadas de ancho; la aguja del contador geiger se disparó inmediatamente a la franja de máxima radiación cuando se pasó el aparato sobre sendas huellas. Un compás comenzó a girar alocadamente ante la presencia del fenómeno.
 
Pero antes de que los investigadores tuviesen la oportunidad de dar crédito a sus ojos, una “columna de vapor gris con forma de oso” comenzó a materializarse a pocos metros de donde estaban, adquiriendo dimensiones sobrecogedoras y desapareciendo lentamente en cuestión de segundos. Todo estos eventos tomaron lugar no en un bosque recóndito sino a veinte o treinta metros de la carretera A27, una de las más transitadas en esta región de Inglaterra.
 
El investigador independiente Charles Walker iría descubriendo que Clapham Woods tenía fama como lugar maldito desde muchos años antes del incidente de 1975 y las despariciones caninas. Sus investigaciones le llevaron a pensar —correctamente— que un grupo de satanistas hacía uso ceremonial de la zona, y en noviembre de 1978 una llamada telefónica le sacó de dudas: un hombre de tono muy educado y formal le pidió que se reuniera con él a horas de la noche en Clapham Woods. Vacilando, Walker eventualmente se decidió por ir y tuvo un encuentro sorprendente. Aunque nunca pudo ver la cara de su interlocutor, que permaneció oculto entre la maleza como si de un capítulo de “Expedientes X” se tratara, Walker se enteró de que un grupo de gente muy poderosa que se autodenominaba los “Amigos de Hécate” utilizaba el bosque para sus aquelarres y que “no tolerarían interferencia alguna con sus actividades”. La reunión clandestina tenía el propósito de impartir una advertencia amistosa al investigador para hacerlo desistir de sus pesquisas. Las últimas palabras del desconocido fueron: “el grupo no tiene miramientos a la hora de asegurar su existencia”… algo que Walker comprobaría en carne propia cuando fue víctima de un accidente vehicular dos semanas después que le produciría lesiones en la espalda y la cabeza.
 
Charles Walker descubriría pruebas fehacientes de la existencia de los “Amigos de Hécate” casi accidentalmente, al internarse en un edificio vacío perteneciente al complejo de viviendas Clapham Manor House.
 
Ocupando la totalidad de un muro en una habitación amplia y vacía, Walker pudo contemplar una sobrecogedora y monstruosa imagen: un rostro femenino con cuernos azules y orejas largas cuyo cuerpo estaba cubierto de escamas y cuyos brazos acababan en afiladas garras. Rayazos de color rojo y negro —posiblemente de sangre— completaban el cuadro, nunca mejor dicho. En una de sus garras, la imagen portaba una esfera con una cruz de ocho brazos y un círculo. Era obvio que los “Amigos de Hécate” eran una orden luciferina de gran seriedad.
 
Una década más tarde, otro investigador, Toyne Newton, mencionaría la posibilidad de que Clapham Woods yaciera sobre una vena de energía telúrica (los famosos leys de Inglaterra) y que los “Amigos de Hécate” se valían del lugar como quien hace uso de tomacorrientes, salvo que en vez de devolver los elementales conjurados por sus sesiones, estos adeptos los dejaban en el lugar de marras como un “sello psíquico”.
 
Las investigaciones de Newton darían a la luz pública cierta información estremecedora: la secta de Clapham Woods era tan sólo una “celda” de un grupo mayor con miembros en Winchester, Avebury y Londres, controlado por un triunvirato central de dos mujeres y un hombre cuyas edades estaban entre los treinta y cinco y los sesenta. La secta empleaba un sistema de círculos o rangos que se radiaba hacia afuera o hacia abajo del triunvirato central, método utilizado por las órdenes iniciáticas de la Antigüedad y denominada “la espiral del poder maligno”, que garantizaba la seguridad del grupo, puesto que los neófitos de los rangos exteriores no conocían la naturaleza exacta del grupo, ni que existían otros rangos a los que era posible ascender.
 
Pero la información recabada por Newton bastaba para ofrecer un cuadro alucinante: la mujer de mayor edad que presidía los “Amigos de Hécate” había organizado la secta en los años ’60 y ’70 y muchos miembros habían adherido a ella para luego darse de baja, permitiendo que sólo la flor y nata permaneciese con el grupo. Las metas de la secta, que incluía políticos, banqueros y altos comerciantes, eran nada menos que la adquisición total del poder oculto mediante una “guerra de agotamiento” mental, un proceso diseñado para desangrar la energía natural de la sociedad y del medio ambiente. Los OVNIS y rayos de luz presenciados por muchos eran, en efecto, producto de la experimentación ceremonial del grupo.
 
A pesar de sus años de experiencia, la mujer madura no era la más peligrosa de la secta. Al contrario, la joven sacerdotisa —mujer de treinta años perteneciente a la aristocracia británica y con conexiones envidiables— era la que realizaba los ritos bajo la supervisión del varón, el “maestro”, que era médico de profesión. “Son personas sin rostro”, le explicó una psíquica a Newton, “que llevan una careta y son capaces de dar un aspecto totalmente normal. Hacen sus compras en supermercados y la Sacerdotisa a veces va a los pubs. Es rubia, pero eso puede cambiarse. La jerarquía tiene la capacidad de adaptarse a su entorno natural cuando desean hacerlo”.
 
Newton publicó sus hallazgos en el libro The Dark Worship (Vega, 2002). Aunque los “Amigos de Hécate” dejaron de utilizar Clapham Woods como su centro de energía hace más de una década, cabe preguntarse ahora cuáles son los nuevos miembros de la secta, quiénes han sustituido, si acaso, a los tres dirigentes. ¿Seguirán captando nuevos miembros? Las crisis ambientales y sociales que se viven en Gran Bretaña, ¿podrán achacarse a las actividades de esta secta que ha jurado desvalijar a la sociedad y al medio ambiente de su fuerza vital? No existe forma de saberlo.
 
El padre Malachi Martin falleció en 1999. Su muerte pasó mayormente inadvertida salvo por aquellos que seguramente emitieron un suspiro de alivio. El sacerdote convertido en novelista tras una ilustre carrera al servicio del cardenal jesuita Agustín Bea antes de pedir que se retiraran sus votos de obediencia y pobreza, Martin mantuvo hasta el final de sus días que se celebraban rituales luciféricos en el Vaticano.
 
Conocido por su libro sobre exorcismos “Hostage to the Devil” y como un invitado de programas radiofónicos cuyos relatos eran capaces de ponerle los pelos de punta al aficionado más curtido, Martin hizo una declaración contundente en la circular The Fatima Crusader: “Cualquier persona que esté consciente de la situación en el Vaticano en los pasados 35 años está consciente de que la presencia del príncipe de las tinieblas tiene acólitos en la Sede de San Pedro”.
 
Las declaraciones más estremecedoras sobre la élite oscura que domina los asuntos de la Iglesia se realizaron en una serie de novelas, ya que el mismo Martin admitía que la mejor manera de transmitir su información era de forma novelada. En The Keys of This Blood (1990) (del inglés, “Las llaves de esta sangre”), el autor describía la presencia de una fuerza maligna en las cancillerías del Vaticano, denominada por los clérigos enterados del asunto como “la superfuerza”. Martin se hacía eco en sus obras de una ceremonia de “entronización satánica” —de la que se precisa la fecha del 29 de junio de 1963— que había llevado a Pablo VI a murmurar que “el humo de Satanás se ha internado en el Santuario”. Las prácticas pedofílicas que estuvieron a punto de dislocar al catolicismo estadounidense en 2001 habrían tenido su comienzo, siguiendo lo establecido por Martin, en las prácticas y ceremonias rituales llevadas a cabo en Turín. “Los actos rituales de pedofília satánica son considerados por los profesionales”, escribe Martin, “como la culminación de los ritos del arcángel caído.” Otra novela, Windswept House (1996) prosigue la alucinante odisea del satanismo en la Iglesia, afirmando que el verdadero “tercer secreto de Fátima” no era sino la advertencia de que el Maligno se había infiltrado en el Vaticano, y que se sustentaba de una red de clérigos pedófilos aliados a poderosas sectas satánicas.
 
Artículo de Scott Corrales, Director, Institute of Hispanic Ufology

Título: El último Papa.
Autor: R.P. Malachi Brendan Martin
John McManus de The New American: Usted dice que su libro (The Windswept House) no es ni ficción ni realidad, sino un trabajo de “hechos”. ¿Qué quiere decir con eso?
R.P. Malachi Martin: Windswept House es una novela. Pero en un 85% se basa en hechos reales, y muchos de los personajes que aparecen en ella son reales aunque les haya dado nombres de ficción. Hay también algunas personas vivas que menciono, como Mikhail Gorbachev, que es el mismo de la realidad. Y unos pocos personajes clave que son realmente una composición de varias personas reales. Entrevista completa

R.P. Malachi Brendan Martin (1921-✝1999)
El Padre Malachi Martin trabajó con los más altos dignatarios de la Iglesia Católica, tuvo 3 doctorados y acceso directo al Papa. Eminente teólogo, experto en la Iglesia Católica, ex-Jesuita y profesor en el Instituto Bíblico Obispal del Vaticano; es el autor de libros exitosos, el Vaticano, El Último Cónclave, El Rehén del Diablo, Los Jesuitas y The Windswept House (El Último Papa), entre otros. Él estaba especializado en teología en Lovaina. Allí recibió doctorados en Idiomas Semíticos, Arqueología e Historia Oriental. También exorcista por más de 20 años del Vaticano.
Como consecuencia estudió en Oxford y en la Universidad hebrea de Jerusalén. De 1958 a 1964 sirvió en Roma dónde era un allegado al renombrado Cardenal Jesuita Agustín Bea y al Papa Juan XXIII. Martin falleció a finales de 1999. Él fue uno de los que leyó el famoso Tercer Secreto de Fátima.
El controvertido sacerdote católico Malachi Martin no vivió en una rectoría, seminario, o cualquier otro lugar para clérigos. En los años 60, después de dejar su trabajo en el Vaticano, obtuvo dispensa de sus votos como miembro de los Jesuitas y comenzó a vivir como un seglar con aprobación canónica. El padre Martin oficiaba la santa misa en privado, pero estaba muy preocupado con la total alteración de “prácticamente todo lo Católico” en las últimas tres décadas (de 1960 a 1990).
Su libro más reciente, una novela titulada Windswept House (publicada por Doubleday en 1996), describe las intrigas políticas y religiosas de un pequeño grupo de miembros del Vaticano que ocupan altos cargos y trabajan para que la Iglesia Católica acepte el Nuevo Orden Mundial. La novela describe los esfuerzos de cardenales desleales que trabajan febrilmente para subvertir al Papa y la Iglesia, y no dudan en asesinar, chantajear, y practicar el satanismo. Tomado de Apocalipsis Mariano

Fuente bibliaytradicion.wordpress.com

El Humo de Satanás

El padre Gabriele Amorth es un respetado exorcista de Roma.
A continuación, se encuentra una entrevista que el Padre Amorth concedió al periódico italiano 30 Días, en junio de 2001.

– PADRE AMORTH, POR FIN ESTÁ LISTA LA TRADUCCIÓN ITALIANA DEL NUEVO RITUAL PARA LOS EXORCISTAS.

PADRE AMORTH: Sí, está lista. El año pasado la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) se negó a aprobarla porque había errores de traducción del latín al italiano. Y los exorcistas, que tenemos que utilizarla, aprovechamos para señalar, una vez más, que no estamos de acuerdo con muchos puntos del nuevo Ritual. El texto latino sigue siendo el mismo en esta traducción. Un Ritual tan esperado, al final, se ha transformado en una farsa. Un increíble obstáculo que podría impedirnos actuar contra el demonio.

– ES UNA ACUSACIÓN DURA. ¿A QUÉ SE REFIERE?

AMORTH: Le doy sólo dos ejemplos, ambos increíbles. En el punto 15 se habla de los maleficios y de cómo comportarse al enfrentarlos. El maleficio es un mal causado a una persona recurriendo al diablo. Se puede hacer de varias formas, como hechizos, maldiciones, mal de ojo, vudú, macumba. El Ritual romano antiguo explicaba cómo había que afrontar esto. El nuevo Ritual, en cambio, declara, categóricamente, que está totalmente prohibido hacer exorcismos en estos casos. Absurdo. Los maleficios son, por mucho, la causa más frecuente de posesiones y de males causados por el demonio, por lo menos el 90 por ciento de los casos.

Esto es como decirles a los exorcistas que dejen de llevar a cabo exorcismos. El punto 16 declara, solemnemente, que no se deben de hacer exorcismos si no se tiene la certeza de la presencia del diablo. Esto es una obra maestra de incompetencia: la certeza de que el diablo está presente en una persona, se tiene sólo haciendo el exorcismo. Más aún, los redactores del Ritual no se dieron cuenta de que, en ambos puntos, contradicen el Catecismo de la Iglesia Católica, que indica que hay que hacer exorcismos, tanto en el caso de posesiones diabólicas, como en los casos de males causados por el demonio. Y dice, además, que hay que hacerlo tanto, sobre las personas, como sobre las cosas. Y en las cosas nunca está presente el demonio, sólo su influencia. Las declaraciones contenidas en el nuevo Ritual son gravísimas y muy perjudiciales, fruto de la ignorancia e inexperiencia.

– ¿PERO NO LO HABÍAN PREPARADO EXPERTOS?

AMORTH: ¡En absoluto! En estos diez años, dos comisiones han trabajado en el Ritual: una compuesta por cardenales, que se ocupó de la Prenotanda, es decir, las disposiciones iniciales, y otra que se ocupó de las oraciones. Yo puedo afirmar, con certeza, que ninguno de los miembros de las dos comisiones ha hecho nunca un exorcismo, ni ha estado presente en exorcismos, ni tiene la menor idea de qué es un exorcismo. Este es el error, el pecado original, de este Ritual. Ninguno de los que colaboraron en él es un experto en exorcismos.

– ¿CÓMO ES POSIBLE?

AMORTH: No me lo pregunte a mí. Durante el Concilio Ecuménico Vaticano II, en todas las comisiones había un grupo de expertos que ayudaban a los obispos. Esta costumbre se ha mantenido después del Concilio, cada vez que se han modificado partes del Ritual. Pero no fue así en este caso. Y si había un tema en el que eran necesarios los expertos, era éste.

– ¿Y QUÉ ES LO QUE HA PASADO?

AMORTH: Pues que los exorcistas nunca fuimos consultados. Y, además, las comisiones han recibido con desdén las sugerencias que hemos dado. Todo este asunto es perverso. ¿Quiere que le cuente lo que pasó?

– POR SUPUESTO.

AMORTH: Como había pedido el Concilio Vaticano II, las diferentes partes del Ritual romano fueron, paulatinamente, revisadas y modificadas. Los exorcistas esperábamos que se tocara el título XII, es decir, el Ritual del Exorcismo. Pero, aparentemente, éste no se consideraba un tema relevante, dado que transcurrieron los años y no pasaba nada. Luego, de repente, el 4 de junio de 1990, se publicó el Ritual provisional, de prueba. Esto fue una verdadera sorpresa para nosotros, ya que no habíamos sido consultados antes. Y, sin embargo, habíamos preparado toda una serie de solicitudes, en vista de la revisión del Ritual. Entre otras cosas, pedíamos que las oraciones se modificaran, introduciendo invocaciones a la Virgen, las cuales no existían, y que se aumentaran el número de oraciones específicamente dirigidas al exorcismo en sí. Pero no se dio la oportunidad de hacer ningún tipo de contribución. Sin embargo, no nos dimos por vencidos: después de todo, era por nosotros, que el texto se había redactado. Y ya que en la carta de presentación del entonces Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el Cardenal Eduardo Martínez Somalo, les pedía a las conferencias episcopales que le hicieran llegar, durante los dos años siguientes: “consejos y sugerencias de los sacerdotes que lo habrían de utilizar”, nos pusimos a trabajar. Reuní a dieciocho exorcistas, elegidos de entre los más expertos del planeta. Examinamos, con gran atención, el texto. Lo utilizamos.

Inmediatamente, elogiamos la primera parte, en la que se resumían los fundamentos evangélicos del exorcismo. Esta parte es el aspecto bíblico-teológico del tema, sobre el que no era aparente, incompetencia alguna. Es una nueva sección, que no se encontraba en el Ritual de 1614, compuesto bajo el pontificado de Pablo V: además, en aquella época, no
era necesario recordar estos principios, ya que todo el mundo los conocía y aceptaba. Hoy, en cambio, es indispensable.

Pero cuando pasamos a examinar la parte práctica, que exige un conocimiento especifico del tema, advertimos la total inexperiencia de los redactores. Hicimos numerosas observaciones, artículo por artículo, y se las hicimos llegar a todas las partes interesadas: Congregación para el Culto Divino, Congregación para la Doctrina de la Fe, y las conferencias episcopales. Una copia fue entregada directamente al Papa.

– ¿CÓMO FUERON RECIBIDAS SUS OBSERVACIONES?

AMORTH: Muy mal, y no consiguieron nada. Nos habíamos inspirado en la constitución dogmática Lumen gentium, en la que la Iglesia es descrita como el “Pueblo de Dios”. En el número 28, se habla de la colaboración de los sacerdotes con los obispos, y en el número 37, se dice, con claridad, incluso refiriéndose a los laicos, que “debido al conocimiento, competencia y preeminencia que poseen, tienen la facultad, más aún, a veces el deber, de exponer su opinión acerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia”. Esto es exactamente lo que hicimos. Pero fuimos demasiado ingenuos, al pensar que las disposiciones del Vaticano II habían llegado a las Congregaciones Romanas. En cambio, chocamos con un muro de rechazo y de escarnio. El Secretario de la Congregación para el Culto Divino presentó un informe, a la Comisión de Cardenales, en la que decía que aquellos que lo habían contactado, eran obispos, y no los sacerdotes y exorcistas. Y respecto a nuestro humilde intento de ofrecer ayuda como expertos, añadía, textualmente: “También se debe de notar el hecho de que un grupo de exorcistas y demonólogos, los cuales, posteriormente, crearon una Asociación internacional, estaban orquestando una campaña contra el rito”. Una acusación indecente: ¡nosotros nunca hemos orquestado una campaña! El Ritual iba dirigido a nosotros, y, sin embargo, las comisiones no habían convocado a ninguna persona competente. Por esto, era más que lógico que tratáramos de dar nuestra opinión.

– ENTONCES, ¿QUIERE ESO DECIR QUE EL NUEVO RITUAL ES INUTILIZABLE EN SU LUCHA CONTRA EL DEMONIO?

AMORTH: Sí. Querían darnos un arma sin filo. Se han eliminado las oraciones eficaces, oraciones que tenían doce siglos de existencia fueron substituidas por nuevas oraciones ineficaces. Pero, por suerte, en el último momento, nos dieron un salvavidas.

– ¿CUÁL?

AMORTH: El nuevo Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el Cardenal Jorge Medina, añadió una Notificación, al Ritual, en la que se especifica que los exorcistas no están obligados a usar este Ritual, y que, si así lo desean, pueden pedir la autorización de sus obispos, para seguir usando el antiguo Ritual. Los obispos, a su vea, deben pedir autorización a la Congregación, la cual, como escribe el Cardenal, “la concede gustosamente”.

– ¿LA CONCEDE GUSTOSAMENTE?. ESA ES UNA CONCESIÓN MUY RARA.

AMORTH: ¿Quiere saber de donde proviene?. De un intento del Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y del propio Cardenal Medina, para introducir, en el Ritual, un artículo -entonces era el artículo 38- por el que se autorizaba a los exorcistas a usar el Ritual anterior. Indudablemente, era una maniobra extrema para defendernos de los grandes errores contenidos en el Ritual definitivo.
Pero el intento de los dos cardenales no tuvieron éxito. El Cardenal Medina, que había comprendido lo que estaba en riesgo, decidió darnos esta tabla de salvación, añadiendo una Notificación por separado.

– ¿CÓMO SON VISTOS USTEDES, LOS EXORCISTAS, DENTRO DE LA IGLESIA?

AMORTH: Somos muy mal tratados. Nuestros hermanos sacerdotes, a cargo de esta delicadísima tarea, son vistos como locos, como fanáticos. Por lo general, ni siquiera son tolerados por los mismos obispos que los nombraron.

– ¿CUÁL HA SIDO EL HECHO MÁS LLAMATIVO DE ESTA HOSTILIDAD?

AMORTH: Celebramos un convenio internacional de exorcistas, cerca de Roma, y pedimos que el Papa nos recibiera. Para no presionarlo, y evitar añadir otra audiencia a las muchas que ya tiene, simplemente, pedimos que se nos recibiera en audiencia pública, la del miércoles en la Plaza de San Pedro. Ni siquiera pedimos que nos nombrara en sus saludos personales. Hicimos la petición, en la manera en que lo ordenan los cánones, como recordará, perfectamente, Monseñor Paolo De Nicolo, de la Prefectura de la Casa Pontificia, quien recibió de buena gana nuestra petición. Sin embargo, el día antes de la audiencia, el propio Monseñor Nicolo nos dijo -con pena, esa es la verdad, por lo que estaba claro que la decisión no la había tomado él- que no asistiéramos a la audiencia, y que no habíamos sido admitidos. ¡Increíble: 150 exorcistas procedentes de los cinco continentes, sacerdotes nombrados por sus obispos de conformidad con las normas del derecho canónico, que exigen sacerdotes de oración, de ciencia y de buena reputación -es decir, de alguna forma, la flor y nata del clero, sacerdotes que piden participar en una audiencia pública del Papa y se les echa a patadas!. Monseñor Nicolo me dijo: “Le prometo que, inmediatamente, le enviaré una carta explicando la situación”. Han pasado cinco años y, todavía, estoy esperando esa carta. Desde luego, no fue Juan Pablo II quien nos excluyó. Pero el hecho de que a 150 sacerdotes se les prohíba participar en una audiencia pública del Papa en la Plaza de San Pedro, explica la clase de obstáculos a los que se enfrentan los exorcistas, aún dentro de su propia Iglesia, y hasta que punto, son mal vistos por un gran número de autoridades eclesiásticas.

– USTED COMBATE, DIARIAMENTE, CON EL DEMONIO. ¿CUÁL ES EL MAYOR ÉXITO DE SATANÁS?

AMORTH: Que consigue hacer creer que no existe. Y casi lo ha conseguido. Incluso dentro de la Iglesia. Tenemos un clero y un episcopado que han dejado de creer en el demonio, en los exorcismos, en los males extraordinarios que puede causar el diablo, y ni siquiera en el poder, que nos ha dado Jesús, de expulsar a los demonios. Desde hace tres siglos, la Iglesia Latina -al contrario de la Ortodoxa y de varias denominaciones Protestantes- ha abandonado casi, completamente, el ministerio del exorcismo. Al no practicar los exorcismos, al no estudiarlos y no haberlos visto nunca, el clero ya no cree en ellos.
Pero, ni siquiera, cree en el diablo. Tenemos episcopados enteros que se muestran hostiles a los exorcismos. Hay países en los que no existe ni siquiera un solo exorcista, como Alemania, Suiza, España y Portugal. Una carencia aterradora.

– NO MENCIONÓ A FRANCIA. ¿ALLÍ LA SITUACIÓN ES DIFERENTE?

AMORTH: Hay un libro escrito por el más conocido exorcista francés, Isidoro Froc, titulado Los Exorcistas, quiénes son y qué hacen. Este libro, traducido, al italiano, a petición de la Conferencia Episcopal francesa. En ninguna parte del libro se dice que los exorcistas, en algunos casos, hacen exorcismos. El autor ha declarado, repetidamente,
a la televisión francesa que nunca ha hecho exorcismos y que nunca los hará. De un centenar de exorcistas franceses, sólo cinco creen en el demonio y hacen exorcismos. El resto mandan al psiquiatra a la gente que se dirige a ellos. Y los obispos son las primeras víctimas de esta situación de la Iglesia Católica, en la que la creencia en la existencia del demonio está en proceso de desaparecer.

Antes de que saliera este nuevo Ritual, el Episcopado alemán escribió una carta, al Cardenal Ratzinger, en la que afirmaba que no era necesario hacer un nuevo Ritual, porque los exorcismos ya no deben de ser practicados.

– ¿SON LOS OBISPOS QUIENES TIENEN QUE NOMBRAR A LOS EXORCISTAS?

AMORTH: Sí. Cuando un sacerdote es nombrado obispo, se encuentra con un artículo del Código de Derecho Canónico, que le autoriza, completamente, a nombrar exorcistas. Lo mínimo que se le puede pedir a un obispo es que haya asistido, por lo menos, a un exorcismo, dado que debe tomar una decisión tan importante. Por desgracia, esto no ocurre casi nunca. Pero si a un obispo recibe una petición seria de exorcismo -es decir, no hecha por alguien enajenado- y no actúa en consecuencia, comete pecado mortal. Será responsable de todos los terribles sufrimientos de esa persona, que a veces duran años o toda una vida, cuando podría haberlos evitado.

– ¿ESTÁ DICIENDO QUE LA MAYOR PARTE DE LOS OBISPOS DE LA IGLESIA CATÓLICA ESTÁN EN PECADO MORTAL?

AMORTH: Cuando era niño, mi viejo párroco me enseñaba que hay ocho sacramentos: el octavo es la ignorancia. El octavo sacramento salva a más gente que los otro siete juntos. Para cometer pecado mortal, debe haber una causa seria, pero también, es necesario el pleno conocimiento y el consentimiento deliberado. Esta omisión de ayuda por parte de muchos obispos es una causa seria. Pero estos obispos son ignorantes: no hay, pues, pleno conocimiento, ni consentimiento deliberado.

– ¿PERO SI UNO NO CREE EN LA EXISTENCIA DE SATANÁS, LA FE SIGUE
INTACTA, ES DECIR, SIGUE SIENDO FE CATÓLICA?

AMORTH: No. Le voy a contar una historia. Cuando conocí al Padre Pellegrino Ernetti, un célebre exorcista, que ejerció durante cuarenta años en Venecia, le dije: “Si pudiera hablar con el Papa, le diría que encuentro demasiados obispos que no creen en el demonio”. La tarde siguiente, el Padre Ernetti vino a decirme que aquella mañana le había recibido Juan Pablo II. “Su Santidad”, le había dicho, “hay, aquí en Roma, un exorcista, el Padre Amorth, que si pudiera hablar con usted le diría que encuentra demasiados obispos que no creen en el demonio”. El Papa le respondió brevemente: “Aquel que no cree en el demonio, no cree en el Evangelio”. Esta es la respuesta que dio él y que yo repito.

– EXPLÍQUEME, POR FAVOR. ¿ESTO SIGNIFICA QUE HAY MUCHOS OBISPOS Y SACERDOTES QUE YA NO SON CATÓLICOS?

AMORTH: Digamos que no creen en una verdad evangélica. Así que, probablemente, los acusaría de estar propagando una herejía. Pero seamos claros: alguien es formalmente hereje, si se le acusa de cometer un error, y persiste en él. Pero, debido a la situación que existe en la Iglesia, hoy en día, nadie, jamás, acusaría a ningún obispo de no creer en el diablo, ni en las posesiones demoníacas, ni de no nombrar exorcistas porque no cree en estas cosas. Podría mencionar un gran número de obispos y cardenales, que en cuanto fueron nombrados para una diócesis, lo primero que hicieron fue quitarles a todos los exorcistas la facultad de ejercer. O bien, obispos que afirman, abiertamente: “Yo no creo en eso. Son cosas del pasado”. ¿Por qué pasa esto?. Porque, por desgracia, ha habido una perniciosa influencia de ciertos estudiosos de la Biblia, y podría darle los nombres de mucha gente muy conocida. Nosotros que, diariamente, estamos en contacto con el mundo del más allá, sabemos que esta influencia ha afectado muchas reformas litúrgicas.

– ¿POR EJEMPLO?

AMORTH: El Concilio Vaticano II habla pedido que se revisaran algunos textos. Esta orden fue desobedecida, ya que había un deseo de rehacerlos completamente, sin pensar que se podían empeorar las cosas, en vez de mejorarlas. Muchos ritos se han empeorado por esa manía de querer deshacerse de todo lo pasado, para rehacerlo de nuevo, como si la
Iglesia, hasta el día de hoy, lo único que hubiera hecho es engañarnos y mentirnos, y como si sólo hasta ahora, tuviera grandes genios, super teólogos, super estudiosos de la Biblia, super liturgos, que saben darle a la Iglesia lo que es bueno. Esto es una mentira: el último Concilio, simplemente, pidió que se revisaran los textos, no que se destruyeran.

El Ritual Exorcista, por ejemplo, debía de ser revisado, no escrito nuevamente. En él, había oraciones que se han usado durante doce siglos. Antes de eliminar oraciones tan antiguas, que han resultado muy eficaces, había que pensarlo con cuidado. ¡Pero no!. Todos los exorcistas hemos utilizado las oraciones del Ritual de prueba, y nos hemos dado cuenta de que son absolutamente ineficaces. Pero también el rito del bautismo de los niños ha sido arruinado. Fue renovado, de tal forma, que el exorcismo contra Satanás, ha sido casi eliminado. El bautismo siempre tuvo enorme importancia para la Iglesia, hasta el punto que se le llamaba exorcismo menor. Paulo VI protestó, públicamente, contra ese nuevo rito.

Encontramos esta misma degeneración del rito, en el nuevo bendicionario. He leído, minuciosamente, las 1200 páginas del mismo. ¡Pues bien, se han eliminado, sistemáticamente, todas y cada una de las referencias al hecho que el Señor nos protege contra Satanás, y que los ángeles nos protegen de los ataques del demonio. Todas las oraciones para la bendición de las casas y las escuelas han sido eliminadas. Todo debe ser bendecido y protegido, pero, hoy, ya no hay ninguna protección contra el demonio. Ya no existe ninguna defensa, ni oraciones contra él. El propio Jesús nos enseñó una oración de liberación en el Padre Nuestro: “Líbranos del Maligno. Líbranos de la persona de Satanás”. Esta oración fue traducida mal, y hoy la gente ora, diciendo: “Líbranos del Mal”. Se habla de un mal general, cuyo origen, en el fondo, no se conoce. Sin embargo, el mal contra el que nuestro Señor Jesucristo nos enseño a luchar, es una persona concreta: Satanás.

– DESDE SU POSICIÓN PRIVILEGIADA PARA OBSERVAR LAS COSAS: ¿TIENE LA IMPRESIÓN DE QUE EL SATANISMO SE ESTÁ DIFUNDIENDO?

AMORTH: Sí, enormemente. Cuando disminuye la fe, aumenta la superstición. En el lenguaje bíblico, puedo decir que la gente está abandonando a Dios, y entregándose al ocultismo. La terrible desaparición de la fe en toda la Europa Católica, hace que la gente se ponga en manos de hechiceros y adivinos, y así, las sectas satánicas prosperan. Se hace fuerte propaganda del culto al demonio, a las masas, mediante el rock satánico, y personajes como Marilyn Manson. Los niños también están siendo atacados: hay revistas e historietas que enseñan la hechicería y el satanismo.

Las sesiones de espiritismo, en las que se evocan a los muertos para conseguir respuestas, están muy difundidas. Ahora se enseña a efectuar sesiones de espiritismo a través de computadoras, teléfonos, televisores, y video grabadoras, pero sobre todo, con la escritura automática. Ya ni siquiera se necesita un medium: es un espiritismo que cada quien puede hacer por sí mismo. De acuerdo con las encuestas, el 37 por ciento de los estudiantes han hecho, por lo menos una vez, el juego de las letras y el vaso, una verdadera sesión de espiritismo. En una escuela a la que me invitaron a hablar, los chicos me dijeron que jugaban este juego durante la clase de religión, ante los ojos complacidos del maestro.

– ¿Y ESTO FUNCIONA?

AMORTH: No existe diferencia entre magia blanca y magia negra. Cuando la magia funciona, siempre es obra del demonio. Todas las formas de ocultismo, como esta huida hacia las religiones de Oriente, con sus sugestiones esotéricas, son puertas abiertas para el demonio. Y el diablo entra. Inmediatamente.

En el caso de la monja que fue asesinada, en Chiavenna, y el caso de Erika y Omar, los dos adolescentes de Novi Ligure, que mataron a la mamá y al hermano pequeño de Erika, no dudé, en afirmar, que la intervención diabólica formó parte de esto, porque esos chicos practicaban el satanismo. La policía descubrió, que en ambos casos, los chicos seguían a Satanás, y tenían libros satánicos.

– ¿QUÉ HACE EL DEMONIO PARA SEDUCIR AL HOMBRE?

AMORTH: Su estrategia es siempre la misma. Ya se lo he dicho, y él lo reconoce. Hace creer que el infierno no existe, que el pecado no existe, y que él es solamente una experiencia más que hay que vivir. Concupiscencia, éxito y poder, son las tres grandes pasiones en las que Satanás se fía.

– ¿CUÁNTOS CASOS DE POSESIÓN DEMONÍACA HA ENCONTRADO?

AMORTH: No más de cien. Ya dejé de contarlos.

– ¿CIEN? ES UN NÚMERO MUY ALTO. EN SU LIBRO, USTED DICE QUE LOS CASOS DE POSESIÓN SON RAROS.

AMORTH: Y lo son, realmente. Muchos exorcistas han encontrado sólo casos de males diabólicos. Pero yo heredé la “clientela” de un conocido exorcista, el Padre Cándido, y, por consiguiente, los casos que aún no había resuelto. Además, los otros exorcistas me mandan a mí los casos más resistentes.

– ¿CUÁL HA SIDO EL CASO MÁS DIFÍCIL QUE HA TENIDO QUE AFRONTAR?

AMORTH: Es el que estoy tratando ahora, desde hace dos años. Es la misma chica que fue bendecida -no fue un exorcismo verdadero- por el Papa, en octubre, en el Vaticano, y que tanto dio que hablar en los periódicos. Ella es golpeada las veinticuatro horas del día, y es víctima de tormentos inimaginables. Ni los médicos, ni los psiquiatras, consiguen entender lo qué pasa. Ella está completamente lúcida, y es muy inteligente. Es un caso realmente triste.

– ¿CÓMO ES QUE UNO SE CONVIERTE EN VÍCTIMA DEL DEMONIO?

AMORTH: Uno puede ser objeto de los ataques del demonio, en cuatro casos. Bien porque esto es una bendición para la persona (como en el caso de muchos santos), bien por la persistencia irreversible, en el pecado, bien por una maldición que alguien hace invocando el nombre del demonio, o bien, cuando uno se dedica a practicar el ocultismo.

– DURANTE EL EXORCISMO DE LOS POSEÍDOS, ¿QUÉ TIPO DE FENÓMENOS OCURREN?

AMORTH: Recuerdo un campesino analfabeto que, durante el exorcismo, me hablaba sólo en inglés, por lo que yo necesitaba un intérprete. Hay quien demuestra una fuerza sobrehumana, quien se eleva, totalmente, del suelo, siendo imposible, aún para varias personas, mantenerlo sentado en la silla. Pero hablamos de presencia demoníaca, sólo por el contexto en que se desarrollan estos fenómenos.

– ¿ALGUNA VEZ LO HA LASTIMADO EL DEMONIO?

AMORTH: Cuando el Cardenal Poletti me pidió que me dedicara al exorcismo, me encomendé a la Virgen: “Envuélveme en Tu Manto, y yo estaré seguro”. El demonio me ha amenazado, muchas veces, pero nunca me ha hecho daño.

– ¿NUNCA SIENTE MIEDO DEL DEMONIO?

AMORTH: ¿Yo miedo de ese animal? Es él quien tiene que tener miedo de mí: yo actúo en nombre del Señor del mundo, mientras que él, es sólo el simio de Dios.

– PADRE AMORTH, EL SATANISMO SE DIFUNDE CADA VEZ MÁS. EN REALIDAD, EL NUEVO RITUAL HACE DIFÍCIL LA PRÁCTICA DE LOS EXORCISMOS. A LOS EXORCISTAS SE LES IMPIDE QUE PARTICIPEN EN UNA AUDIENCIA CON EL PAPA EN LA PLAZA DE SAN PEDRO. DÍGAME, SINCERAMENTE: ¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ PASANDO?

AMORTH: El humo de Satanás ha entrado a todas partes. ¡A todas partes! Quizá fuimos excluidos de la audiencia del Papa, porque tenían miedo de que tantos exorcistas consiguieran expulsar a las legiones de demonios que se han instalado en el Vaticano.

– ESTÁ BROMEANDO, ¿VERDAD?

AMORTH: Le podrá parecer una broma, pero yo creo que es verdad. No tengo ninguna duda de que el demonio tienta, sobre todo, a las autoridades de la Iglesia, así como a cualquier otra autoridad, en la política y la industria.

– ¿ESTÁ DICIENDO, ENTONCES, QUE EN ÉSTA, COMO EN TODAS LAS GUERRAS, SATANÁS QUIERE CONQUISTAR LOS ALTOS MANDOS, PARA TOMAR PRISIONEROS A LOS GENERALES DEL ADVERSARIO?

AMORTH: Es una estrategia victoriosa. Siempre se intenta ponerla en práctica. Sobre todo cuando las defensas del adversario son débiles. Satanás también lo intenta. Pero, gracias al Cielo, es el Espíritu Santo Quien dirige a la Iglesia: “Las puertas del infierno no prevalecerán”. A pesar de las defecciones, y a pesar de las traiciones, que no deben causar asombro. El primer traidor fue uno de los apóstoles más cercanos a Jesús: Judas Iscariote.

Pero, a pesar de esto, la Iglesia sigue su camino. El Espíritu Santo la mantiene, y por lo tanto, los ataques de Satanás sólo pueden ser parcialmente exitosos. Naturalmente, el demonio puede ganar batallas, incluso batallas importantes. Pero nunca ganará la guerra.




 

 
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